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México cuenta con investigadores de primer nivel, instituciones académicas reconocidas internacionalmente y una larga tradición de contribuciones científicas. Sin embargo, para transformar ese conocimiento en innovación tecnológica es necesario que las capacidades científicas estén acompañadas por condiciones institucionales que les permitan operar con agilidad y continuidad

El mástil del barco y el cuello de la botella

“Hay una marea en los asuntos de los hombres que, tomada en la creciente, conduce a la fortuna; si se pierde, el viaje queda encallado”— William Shakespeare


Barco. La imagen es sugerente: ¿cuántos goznes hay que inventar para que la ciencia y la tecnología en México puedan abrirse paso y desarrollar todo su potencial?

Meter un barco en una botella parece un milagro, pero en realidad es un ejercicio de ingeniería: el mástil tiene un gozne que le permite doblarse para atravesar el cuello y luego desplegarse dentro. La imagen es sugerente: ¿cuántos goznes hay que inventar para que la ciencia y la tecnología en México puedan abrirse paso y desarrollar todo su potencial?

México cuenta con investigadores de primer nivel, instituciones académicas reconocidas internacionalmente y una larga tradición de contribuciones científicas. Sin embargo, para transformar ese conocimiento en innovación tecnológica es necesario que las capacidades científicas estén acompañadas por condiciones institucionales que les permitan operar con agilidad y continuidad.

Un ejemplo del tipo de retos que se enfrentan se encuentra en la investigación y desarrollo de detectores y sistemas electrónicos, como los utilizados tanto en ciencia básica como en aplicaciones médicas. Estos desarrollos dependen no solo del talento científico, sino también de la posibilidad de adquirir componentes, probarlos, modificarlos y adaptarlos conforme avanza la investigación. Este proceso requiere mecanismos administrativos capaces de responder al ritmo propio de la investigación.

Incluso en instituciones consolidadas como la UNAM, la adquisición de equipo especializado suele involucrar procedimientos diseñados para compras convencionales y no necesariamente para componentes únicos, prototipos o sistemas altamente especializados. Cuando estos insumos deben importarse, como ocurre con frecuencia, intervienen además procesos aduanales, certificaciones y diversos trámites que pueden extender los tiempos de entrega. El resultado es una menor capacidad para aprovechar oportunidades de investigación que, en muchos casos, exigen respuestas rápidas.

Estos desafíos reflejan una característica más amplia del sistema nacional. Las reglas de adquisición buscan legítimamente garantizar la transparencia y el uso adecuado de los recursos públicos. El reto consiste en hacer compatibles estos objetivos con mecanismos que reconozcan y sean sensibles a las necesidades específicas de la investigación científica y tecnológica, donde la experimentación, la adaptación y la rapidez forman parte esencial del proceso de generación de conocimiento.

A ello se suma otro desafío estratégico: fortalecer las capacidades tecnológicas nacionales. México aún depende en gran medida de la importación de sensores, circuitos especializados y otros componentes avanzados. Reducir gradualmente, en la medida de lo posible, esta dependencia, no solo haría más eficientes los proyectos científicos, sino que abriría oportunidades para el desarrollo de cadenas productivas de mayor valor agregado y para una vinculación más estrecha entre la academia y la industria. A su vez, esta vinculación tendría el potencial de convertirse en un motor para fortalecer la capacidad tecnológica del país.

Existen experiencias internacionales que muestran caminos posibles. En el estado de São Paulo, Brasil, la FAPESP (Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo) opera con un financiamiento garantizado por ley equivalente al 1% de los ingresos fiscales estatales. Este esquema ha permitido construir una política científica con continuidad, planeación de largo plazo y una estrecha interacción entre universidades, centros de investigación y sector productivo. Más allá de sus particularidades, su experiencia demuestra la importancia de alinear financiamiento, autonomía operativa y evaluación científica especializada.

México posee todos los elementos necesarios para avanzar en esa dirección: universidades de excelencia, centros públicos de investigación, recursos humanos altamente capacitados y una comunidad científica con reconocimiento internacional. El siguiente paso consiste en potenciar estos elementos y fortalecer el entorno institucional para permitir aprovechar plenamente esas capacidades.

Esto es especialmente importante en áreas de instrumentación avanzada, donde el progreso depende de ciclos rápidos de diseño, prueba y mejora. Cuando esos ciclos funcionan adecuadamente, la innovación se acelera, los recursos se utilizan con mayor eficiencia y aumentan las posibilidades de transformar conocimiento científico en soluciones tecnológicas con impacto económico y social.

Si México aspira a reducir la brecha tecnológica y fortalecer su competitividad, aumentar la inversión en ciencia es una condición necesaria, pero no suficiente. También es indispensable consolidar mecanismos que otorguen continuidad al financiamiento, simplifiquen procesos administrativos y faciliten la colaboración entre academia, gobierno e industria. No se trata de disminuir controles, sino de diseñarlos de manera que promuevan la creatividad, la innovación y la generación de conocimiento.

La comunidad científica mexicana ha demostrado durante décadas una notable capacidad para avanzar incluso en condiciones complejas. Ha construido soluciones, desarrollado colaboraciones internacionales y formado recursos humanos de excelencia. Quizás ha llegado el momento de que el entorno institucional evolucione al mismo ritmo.

La imagen del barco en la botella sigue siendo pertinente. Durante años hemos perfeccionado los goznes que permiten que el mástil se doble para atravesar espacios estrechos. Pero el verdadero desafío consiste en ampliar el cuello de la botella para que las ideas, el talento y la innovación puedan desplegarse plenamente. Cuando eso ocurre, no solo avanza la ciencia: avanza también la capacidad de un país para construir su futuro.

*Investigador Titular C, Instituto de Ciencias Nucleares, UNAM

Miembro del SNII nivel 3

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