Cultura

Emociones en torno al nuevo álbum de la banda neoyorkina

Sentimentalismo hechizo: Reality Awaits de The Strokes

Portada del álbum (Gorgonópsido)

El estacionamiento está lluvioso. Tu papá se detuvo lejos. Al fondo, la luz eléctrica de un video club. Llegas allí corriendo y sin pisar los charcos. La tarde dejó que la atmósfera se hiciera azul, después morada. Empujas la puerta de aluminio poniendo más fuerza de la que anticipaste. El empeño capta la atención de los dos hombres recargados en el mostrador. Detienen sus diálogos para mirarte fijo y te quedas en pausa. Uno echa una sonrisa volviendo a lo suyo y esa señal te permiten avanzar hasta la torre de los videojuegos. Ahí está el cartucho. El bosque lluvioso, el castillo del vampiro al fondo. Un paisaje de 16 bits. Otra vez la nostalgia te conquista. La voz sensiblera de Julián Casablancas surge de las paredes del sueño, cargada de un sentimiento ambiguo. Agresivo y lambiscón, desesperado y resignado. Triste y alegre. Nada que no hayas oído antes.

Reality awaits. 2026. RCA Records. 9 tracks. Un típico álbum de encanto cómodo, cerrado sobre sí mismo. Ninguna canción me sorprende y ninguna me decepciona, pude oírlo bien de fondo, a diferencia de lo que me pasa con los demás discos de la banda.

Arte interior | Gorgonópsido (Gorgonópsido)

A1. Psycho Shit es una introducción efectiva, evocadora y contundente. Redundante en sus fórmulas, lo suficientemente llamativas para no aburrir y tan suaves que no llaman la atención demasiado. Unos arpegios muy metálicos y esa típica distorsión de voz, que baja y sube, en una melodía, que solo el hombre que la canta sabe de dónde surge y hacia dónde va, se corta en los momentos más intensos, como un coitus interruptus. Tal vez de ahí se nutre la insatisfacción contenida, que es el caris principal de esta primer track.

A2. Dine N´Dash es la continuación adecuada o, mejor dicho, el inicio bien medido para el álbum, el espacio que se abre detrás de la cortina. Ese primer golpe de vista donde todo es color y formas que tardan en acomodarse en el cerebro. Batería corta y resuelta. La típica guitarra del grupo. En la voz, frases cortas, espaciadas para que la música respire. Y de pronto la voz en off, segura de interrumpir a tiempo. Así un par de vueltas hasta que algo se rompe, el carrusel sigue girando, y la luz, la luz azul y roja y morada bañado a los caballitos.

A3. Lonely in the Future es la canción optimista y también la más reducida. Si hasta entonces había estado nublado, ahora sale el sol. Entra a lo que va, abrir los matices, oxigenar la sala y luego se apaga para darle paso a lo que sigue.

A4 Falling out of Love, la balada del típico baile de graduación que vimos pasar en una cinta VHS. Cursi, con esa cursilería ensayada que separa grupos y acompaña las primeras veces. La vocecita Casablancas con su sello característicamente meloso se conduce muy bien todo lo que dura el track. No hay sorpresa, al final se besa a la chica, solo porque ella se deja llevar por el momento. Tal vez me falta ingenuidad para emocionarme más.

Tornamesa| The Strokes (Gorgonópsido)

Okey. Pausa para cambiar de lado y hablar de la portada. Americana, en el sentido más americano del término, ese que nos hace calificar de americano a lo que es estrictamente estadounidense. El hombre, el cowboy en el caballo blanco, los colores de la bandera sutilmente reflejados, las montañas pardas de algo que puede ser Montana. Me encanta, pero no consigo saber bien cómo, de qué forma, empata con lo que sigo oyendo.

B1. Going to Babble On. Tomo notas y pongo: el clásico tema de los Strokes. Agradable, de la forma en que una canción de ellos puede llegar ser agradable. Redonda, sin muchas ambiciones. A mí me sobra un poco, aunque reconozco que está bien para el comercial de un carro ecológico o para alguien que quiera una nueva versión de “You Only Live Once”.

B2. Going Shopping es justamente eso, el tema para ir de compras. Ahí vas, con las bolsitas en la mano, feliz de gastar tu dinero, de nuevo, sin muchas más pretensiones que pasar el rato en California, con las palmeras y el mar de fondo. El shortsito, los muchachos con patines o jugando voleibol… No llegas a ningún lado, pero recorres el camellón.

Contraportada (Gorgonópsido)

Estamos ya en otro modo, todo lo introspectivo de la primera mitad se echa de lado en estos dos temas, pero luego, esa alegría se apaga, se nubla y mirando hacia atrás, te arrepientes de no haber aprovechado mejor los días de sol en las vacaciones.

B3. Liar´s Remorse es mi canción favorita. Guitarra de distorsión melancólica y sonando en el vacío metálico la voz con mucho eco de Julian Casablancas. Muy bien la primera estrofa dicha y poco cantada. La guitarra siempre punteando va construyendo para llegar a un lugar emocionalmente indisponible. Los granitos del vinilo hacen que todo parezca más robado de la memoria de lo que en realidad fue aquella vez que te rompieron el corazón. Es otra balada, pero ahora, a tres canciones de que se acabe el disco, las cosas no salieron bien. Ni siquiera fuiste al baile, porque en tu escuela no hacían bailes y solo ves a la chica que te gusta pasear de la mano de otro por el parque. Antes de acabar el track le ponen algo de épica al dolor simplón de un adolescente atormentado.

B4. The Fruits of Conquest con unos riffs enérgicos y sofisticados y unas percusiones como de salón de baile en la Doctores es, tal vez, la canción más interesante. Los coros sacados de un casette de rock en tu idioma, unas progresiones draculescas, como de música de videojuego, unos mantras catados a veces y de pronto escupidos por el monstruo de abajo de tu cama hacen que, sin ser enteramente tristona, esta sea una canción que complica las emociones. Tantos remates que no cierran y demasiados sonidos familiares que no alcanzas a identificar, recargan la memoria hasta que llegamos al final final. Porque esta es la única canción que cierra enteramente. Quiero decir, que se termina y sabemos que acabó, porque B5. Tyrants of the Mellos Moon abre de nuevo y es precuela del primer track. Un truco poco ingenioso, pero efectivo y es más, diré que se acomoda a gusto con la sentimentalidad hechiza de todo el álbum. Eso en lo conceptual y, sobre la canción, creo no exagerar si sostengo que suena muy bien para mí que me gusta Radiohead y más los primeros discos, pues este es un tema que puede ir al inicio de The Blends.

Pero luego todo vuelve a acomodarse y la firma de The Strokes es pura. Porque todo lo vuelve a dominar la voz de Julian Casablancas que me hace saber que este es un disco sobre despedidas que sabemos que no serán para siempre y sueños recurrentes.

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