
“La Torre de cristal” es una novela más cercana a un reportaje que narra el asesinato de León Trotsky en 1940, y también es un homenaje al reportero, a su gusto por investigar y a crear una narrativa que llegaba al mismo tuétano de cada lector que compraba un periódico.
Pero esa narrativa que distinguía a los reporteros, señalan en entrevista los autores Carlos René Padilla y Eduardo Antonio Parra, se perdió por el afán de copiar textos de los portales, darles la vuelta a los cables y firmarlos o incluso ahora ser autor de nota de la inteligencia artificial.
Carlos René Padilla añade que este fin de la narrativa, que emergía de cada reportero de narra una nota y ese trabajo de conocer al personaje, a la víctima o asesino, también hizo que se perdiera la empatía con el lector. Hoy, de ese periodismo donde los reporteros no les preocupaba mancharse la ropa, corretear la nota, estar en la trinchera y relatar lo que pasa, poco queda, dice Carlos René Padilla
La novela es un reconocimiento al oficio del reportero, como lo fue el güero Téllez y ese gusto por buscar la noticia, una figura cada vez más difuminada por ese practica hoy de bajar los textos de los portales.
Carlos René Padilla (CRP): Cuando platiqué con Eduardo Antonio Parra cómo escribir la historia del asesinato de Trotsky y el perfil de los personajes, llegamos de inmediato al güero Téllez. La figura de ese periodismo del siglo pasado donde los reporteros no les preocupaba mancharse la ropa, corretear la nota, estar en la trinchera y relatar lo que pasa.
Eduardo y yo estuvimos en algún momento en una sala de redacción y sabemos lo que significa, además de lo vulnerables que pueden ser antes y hoy los reporteros. Por ello, al momento de configurar el universo narrativo de la novela, acordamos que cada personaje debía tener una función y el güero Téllez sería el hilo conductor, la bisagra que uniría a todos los personajes.
Eduardo Antonio Parra (EAP): Desde que empezaba a escribir, escuchaba comentarios sobre el güero Téllez y su labor de reportero en la nota roja y, en algún momento, supe que iba a escribir una novela con el güero Téllez. Ahora con Carlos tuve oportunidad de abordar lo de Trotsky y recordamos la famosa crónica que hizo de su homicidio. Era el tiempo donde los reporteros peleaban las notas de 8 columnas.
Su novela, que podríamos decir es un reportaje, contrasta con lo que hoy vivimos en el periodismo: mucha opinión sin pruebas ¿es como si la profesión se hubiera empantanado?

CRP: Sí, claro. Pienso que a los periódicos les gana el aspecto comercial. De repente, se redujeron los tiempos que se les daba a los reporteros para investigar, para ahondar en ciertos temas: criminales, políticos, de corrupción o el que sea y por otro lado los colegas reporteros se hicieron más vulnerables y no tenían garantías de su seguridad personal, tanto económica como física, cada vez son menos los trabajos que tocan intereses, que pisan callos y que tuvieran consecuencias por estas denuncias.
EAP: Creo que también fue como un repliegue, porque supimos que muchos colegas estaban cuidando sus vidas. Actualmente vemos que fuera de los medios tradicionales, en los llamados independientes, están realizando buenos trabajos.
También en su novela destaca la narración, esa forma de contar las historias que se hacía mucho en el periodismo impreso y que muchos lectores compraban un diario para leer a alguien en especial.
EAP: Es algo que se perdió mucho por la inmediatez y, a lo mejor, por esa separación del periodismo y la literatura también a causa de lo rápido. A mí me tocó en los años 90 del siglo pasado, los últimos coletazos de este periodismo narrativo, y aunque se les pedía a los reporteros un número de notas que era imposible investigar, pude ver algunos que en su tiempo libre se dedicaban a la investigación y seguían el reportaje.
Un punto importante que también quería que platicáramos, y ya lo adelantó, dice en esto de la reporteada, el arte de narrar. Hoy en dos párrafos se da una nota.
CRP: Sí, porque se perdió la empatía con el lector. Es decir, si narrabas una nota antes, te metías en el personaje, en la víctima o en el asesino, quien fuera, o quienes participaran en un accidente o lo que sea. Más o menos conocías algo de su vida, conocías el sufrimiento que acababa de ocurrir y sus detalles.
Ahora no, como bien lo dices, son puros datos y a veces ni duros, Entonces eso es frustrante. Esa narración te daba un seguimiento del hecho, se reporteaba más hasta varias semanas, donde le iban siguiendo los lectores. Creo yo que al final, dueños de muchos grandes medios de periódicos terminaban dando un balazo en el pie al meter mucha publicidad, que está bien, porque al final de cuentas está bien que pagan las cuentas, pero fueron reduciendo el periódico, la nota informativa.
Entonces muchos lectores dejaron de comprarlo. Ahora ya no vemos esos tirajes enormes de revistas, de periódicos que había en los años 40, 50 del siglo pasado, mucho menos esos grandes periódicos.
Antes, comprábamos un periódico y nos pasábamos dos o tres horas leyendo, porque todo estaba bien reporteado. Ahora ya no, porque se perdió esa narrativa que inherente al reporteo. Pero es algo que se puede recuperar a través de la narrativa. Hay que volver a contar las historias con más de profundidad, dejar el cable -texto que mandan las agencias-, y que todos los periódicos replican.
Porque un lector de periódicos dice: si leo uno, es lo que todos traen. Antes era, oye, ¿quién lo escribió? Lo voy a leer. Y había escritores que tenían sus lectores fijos y por eso se compraba el periódico. Pero eso se murió.

EAP: Una cosa cierta es que muchos jóvenes que querían ser reporteros y entraban a un periódico querían la sección de Cultura, pero los mandaban a la nota roja. Entonces ahí era donde se explayaban como escritores y hacían notas interesantísimas como relatar en un barrio de mala muerte un asesinato. Te empezaban por describir el barrio y sacaban una serie de cosas poéticas que te enganchaban.
Otro punto importante eran los encuentros entre reporteros.
EAP: La gente cree que era pura borrachera, pero finalmente era, una lucha de egos donde salía la frase: “yo te gané la nota”. Una lucha de egos muy fraternal, que también se ha perdido. Ahora no veo que los periodistas se reúnan y evidentemente no necesitan estar bebiendo porque eso era parte de esa época. Ahora pueden ser en otros sitios, pero el problema es que el periodismo perdió sus encuentros que lo alimentaban siempre, estos encuentros de reporteros.
CRP: En mi caso había esa reunión de reporteros como una red de protección dentro de esa competencia. Pero antes se debía hacer nombre, conseguir notas para sobresalir entre los colegas. Esas reuniones te permitían intercambiar información, no solo para mejorar la nota, sino de protección de los mismos periodistas, porque contabas: ¿sabes qué?, me pasó esto y ponías en alerta al grupo.
A todo esto ¿cómo ven el futuro del periodismo?
CRP: esperemos que se regrese a ese periodismo narrativo.
En su novela La torre de cristal presentan a una pareja dispar: el Dr. Alfonso Quevedo, un científico de la criminalística y al teniente Valentín Quintanilla, rudo y sin modales, que además están peleados por el amor de Lupita.
CPR: Ellos conjugan la investigación científica como el uso del tehuacán. Era confrontarlos para que el lector profundizará en ambos personajes. Son tan opuestos y esto fue algo que se pensó desde el inicio, pero también que fueran indispensables el uno para el otro. Tanto lo cerebral como la fuerza física debían ser necesarios para ir avanzando en la historia.
Al momento de estar configurando la historia y hacia dónde iba, pues fuimos encontrando elementos muy importantes, pero que a lo mejor no encajaban en los que estábamos contando. Entonces agarramos, los ponemos a un lado, los ponemos a otro lado y ahí están.
Y sí, la verdad es que la configuración también de la novela es que abre ciertos arcos dramáticos, narrativos, que no se cierran, pero ahí quedan flotando algunos asideros para poder continuar, los encantados de poder seguirle, porque justo creemos que la época y los personajes y el tiempo en que está sucediendo todo esto, políticamente, da para investigarlo de diferentes formas.
También es una novela emotiva.
EAP: Había que profundizar en las emociones, que es lo más atractivo para cualquier lector, que vaya siguiendo una trama interesante, la intriga y al mismo tiempo vea cómo profundizan los personajes en sus sentimientos. Eso sí lo teníamos muy claro desde el principio.
En mi lectura, pasa a un segundo término la muerte de Trotsky, y esperaba saber cómo se solucionaba el conflicto Quintana-Quevedo por el amor de Lupita.
CRP: ¿Qué le pasa a Quevedo? ¿Qué le pasa a Quintanilla? ¿Qué le pasa a Lupita? Parecen canciones. Y justo lo que comentas, creo que también mucho del corazón de la novela son las lealtades.
Son las lealtades de Quevedo y Quintanilla a su jefe y entre ellos aunque esté de por medio el amor de Lupita. Son personajes que están viendo por los suyos y eso creo que todos en algún momento como seres humanos nos podemos sentir identificados.
EAP: Creo que también es una novela de muchas lealtades. Buenas o malas, eso ya lo dirán los lectores, pero sí con lealtades fuertes que provocan que los personajes hagan ciertas acciones que podemos o no estar de acuerdo.