
La historia de Marysole Wörner Baz (1936-2013) tiene dos caras. La oscura, en la que se inscriben personajes sombríos; y luego la de los paisajes luminosos, donde la naturaleza parece convertirse en una experiencia espiritual.}
A través de una curaduría dicotómica, en el Museo de Arte Moderno, Carlos Segovia propone un “lado A” y “lado B” de la trayectoria de esta artista en la muestra “Marysole Wörner Baz. Redenciones Marginales”, una deuda que el Museo de Arte Moderno (MAM) tenía con la artista y activista LGBTQ+.
El curador relata que después de una profunda crisis provocada por el alcohol, la pintora se quedó dormida sobre unas vías de ferrocarril. Estuvo a punto de morir atropellada, pero sobrevivió y a partir de entonces comenzó a trabajar con los mismos clavos de durmiente que sostenían aquellos rieles.“Son estas imágenes más oscuras de personajes sórdidos, olvidados o en situaciones precarias, que hablan mucho de su creación entre los 60 y 70, hasta que tiene una crisis personal muy fuerte y comienza a hacer esculturas con clavos de durmiente -que son los personajes delgados escultóricos, estos clavos grandes- y toda su obra se transforma hacia paisajes muy brillantes”, detalla.
Entre las 72 piezas de escultura, pintura, grabado y fondo documental que integran esta revisión de obra sobresalen 6 piezas inéditas, provenientes del archivo particular de Graciela Kartofel, donadas al MAM apenas este año.
“Son esta serie de obras de vista doble, unas acuarelas que Marysole le regaló con dedicatorias Graciela, y que afortunadamente nuestro equipo del archivo histórico del museo las puso a disposición para esta exposición, creo que son de los elementos más importantes y no conocidos”, detalla el curador.Agrega que también un cartel y fotografía exhibidas habían sido publicadas en libros, pero no se habían visto en salas de museo.
REDENCIÓN MARGINAL
La muestra recibe a los visitantes con dibujos realizados en los años setenta y exhibidos originalmente en el propio Museo de Arte Moderno en 1978, bajo la curaduría de Fernando Gamboa.
El curador resalta que no es casual, sino simbólico decidir instalar esas obras en la sala que lleva el nombre del “padre de la curaduría en México” y apunta que funciona como un diálogo entre dos momentos históricos del museo, como una forma de devolver a Marysole al lugar donde comenzó a ser reconocida.
Por otro lado, esta exposición también salda una deuda institucional, pues en los años noventa el MAM había prometido a Marysole una exposición individual, que nunca llegó a realizarse y terminó convirtiéndose en una muestra colectiva dedicada a toda la familia Wörner Baz.Para Carlos Segovia, la artista tuvo una visión muy particular, posiblemente derivada de su origen y contexto.
“Fue parte de una familia de artistas, lo cual es muy difícil o bastante singular”, explica.“En México tenemos a los Castro Leñero o, por ejemplo; aquí mismo presentamos el año pasado los Revueltas”, continúa, pero subraya que en el caso de Marysole la familia no solo fue artista, “sino que los cuatro además son parte de la comunidad de LGBT+”.
“Es todavía más extraordinario porque no solo son parte de esta legión de creadores, sino también parte del activismo cultural que muy temprano dio pie y visibilidad a una comunidad, que luchó mucho por ese espacio”, considera.
En ese sentido, en el recorrido el curador resalta la inclusión de una vitrina con catálogos de la “Semana Cultural Gay”, en los que “nunca se menciona su participación, cuando Marisol fue una de las pioneras de esa semana”.“Incluso antes de que sucediera en el Museo Universitario del Chopo, que ya llegó a su 39 edición con el Festival Internacional de la Diversidad Sexual y, de hecho, esta exposición se inscribe en el cierre del festival”.
Asimismo, Carlos Segovia señala que la creadora se inscribió siempre en las contracorrientes del arte mexicano dominante, lo que quizás le jugó en contra en términos de reconocimiento.“Cuando en México comienza a dominar la abstracción, con la Generación de la Ruptura, ella más bien parte de esta vena expresionista como la de José Luis Cuevas.
Luego cuando el mundo vuelve de la pintura a lo figurativo, con los denominados neomexicanismo, ella se basa en los paisajes plustinos, brillantes que casi caen en la abstracción”, describe el curador.Le parece que fue una creadora muy sólida en su manera de pensar, en congruencia con los momentos que estaba viviendo y tanto ella como su familia fueron “referentes indiscutibles de la resistencia y el orgullo de la comunidad LGBTTIQ+, la cual celebramos precisamente este mes, quizá más importante ahora que nunca”.
Finalmente, otra de las aristas que el curador resalta en torno a la figura de Marysole Wörner Baz es la estrecha relación que mantuvo con personalidades como Margarita Nelken, Alice Rahon, Leonora Carrington y Remedios Varo, cuyas amistades influenciaron su vida y trayectoria.“En su momento [Marysole] fue considerada una niña prodigio, incluso se ganó una beca para viajar a Europa, ese viaje que entabla con Remedios y después una crisis de salud, con temas de alcohol, le hace alejarse un tanto del medio artístico.
Ella sigue pintando, sigue haciendo creación en diversos espacios, pero sí sintió esta parte de olvido. Por eso era importante saldar esa deuda”, añade.
MUESTRACon “Marysole Wörner Baz. Redenciones marginales”, el Museo de Arte Moderno conmemora la lucha de la diversidad sexual y los 90 años de natalicio de la artista.Se puede visitar en el recinto ubicado en Paseo de la Reforma, hasta el 25 de octubre de 2026, de martes a domingo, en un horario de 10 am a 6 pm, con entrada gratuita.