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El director y guionista presenta en el Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México una película sobre el matrimonio infantil, las tradiciones y la violencia contra las mujeres

“No quiero dar una lección, quiero abrir un diálogo”: Rigoberto Perezcano sobre Los amantes se despiden con la mirada

Para Rigoberto Perezcano, hacer cine también significa abrir conversaciones sobre aquellas realidades que permanecen incómodas y que, en ocasiones, han sido normalizadas por la tradición. Con Los amantes se despiden con la mirada, su más reciente película, el director y guionista aborda el matrimonio infantil, los usos y costumbres y la violencia que enfrentan las mujeres en distintos contextos de México.

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La cinta, que se presenta en la novena edición del Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México, sigue a Elida, una joven de 16 años que es obligada a contraer matrimonio con Damián, un hombre mayor, pese a estar enamorada de Olivo, un joven marcado también por la presencia de la muerte y el recuerdo de su padre.

Para Perezcano, la historia nace de una preocupación personal y de la necesidad de llevar al cine un tema que considera poco explorado en la cinematografía mexicana: el matrimonio de niñas con hombres adultos bajo el argumento de los usos y costumbres.

“Me parece que es realmente una tragedia si consideramos lo que implica obligar a una niña a casarse con un hombre que no ama y que, sobre todo, es tres veces más grande que ella”, señala el realizador.

El cineasta, originario de Oaxaca, explica que sus películas anteriores —Norteado (2010) y Carmín Tropical (2014)— también parten de contextos que le resultan cercanos. Mientras la primera aborda la migración y la segunda cuenta la historia de un muxe que regresa a Juchitán para investigar un crimen, Los amantes se despiden con la mirada se adentra en una tradición que, desde su perspectiva, continúa afectando la vida y el futuro de niñas y mujeres.

“Yo no he visto una película en México que tenga que ver con matrimonio por usos y costumbres. No he visto una película donde obliguen a una niña a casarse con un hombre mayor y ese era mi interés”, explica.

Una película para abrir el diálogo

Perezcano reconoce que abordar una problemática de esta naturaleza implicaba una responsabilidad particular. Su intención, asegura, no era realizar una película que funcionara como un sermón o que impusiera una postura al espectador, sino generar una conversación alrededor de una realidad que persiste.

“Creo que es una película que abre el diálogo que es necesaria dentro de estas comunidades”, afirma.

Por ello, uno de sus principales deseos es que la cinta pueda proyectarse precisamente en lugares donde los matrimonios infantiles continúan formando parte de determinadas dinámicas comunitarias. Entre sus planes está llevarla a comunidades de Chiapas, Guerrero, Veracruz, Oaxaca y Sinaloa.

“No quiero que sea una película como una lección, como un regaño. Quiero que sea una película que comulgue con los habitantes. No es una llamada de atención, más bien es un diálogo”, explica.

La intención, agrega, es que la película pueda encontrarse con públicos que viven realidades distintas y que la discusión surja desde sus propias experiencias.

Elida y la posibilidad de otra mujer

Uno de los personajes centrales es Elida, una adolescente que se rebela contra aquello que su comunidad espera de ella. Para el director, su protagonista representa una mujer que busca transformar su entorno: quiere trabajar, tomar decisiones sobre su propia vida y exigir respeto.

“Elida me parece que es la mujer que a mí me gustaría ver en las poblaciones”, señala.

Su rebeldía, sin embargo, tiene consecuencias. El personaje termina enfrentándose a un sistema en el que cuestionar las reglas significa convertirse en una amenaza para el orden establecido.

“Eres diferente, estás en contra de las reglas, estás en contra, entre comillas, de la tradición, no puedes perdurar, no puedes seguir. Y eso es lamentable, y lo he visto”, apunta.

La preocupación del cineasta trasciende la película. Reconoce que su propia experiencia como padre modificó la manera en que observa la historia y que uno de sus mayores deseos es que su hija pueda verla algún día como una obra que pertenece a un tiempo en el que determinadas violencias ya hayan disminuido.

“Me gusta mucho pensar que mi hija en algún momento vea esta película y cuando sea adulta me diga: está bien o mal. Creo que ese va a ser el mayor premio, pero sobre todo me diga: ya no existen esos matrimonios y la violencia hacia nosotras ha minorado”, expresa.

Damián, una víctima del mismo sistema

Aunque Damián es el hombre adulto con quien Elida es obligada a casarse, Perezcano evita construirlo como un personaje completamente malvado. Interpretado por Guillermo Nava, el personaje representa, desde la perspectiva del director, una de las complejidades centrales de la historia: incluso quienes reproducen una tradición pueden estar atrapados dentro del mismo sistema.

“En el fondo es un hombre bueno, con sus limitaciones, que él no entiende que esa mujer no lo quiere, que es mayor que él, pero que sobre todo está siguiendo la tradición”, explica.

Damián ha regresado de Estados Unidos después de trabajar y hacer dinero, con la idea de que su regreso y su estabilidad económica le permiten cumplir con aquello que se espera de él. Su matrimonio con Elida forma parte de ese proyecto de vida.

Para el cineasta, esa contradicción vuelve al personaje moralmente complejo.

“Damián representa también esa víctima de ese mundo tan gris, tan oscuro, al persistir con tradiciones como estas”, afirma.

La película plantea así una mirada menos sencilla sobre el problema: detrás del matrimonio arreglado existen estructuras familiares, económicas y culturales que terminan afectando a todos los personajes, aunque de maneras profundamente desiguales.

Perezcano señala que en algunas comunidades todavía puede asumirse como algo normal comprometer a una niña a cambio de bienes materiales o bajo acuerdos familiares. “Eso no estoy de acuerdo, o sea, no puedo visualizarlo de ninguna manera”, sostiene.

Machismo y violencia contra las mujeres

La reflexión sobre el matrimonio infantil está acompañada por otra preocupación del director: el machismo que continúa presente en distintos sectores de la sociedad.

“Me preocupa mucho la violencia que todos ejercemos a las mujeres”, dice Perezcano, quien reconoce que haber crecido rodeado principalmente de mujeres también influyó en su mirada como cineasta.

Para él, mostrar estas realidades desde el cine puede contribuir a cuestionar aquello que se ha aceptado como normal.

“Me parece que el entender que existe este tipo de matrimonios refresca y nos hace recordar que hay que cambiar muchas cosas”, señala.

Las tres películas que ha realizado en Oaxaca, explica, están vinculadas con su identidad y con el entorno en el que creció. En Los amantes se despiden con la mirada, esa relación se traduce en una exploración de las tradiciones, el machismo y las zonas más oscuras de determinadas estructuras comunitarias.

La muerte como presencia

Otro de los elementos fundamentales de la película es la muerte. Olivo pierde a su madre al nacer, después a su padre y, finalmente, a la mujer que ama. Sin embargo, los muertos permanecen presentes a lo largo de la historia.

Perezcano explica que esa dimensión surge de su propia relación con la cultura oaxaqueña y mexicana y de una concepción de la muerte en la que quienes ya no están continúan formando parte de la vida cotidiana.

“Mis muertos para mí son mis pequeños dioses, son a quien les pido, son a quien les imploro ayuda o sabiduría”, cuenta.

La cinta incorpora así un componente onírico y fantástico que convive con la problemática social que plantea. El director quería evitar una narración rígida y permitir que la historia transitara entre la realidad, los fantasmas y el inframundo.

“Quería que jugara un poquito con esa parte que tiene que ver con el inframundo, con los fantasmas, con el mundo de más allá”, explica.

Esa presencia de los muertos también está relacionada con una tradición literaria que el cineasta reconoce como una de sus influencias. La película está construida por capítulos, una decisión estilística vinculada con su gusto por la literatura clásica y, particularmente, con el universo shakespeariano.

Además, Perezcano buscó que la cinta tuviera la apariencia de una película mexicana de los años 40 o 50 que hubiera permanecido guardada durante décadas antes de ser descubierta.

Un título nacido de una mirada

Incluso el título responde a esa intención poética. Los amantes se despiden con la mirada surgió de la idea de que existen despedidas en las que las palabras dejan de ser necesarias.

“Muchas veces a la persona a la que amas, simple y sencillamente te separas de ella con la mirada y no tienes que decir mucho”, explica.

Para Perezcano, esa mirada puede convertirse en un lenguaje propio: “La mirada es como el diálogo, las frases, el abecedario más profundo”.

El resultado es una película que combina la denuncia social con una narrativa atravesada por la poesía, la muerte y los elementos fantásticos.

Una película que busca encontrarse con su público

Aunque la cinta ha tenido un recorrido relativamente pequeño por festivales, el director considera que su participación en el Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México representa una oportunidad para que llegue a nuevos espectadores.

También existen conversaciones con distribuidores en México y Francia, con la expectativa de que la película pueda tener una salida comercial y posteriormente ampliar su recorrido internacional.

Perezcano reconoce que no se trata de una producción pensada para romper récords de taquilla ni de una película sencilla de consumir.

“Es una película que te exige, es una película dolorosa, es una película muy, muy, muy necesaria”, afirma.

Al mismo tiempo, le interesa saber cómo cambia la recepción de la obra dependiendo del contexto de quien la observa. La cinta ya ha sido presentada en Oaxaca y España, donde encontró aproximaciones distintas a temas como los fantasmas, la muerte y las tradiciones.

Ahora espera conocer qué ocurre cuando llegue a otros públicos.

“Me gustaría saber qué piensa un sueco, qué piensa un alemán”, comenta.

Sin embargo, más allá del recorrido internacional, su objetivo principal permanece en México: que Los amantes se despiden con la mirada llegue a las comunidades donde la problemática que retrata no pertenece únicamente a la ficción.

La película tendrá una función el domingo 6 de septiembre a las 18:00 horas en el Cine Tonalá, como parte del Festival de Cine Independiente de la Ciudad de México.

Para Rigoberto Perezcano, llevarla hasta las comunidades será, en última instancia, una manera de completar el sentido de la obra: no decirle al público qué debe pensar, sino sentarse frente a él y comenzar una conversación sobre aquello que todavía necesita cambiar.

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