Cultura

Las jóvenes promesas que nacen en las escuelas del Cenart

Expresión con paisajes: la conexión entre el sentimiento y la naturaleza

Andrea López Álvarez (Giovanna Morales Gómez)

La forma en la que nuestras pasiones son capaces de transformar nuestro entorno son misteriosas y sumamente maravillosas, pero cuando usamos nuestro entorno para crear nuevas formas de expresar esas pasiones todo se convierte en un círculo lleno de satisfacción, capaz de transmitir a más personas, nuevas morfologías de pasión y conexión.

Andrea López Álvarez, artista visual egresada de La Esmeralda, escuela de artes incorporada al CENART, crea y comparte sus trabajos, transmite de manera directa las emociones que muchos podemos sentir. Muestra una nueva forma de entender lo que nos rodea y de interpretar sentimientos que a veces somos incapaces de percibir de forma explícita.

Andrea nos explica que estar dentro de una carrera que se enfoca en las artes le permitió entender cómo generar ideas y producirlas, de un modo en el que quien las observa pueda conectar con su entorno y transmitir sentimientos que muchas veces tenemos reprimidos.

Aunque destaca las partes complicadas de estudiar artes durante la época que frenó al mundo, la pandemia.

La elección de una carrera

“Antes de la preparatoria me visualizaba estudiando física, algo completamente diferente a lo que hago hoy en día, además la elección de las artes no fue cien por ciento como lo visualizaba”.

Andrea narra que previo a ingresar a la carrera tenía miedos y expectativas muy diferentes a lo que fue adentrarse poco a poco a un mundo de las artes, comprender nuevos temas y formas de expresión le permitió conectar de manera directa con sus emociones y buscar la manera de relacionarlas con las de otros a su alrededor.

Andrea López Álvarez (Giovanna Morales Gómez)

Desconexión con la escritura

Uno de los principales retos a los que se enfrentó fue el desapego que tuvo que realizar de la escritura, uno de los gustos que más disfrutaba hacer desde secundaria, sin embargo dentro de las artes ese interés le generaba un problema. “Visualizo mis ideas más en texto que algo visual y me sentía algo abrumada por cómo resolver esto en artes visuales, si todo lo que pensaba siempre lo transformaba en texto.

Esto ocasionó un distanciamiento con las letras, sin embargo, a mitad de la carrera y especialmente durante su proyecto de titulación, se reconcilió con la escritura al darse cuenta de que podía mezclar la parte visual con la escrita, utilizándose como el punto de partida de su proceso creativo para jugar con el lenguaje.

El descubrimiento del “libro de artista”

A la mitad de la carrera, Andrea descubrió este concepto, al cual define como un tipo de arte visual que trabaja con medios mixtos (como fotografía, escritos y elementos escultóricos). Este hallazgo fue un punto de inflexión muy importante que le permitió entender que no tenía que mantener ambas disciplinas por separado.

Con este nuevo concepto, Andrea comprendió que su proceso creativo parte de la escritura y que podía utilizar el lenguaje escrito para jugar con él y generar imágenes (tanto visuales como poéticas).

Entre ventanas y sombras (Giovanna Morales Gómez)

Entre Ventanas y sombras

Esta nueva visión le permitió realizar proyectos concretos como su primer ejercicio autogestivo, ‘Entre ventanas y sombras’, un libro de poesía creado durante pandemia, cuando Andrea cursaba el primer año y medio de su carrera en artes visuales. Surgió a partir de un reto en una de sus materias, el cual le hizo plantearse la pregunta de qué pasaría si ilustraba sus propios textos.

Andrea describe este proyecto como un proceso de catarsis, en el cual plasmó todos los sentimientos que le causaba el encierro que se vivía durante esa época en el mundo entero.

Además de escribir cada uno de los poemas, se encargó de ilustrarlos, realizar la impresión y posteriormente, gestionar eventos para darlo a conocer ante el público.

Destaca que la creación de este proyecto trajo a ella el reto de conectar la escritura con la ilustración, buscando que las imágenes no fueran una traducción directa de las palabras, sino que ambas disciplinas se complementaran para evocar sensaciones.

Todo su trabajo finalmente trajo a sus manos su primera publicación, que para ella representaba la recompensa de un gran esfuerzo, pero sobre todo, la terapia emocional que su vida necesitaba en ese momento.

“La familia, un pilar de mi sueño”

Todos necesitamos una fuerza que nos sostenga, algo que nos motive para continuar cada día, en el caso de Andrea, afortunadamente, ha contado con el apoyo de su familia desde que decidió estudiar la licenciatura. Ella destaca que este respaldo ha sido fundamental, ya que para un artista es bastante complicado encontrar la manera de seguir creando mientras se tiene otro trabajo, como en su caso, que desempeña una labor como docente de idiomas.

Su familia también le ha brindado apoyos que le permiten aprovechar las oportunidades que se le presentan en el camino, como el de realizar un intercambio académico en una escuela en Suiza, un viaje que no tenían contemplado originalmente, pero que le dejó una grata experiencia para su vida y su carrera.

Todo este apoyo se ha visto reflejado, pues su entorno familiar está presente como fuente de inspiración en su trabajo más íntimo. Andrea menciona que elementos de su casa, como el color azul de las paredes, representan a su familia y están plasmados en sus escritos y creaciones.

La grieta en mi

El segundo proyecto escrito de Andrea, plasma diversos procesos personales. Está dividido en capítulos y aborda la búsqueda de distintas maneras de percibir la vida y a uno mismo, transitando por un proceso de recuperación y aceptación (a diferencia de su primer libro, ‘Entre ventanas y sombras’, que se centraba más en la depresión y la catarsis). Uno de sus capítulos, por ejemplo, explora las cicatrices y cómo estas envuelven y transforman a las personas a través de las experiencias, trata el tema a través de metáforas que relacionan las formas y texturas de estas cicatrices con la corteza de un árbol, por ello es que este libro también tiene una conexión directa con la naturaleza.

Esta conexión con lo natural se vincula estrechamente con las ilustraciones. A simple vista, en cada una de ellas se plasma una corteza, pero si se observa con atención, las grietas forman partes del cuerpo humano. Es simplemente genial la conexión de cada poema, con la propia ilustración y el sentimentalismo.

Para Andrea el principal objetivo era incluir una ilustración por capítulo que tuviera una relación directa con lo expresado en cada una de sus partes. Estas ilustraciones fueron creadas a base de tinta, estilógrafos y aguadas de tinta (una técnica similar a la acuarela donde se diluye la tinta).

En las imágenes se plasman conceptos clave como el estar encerrada, la fragmentación del cuerpo (representado como una mezcla de corteza de árbol con torso, piernas y estómago), y elementos como ventanas, sombras o presencias incómodas en una habitación.

Tras terminar los textos le tomó bastante tiempo decidir buscar editoriales que le permitieran tener mayor alcance. Afortunadamente el proyecto fue aceptado por la editorial española Valparaíso, que ha funcionado como una pieza clave que respeta sus procesos creativos sin poner límites a su obra e impulsa la distribución de su trabajo.

Este libro ya fue publicado en España, pero Andrea tiene el objetivo de presentarlo próximamente en México junto con sus ilustraciones, buscando que el evento sea una experiencia interactiva y no solo la entrega de un objeto.

Andrea López Álvarez (Giovanna Morales Gómez)

Ser una artista en México

Finalmente Andrea nos platica lo complicado de convertirse en artista en un país que suele percibir el arte como un pasatiempo y no como un trabajo serio o profesional.

Señala que las becas disponibles para artistas son muy limitadas y difíciles de obtener, lo cual complica costear la creación artística. Asimismo, las escuelas públicas de arte como La Esmeralda, enfrentan dificultades por la falta de recursos para tener suficientes herramientas en sus talleres.

El camino profesional requiere de constantes inversiones económicas individuales. Los artistas deben cubrir por su cuenta los gastos para producir las obras, montar exposiciones, viajar y gestionar la logística de sus proyectos.

Andrea menciona que, para su generación, el futuro en este campo se percibe bastante complicado, al punto de que “vivir del arte se ve como un sueño, más que como una realidad palpable”.

La trayectoria de Andrea López Álvarez es el reflejo de la resiliencia, la versatilidad y la búsqueda de identidad que caracterizan a las nuevas generaciones de artistas en México. A sus 25 años, ha logrado consolidar un lenguaje artístico sumamente íntimo y personal, superando el conflicto inicial de su carrera al reconciliar las artes visuales con la escritura

Su testimonio es un llamado a reconocer la creación artística no como un simple pasatiempo, sino como un trabajo profesional digno que requiere de espacios, presupuestos y apoyos económicos reales para poder florecer.

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