La exposición resalta obras icónicas de Tamayo, Kahlo o Siqueiros, también historias de exclusión, como el boicot que truncó el mural de María Izquierdo, señalan curadores —

Para proponer una nueva lectura sobre la construcción de los discursos en torno al arte mexicano y nuestra identidad nacional, el Museo de Arte Moderno (MAM) presentó “La Colección. Redes y trayectorias del arte mexicano, 1910-1950”.
A través de seis intersecciones curatoriales, la exposición revisa las relaciones entre arte, política, historia, e instituciones culturales del México postrevolucionario de 4 décadas.
De esta forma, la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), muestran cómo entre 1910 y 1950 surgieron grandes firmas de la escuela mexicana de pintura como Diego Rivera, José Clemente Orozco o David Alfaro Siqueiros.
La obra revela también cómo fueron consolidadas redes de apoyo, mecenazgos y compadrazgos institucionales y favoritismos políticos, con una rica participación de la mujer y artistas con vastas trayectorias visuales que fueron dejadas en la periferia, como María Izquierdo, Concha Michel, Frances "Paca" Toor, Anita Brenner, Manuel Rodríguez Lozano y Artistas surrealistas disidentes.
La exposición reúne 106 obras del acervo del MAM, a través de seis núcleos temáticos que incluyen el exilio español, la Familia, la reinterpretación del pasado prehispánico y la evolución de los roles sociales, de género y el cuerpo.
Las Historias que No Sucedieron
Raúl Rueda y Víctor Palacios, curadores de la mustra explicaron que la exposición resalta las obras icónicas de Kahlo, Rivera, Orozco, Siqueiros y otras menos conocidas de Rufino Tamayo, para subrayar tanto los proyectos monumentales exitosos como las historias de exclusión, como el caso de María Izquierdo.
Dentro de esta narrativa del arte moderno mexicano, resaltaron de manera primordial el nombre de María Izquierdo como una de las artistas cuya trayectoria en la esfera pública fue truncada deliberadamente.
Raúl Rueda reveló que aunque ya contaba con los andamios montados para iniciar un mural en el Palacio de Gobierno, la comisión le fue retirada debido a las presiones de los muralistas, lo que impidió que su obra formara parte de los grandes muros nacionales junto a figuras como Diego Rivera.
Explicó que mientras que el proyecto de María Izquierdo fue saboteado por estos movimientos internos del gremio, el de Diego Rivera para el Palacio Nacional se llevó a cabo sin obstáculos porque él contaba con el total apoyo de la élite política de la época.
El MAM conserva el boceto original de este mural cancelado como un testimonio de las “historias que no sucedieron” y evidenciar cómo el poder y las alianzas políticas de los líderes del muralismo, referidos en el contexto general de la época como los grandes maestros, truncaron voces femeninas en los espacios públicos.
Otros nombres de artistas y gestoras que fueron “desdibujados por la historia oficial del arte, pese a su relevancia en la organización obrera y la distribución de ideas” pueden ser apreciados en las salas de MAM dispuestas para esta obra.
En el recorrido ofrecido a medios seleccionados, los curadores examinaron la transición del México rural a la modernidad urbana, con el uso de los discursos políticos, sociales y esotéricos que están presentes en las piezas mostradas.
La exposición utiliza bocetos, fotografías y documentos para ofrecer una visión integral de las tensiones políticas y culturales, y las diversas formas de conocimiento que definieron la visualidad mexicana.
Los Migrantes y su Dolor

El recorrido inicia con la problematización de la migración y el exilio español, a través de la obra surrealista de un vagabundo que viaja con sus pertenencias.
El experto Raúl Rueda explicó que esta pintura retrata la vida suspendida de quienes llegaron y sobrevivían con sus maletas en la puerta de la casa, cargando sus memorias en un vehículo imaginario mientras esperaban un regreso a casa que nunca sucedió.
Esta pieza permite reflexionar sobre qué cargan los exiliados en sus valijas y cómo la apertura del expresidente General Lázaro Cárdenas permitió que muchos españoles se quedaran definitivamente en México.
Otra obra, "Éxodo“, de Carlos Bracho refuerza este tránsito forzado, donde las condiciones políticas obligaron a familias enteras a moverse contra su voluntad en busca de refugio, añadió.
La escultura en bronce muestra a una madre que se desplaza cargando con sus hijos, una escena que transmite dolor y angustia y sobresale en las diversas secciones que conforman la exhibición.
Dijo que estos movimientos constantes son analizados no solo como viajes físicos, sino como desplazamientos del espíritu humano ante las crisis gubernamentales y las presiones sociales de la época.
“La Colección. Redes y trayectorias del arte mexicano, 1910-1950” profundiza en cómo la arqueología y el pasado prehispánico sirvieron para reconfigurar una visualidad presente, que dotó al Estado mexicano de una robusta identidad cultural y política.
Los curadores explicaron que los artistas postrevolucionarios recurrieron a las imágenes del México antiguo para excavar en el tiempo y traer múltiples temporalidades al discurso nacionalista del siglo XX, para formar un concepto de ídolo político.
José Clemente Orozco se hace presente con la serie "Los Teules“, donde reinterpreta la crónica de Bernal Díaz del Castillo a través de una técnica en piroxilina y tinta, detalló el curador.
Añadió que en "Culto a Huachilobos, el maestro plasmó una visión descarnada de la conquista, mostrando cabezas que aluden tanto a los españoles como a los pueblos prehispánicos en un rito violento.”
Esta pieza es fundamental para comprender cómo Orozco utilizó la historia de la Nueva España para cuestionar el origen del mestizaje y las fracturas que definieron a la sociedad mexicana.
Ironía, Género y Códigos ocultos de Modernidad

El núcleo dedicado al cuerpo y el género presenta "Las futbolistas“, de Ángel Zárraga, una obra icónica de 1922 que cobra especial relevancia ante el contexto del Mundial de Fútbol y el nuevo auge internacional por el balompié femenino.
A su lado uno se encuentra el magnífico autorretrato múltiple de Juan O’Gorman, que en 1950 reveló así su genialidad como arquitecto que despliega una especie de currículum vitae en una tabla llena de detalles minuciosos, mensajitos ocultos, y autorreferencias.
“Desde su profesión como pintor hasta sus hobbies, O’Gorman se muestra en trece edades distintas, expresando una creciente desconfianza hacia el proyecto de modernidad que él mismo ayudó a fundar”, señaló Raúl Rueda.
La obra de O’Gorman incluye recados textuales llenos de humor que motivan al público que está frente al cuadro a acercarse para descubrir los pequeños mensajes secretos ocultos entre la técnica precisa del temple y el óleo.
Se pueden leer frases como la de un canario que dice "a mí me parece que no se parece" o una rana que pide ser retratada; incluso un pequeño mosquito afirma “ser de la academia para chupar sangre”, mientras un diablito se identifica como “crítico de arte”,que añade sátira a la pieza.
Esta genialidad del autor demuestra su ironía, con expresiones mueven a risa al espectador y lo sumergen más en la obra, como ocurrió con los periodistas asistentes al recorrido.
La Obra desconocida de Tamayo

Rufino Tamayo se hace presente en la exposición y sorprende con una obra de formato pequeño titulada "Anuncio de corsetería“, la cual analiza la mirada masculina sobre los estereotipos del cuerpo femenino.
La pintura muestra una vitrina donde manos masculinas señalan un cuerpo de mujer, e invita a reflexionar sobre el canon de belleza y el deseo, promovido en la modernidad; tal como ahora son fomentados otros diferentes.
Acompañan esta sección, fotografías anónimas de María Félix en su boda con Jorge Negrete, donde el lente captura inéditamente a los fotógrafos asistentes al evento en su batalla por retratar a la diva, cuestionando quién observa a quién.
En contraste, la obra presenta un desnudo masculino de Manuel Rodríguez Lozano que ofrece una visión nostálgica y solitaria contraria al estereotipo del hombre fuerte y poderoso de la era revolucionaria.
Rodríguez Lozano pinta a un hombre de espaldas, en sobrepeso, y con la mirada baja, alejándose de las representaciones de progreso, musculatura y fuerza que solían dominar el imaginario plástico de aquel entonces; el artista opta por explorar la tristeza y el ensimismamiento del cuerpo del hombre.
Más adelante aparece José Clemente Orozco con una obra que ridiculiza el poder político de gobierno en "El tirano“; representándolo desnudo y con ligas para calcetas, con cadenas en una mano y una trompeta de mando en la otra; el pueblo está de cabeza a sus pies.
Las Dos Fridas de Kahlo
Enseguida, uno avanza y llega al llamado “corazón de la colección”, implementado como una especie de santuario consagrado a "Las dos Fridas“, con una imagen ambiental que favorece apreciar sus complejas cualidades estéticas y conceptuales.
El cuadro representa la dualidad filosófica de Frida Kahlo, dividida entre su herencia europea y su raíz mexicana, unidas por venas que exponen corazones latientes en un gesto de absoluta desnudez.
Esta pieza forma parte del acervo del MAM desde los años sesenta, es el punto de intersección de todos los núcleos temáticos de la exposición, desde el género hasta la arqueología.
El curador explicó que Kahlo se inspiró en el dios sholot, gemelo de Quetzalcóatl rector de la dualidad entre la vida y la muerte; “Frida logra una síntesis de la historia nacional y el mestizaje”.
Añadió que “la obra problematiza la identidad mexicana del siglo XX, mostrando las diferentes capas de una mujer que desnuda su historia personal para convertirla en un símbolo de la nación”.
Imagen de México en el Exterior

El experto Raúl Rueda explicó que el proyecto de nación posterior a la Revolución Mexicana también miró hacia el Istmo de Tehuantepec, una región estratégica donde la economía y la cultura se fusionaron tras la construcción del canal de Panamá.
“Tehuantepec fue proyectado como la identidad primigenia del mexicano, un sitio donde la vestimenta de las tehuanas se convirtió en un estandarte de orgullo promovido por el propio gobierno; artistas como Diego Rivera, Miguel Covarrubias y Lola Cueto viajaron al Istmo para documentar esta riqueza, intentando que el mundo volviera la mirada hacia esta ruta comercial y cultural”, manifestó.
La riqueza natural de México, plasmada en el nacimiento del volcán Paricutín en Michoacán, es otro eje que define la identidad geográfica de un país cubierto por el fuego.
El Dr. Atl y Armando Salas Portugal capturaron la fuerza telúrica de este evento geológico de los años cuarenta, y realizaron estudios artísticos y científicos sobre la soberanía del paisaje.
La disponible riqueza natural de aquel entonces fue fundamental para el surgimiento de la industria turística, y “vendió al exterior una imagen de México llena de volcanes, valles generosos y una geografía indomable”.
La Familia Postrevolucionaria

La maternidad y la Familia están presentes igualmente en la exposición; son exploradas en todas sus facetas, desde la técnica experimental en yute de David Alfaro Siqueiros hasta la visión religiosa que propuso María Izquierdo.
Siqueiros trajo materiales industriales al arte para retratar a madres con reboso, mientras Izquierdoextrapoló lo sagrado a la realidad cotidiana de la mujer morena con un niño.
Estas imágenes ayudaron a consolidar una imagen tradicional de la familia mexicana, pilar de la identidad nacional que el Estado impulsó y difundió en todo el territorio nacional.
La transición de lo rural a la "Ciudad Máquina" es narrada con obras que advierten sobre los peligros de la modernización, como el incendio siniestro pintado por Gabriel Fernández Ledesma.
La construcción de la modernidad trajo consigo electricidad y progreso, pero también catástrofes y un desgaste humano profundo que los artistas no dudaron en denunciar con sus pinceles.
En este contexto urbano, la fotografía de Héctor García captura la agitación de las huelgas ferrocarrileras, y recuerda que la ciudad es también un espacio vigente de manifestación política y lucha pública.
La exposición reivindica el papel de mujeres como Concha Michel, quien a través de corridos revolucionarios adaptados a la realidad femenina, organizó sindicatos y movimientos obreros en las calles.
Michel y otras figuras como Anita Brenner y Paca Thor, fueron gestoras fundamentales y desdibujadas en la historia oficial enseñada en las aulas y la historia; la muestra del MAM las honra y recuperan su lugar en la lucha sindical.
“Sus publicaciones y activismo demuestran que las mujeres no solo estaban en el hogar, sino que eran protagonistas activas de la organización política y la distribución de ideas radicales”, explicó el experto.
El Proyecto Educativo del Muralismo

Finalmente, el núcleo de "Signo y Lenguaje" desentraña los lenguajes ocultos y códigos esotéricos que subyacen en los grandes murales de Diego Rivera y José Clemente Orozco.
Aquí es comprobado que “el muralismo fue un proyecto educativo y una comunicación en clave masónica destinada a una élite que buscaba un nuevo hombre tras ritos de iniciación espiritual”.
Desde el "Prometeo" que evoca el fuego purificador hasta el "El diablo en la iglesia" (1947) de Siqueiros, la muestra revela un mundo de símbolos que rompieron las estructuras del orden impuesto en esa época.
El tarot y la alquimia de Remedios Varo y Wolfgang Paalen cierran el recorrido, con formas de conocimiento que desafiaron la razón científica para explorar el misticismo y los sueños.
La exposición concluye con una línea del tiempo que demuestra cómo estos eventos, desde lo geológico hasta lo oculto, ocurrieron de forma simultánea en 40 años de revolución visual.
“La Colección. Redes y trayectorias del arte mexicano, 1910-1950” es un viaje por la memoria de un país que revolucionó su cultura visual; invita al público a reconocerse en las múltiples capas de su compleja historia artística y permite entender qué dio un fruto malo a la sociedad y abre nuevas perspectivas hacia lo que nos falta como Nación.
Relectura del Siglo XX; Museo de Arte Moderno abre Memoria Visual de México Postrevolucionario