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Este desarrollo no ha sido producto de la casualidad. Resulta de una política de estado, donde el gobierno chino, la iniciativa privada y la población han tocado en la misma nota

La educación superior de México ¿Estará en chino?

SCM Un componente importante de estas reformas fue la creación de universidades de investigación.

Hasta hace algunos años era un lugar común el definir a los productos chinos como baratos y de baja calidad. Úsese y tírese era el mantra. El cambio en la industria china ha tomado al mundo por sorpresa. China no solo se ha convertido en la ¨fabrica del mundo¨; es hoy también un líder en áreas cruciales para el desarrollo: ciencia de materiales, energía solar, autos eléctricos, baterías de alto desempeño, y robótica, son algunas de las disciplinas hoy dominadas por China. Aunque todavía detrás del mundo occidental y, en particular de los Estados Unidos, China avanza a pasos agigantados en la construcción de microprocesadores de alta capacidad y en inteligencia artificial (IA).

Este desarrollo no ha sido producto de la casualidad. Resulta de una política de estado, donde el gobierno chino, la iniciativa privada y la población han tocado en la misma nota. la revolución educativa de China en los últimos cuarenta años descansa en un plan a largo plazo. En estas cuatro décadas, China ha transformado su sistema de educación superior, convirtiéndolo en un potente motor de desarrollo científico y tecnológico; estratégicamente enfocado en áreas prioritarias. La consigna de este nuevo sistema de educación superior es STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics). En español, la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas son los pilares que sustentan la educación china.

Hoy, un conjunto de universidades de élite se erige como el eje de la ambición china de convertirse en líder mundial en inteligencia artificial, semiconductores, ciencia cuántica, biotecnología y manufactura robotizada. La modernización de la educación superior china comenzó a finales de la década de los setenta bajo las reformas impulsadas por Deng Xiaoping, después de la fatídica Revolución Cultural de Mao. Uno de los pasos más trascendentales fue la restauración del examen nacional de ingreso a las universidades basado en el mérito. Decía Deng, “la ciencia y la tecnología son las fuerzas productivas primordiales”.

Un componente importante de estas reformas fue la creación de universidades de investigación. Miles de estudiantes fueron enviados al extranjero para recibir formación avanzada en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), creando una generación de académicos con conexiones globales. En la década de los noventa China lanzó iniciativas para elevar a universidades seleccionadas a un nivel de excelencia mundial. El gobierno chino decidió que lo más productivo era modernizar universidades ya existentes, concentrando en ellas recursos y capacidad humana. Sin ambages, China se propuso -y lo está logrando- replicar a las grandes universidades de investigación en los Estados Unidos, como MIT, Caltech y Stanford.

Los Proyectos 211 y 985 proveen de fondos a universidades clave, mejorando laboratorios, dotando de infraestructura, reclutando profesorado internacional y ampliando la formación de doctores. Instituciones como la Universidad de Tsinghua, la Universidad de Pekín, la Universidad Jiao Tong de Shanghái y la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, entre otras muchas más, son la columna vertebral del ecosistema STEM de élite del país.

Un poco más tarde, la iniciativa Doble Excelencia enfatizó esta estrategia, designando instituciones y disciplinas específicas como referentes de excelencia global. Este es el enfoque característico de la política educativa china basada en la planificación estratégica coordinada a largo plazo. Además de modernizar instituciones ya existentes, China fundó varias nuevas universidades centradas en la investigación. Un ejemplo muy novedoso es la Universidad Westlake en Hangzhou, establecida en 2018 como universidad de investigación privada. Westlake representa un modelo híbrido de educación superior que combina las normas de gobernanza internacionales con las prioridades científicas nacionales; las clases son en inglés y la meta es que la mitad de los estudiantes sean chinos y la mitad extranjeros.

Estas nuevas universidades tienen un menor número de estudiantes, una contratación de profesorado muy competitiva e infraestructura de laboratorios a la par de las principales universidades de investigación del mundo. Una característica fundamental de las nuevas universidades chinas de élite con respecto a las occidentales es que la gobernanza es centralizada y las agendas de investigación están alineadas prioridades nacionales, como los microprocesadores para la IA, la comunicación cuántica, las energías renovables y la biotecnología. El sistema destaca por su escala: China gradúa anualmente a un mayor número de ingenieros que cualquier otro país, y su producción de doctores en campos STEM ha crecido exponencialmente.

Al mismo tiempo, la creación de parques científicos universitarios y las alianzas con empresas tecnológicas fomentan las transferencias tecnológicas y su comercialización. Los principales conglomerados industriales de alta tecnología como Huawei, BYD o CATL, líder en el desarrollo de baterías, mantienen una fuerte conexión con las universidades para reclutar científicos e ingenieros. Por ejemplo, BYD, que se define no como una empresa fabricante de automóviles, sino como un conglomerado dedicado al desarrollo tecnológico, emplea a 110,000 ingenieros, la mayor fuerza laboral ingenieril en el mundo.

En el ámbito científico, China es líder en el número de publicaciones científicas en diversos campos de la ingeniería y las ciencias. La expansión de los centros de investigación en IA y los programas de semiconductores refleja la urgencia estratégica de lograr la autosuficiencia tecnológica. De lo que no hay duda es que las universidades chinas se han convertido en actores clave en la carrera por el liderazgo tecnológico del siglo XXI. Si bien este artículo se centra en el ejemplo chino, Corea del Sur se ha trazado las mismas metas. Los senderos hacia esa meta seguidos por ambos sistemas son diferentes; los resultados, sin embargo, son impresionantes y están teniendo un impacto global en el desarrollo tecnológico del mundo.

La necesidad de comparar este modelo de desarrollo educativo chino con la situación en México resulta evidente. China tiene una máquina gigantesca de producción de ingenieros en números absolutos. Sin embargo, ambos países gradúan anualmente aproximadamente al mismo número de ingenieros per cápita; aproximadamente 100 ingenieros por cada 100,000 habitantes. La gran diferencia, además del volumen, estriba en la recuperación de esta inversión educativa. China enfatiza la creación y mantenimiento de laboratorios de punta, la graduación de doctorados y su posterior absorción en centros de investigación. México no tiene políticas de largo aliento para integrarlos en ecosistemas científicos y tecnológicos de gran escala.

Evidentemente, la educación superior se fundamenta en los niveles de primaria, secundaria y bachillerato. Lamentablemente, México tiene una de las calificaciones más bajas en el conocimiento de las matemáticas, las ciencias y la comprensión de lectura entre los países que forman la OCDE. La eliminación de exámenes de admisión, la degradación de los criterios de evaluación de los alumnos a todos los niveles educativos, la supresión de organismos autónomos e independientes de evaluación educativa y la insistencia en una educación politizada y dogmática, no son el camino más aconsejable para que nuestro país se integre como competidor a la vertiginosa carrera del desarrollo científico y tecnológico que es hoy la base del progreso. Los ejemplos están ahí: ¿Tendremos la visión de seguirlos?

* Investigador Emérito del Instituto de Geofísica, Universidad Nacional Autónoma de México y Miembro Titular del Seminario de Cultura Mexicana.

Colaboración del Seminario de Cultura Mexicana.

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