
“Cantar no significa tener los mejores instrumentos, músicos o microfonía. Todos cantamos bien, el que cante poniendo una auténtica emoción verdadera y su propia voz, siempre emocionara lo que hace”, manifiesta Amancio Prada, antes de irrumpir en canto con los versos de San Juan de la Cruz.
Recientemente, el compositor y cantautor español (León, España, 1949) se inspiró en “Cántico espiritual” (1622) para crear las melodías que se publican en “Cántico Espiritual y otras canciones de San Juan de la Cruz” (Vaso Roto Ediciones, 2026).
El libro reúne algunos de los textos más representativos de San Juan de la Cruz, como Noche oscura, Llama de amor viva, Vivo sin vivir en mí y el mismo Cántico espiritual. Asimismo, se incluye un ensayo introductorio de la poeta y ensayista Gemma Gorga, quien explora estos versos.
En rueda de prensa digital, el cantautor español reflexiona en torno a esta obra y responde algunas preguntas sobre su propia relación con el canto y el misticismo.
EL CANTO EN EL MUNDO
“Cuando me puse a hacer canciones estaba estudiando otra cosa. He estudiado música toda mi vida, pero estaba en la Sorbona, después de haber hecho dirección de empresas agrarias, estudiando sociología rural, cuando hice mis primeras canciones”, comparte Amancio Prada sobre sus pininos en la música.
De hecho, al comienzo no fue con el afán de dedicarse a la canción, “lo hacía por pura necesidad y espontaneidad”.
Sin embargo, poco a poco comenzaron a llegar los estímulos, invitaciones para cantar, espacios donde compartir su trabajo, personas que encontraban algo valioso en aquellas composiciones.
Así fue tomando forma una vocación que ya estaba presente desde la infancia, cuando cantar ya era “un aliento incansante”, asegura.
Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por el diálogo con la poesía de autores como Rosalía de Castro, Federico García Lorca, Agustín García Calvo, a los que se suma la figura del místico carmelita, Juan de la Cruz.
-Parece haber una relación entre estos autores, ¿considera que la dimensión mística-espiritual permea su trabajo musical en general?
“Sí, aún siendo variados puede que esa sea una de las condiciones comunes a muchos de ellos. Y a veces, curiosamente, tengo la impresión de que cuando canto dejo de ser yo, dejo de ser lo que dice mi pasaporte o el carnet de identidad para ser una pura energía que se manifiesta cantando. A eso yo le llamo perder la cabeza”, responde.
Y agrega que cuando el artista sale a un escenario es bueno que pierda la cabeza.
“Entendiendo por perder la cabeza, olvidar todo lo que has aprendido, lo que sabes sin saber que lo sabes. Dejas que de ti surja lo que ni tú sabes que va a salir”, continúa.
“Yendo a lo místico, en esa pérdida de identidad, en esa fusión de sentirte que eres un instrumento que suena en medio de la naturaleza, del paisaje natural, del paisaje humano, pero que tanto en el aire que te envuelve, como en las miradas y el oído -oídos que te envuelven - se produce una resonancia y eso es como una corte, una armonía que pone algo de alegría en la conversación del mundo”, comparte.
VIGENCIA MÍSTICA
Por otra parte, al ahondar sobre la vigencia del “Cántico espiritual” y la dimensión mística en el arte contemporáneo, Prada se aleja de las lecturas estrictamente religiosas para reivindicar la experiencia poética.
Habla como quien encuentra las palabras en el aire y vuelve reiteradamente sobre una misma intuición: la creación nace del silencio y encuentra sentido en la sensibilidad de quien escucha.
“San Juan desde luego es un místico”, afirma. Sin embargo, antes de abordar la dimensión religiosa del poeta, prefiere detenerse en una imagen que considera fundamental: la del “pájaro solitario”.
Recuerda entonces las cinco condiciones que San Juan atribuye a esa ave simbólica: “La primera, que vuela a lo más alto; la segunda, que no tiene determinado color; la tercera, que lleva el pico al aire; la cuarta, que canta suavemente; y la quinta, que no admite compañía, ni aun de su misma naturaleza”.
Para Prada, esas características remiten a una disposición interior fundamental para la creación artística. “Buscar la soledad es una forma de partir del silencio, que es donde anida la música”, explica.
Opina que si entendemos el misticismo únicamente como un fenómeno vinculado a una confesión religiosa determinada, corremos el riesgo de reducirlo.
En ese sentido enumera personajes que parecerían distantes de la tradición cristiana española -Rabindranath Tagore, Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro- en quienes identifica una forma de espiritualidad que no necesariamente se dirige hacia un dios concreto, sino hacia la naturaleza misma.
“Habría que hablar de un misticismo panteísta”, señala. “Yo estoy más bien en esa corriente”.
Desde esa perspectiva, el compositor apunta que “Cántico espiritual” puede leerse como algo más que una alegoría religiosa. Se trata, ante todo, de un poema amoroso.
“Es un poema de amor dinámico, erótico, porque hay búsqueda, hay encuentro y hay consumación amorosa con el ser divino”, ilustra.