
“Yo misma pasé tiempo en la cárcel, acusada de 3 crímenes capitales, enfrenté la pena de muerte 3 veces. La única razón por la que escapé fue porque gente de todo el mundo se unió: básicamente por eso hago este trabajo, estoy muy agradecida con esas personas, cuyos nombres desconozco, que se enfrentaron a las figuras más poderosas del mundo y dijeron ‘no, Angela será libre’, y esa es la única razón por la que hoy soy libre”, comparte Angela Davis, cuando las cámaras de TV UNAM ya terminaron de transmitir la presentación del libro “Abolición, feminismo, ¡ahora!”.
La sesión de preguntas se anuncia pero no llega a ocurrir. De haber tenido más tiempo, la icónica defensora de los derechos humanos y la abolición de las cárceles, “hubiera querido hablar de la forma en que las prisiones son aparatos de generización (gendering) y que cuando hablamos de la ideología de género, la prisión juega un papel fundamental en la creación de un sistema binario”.
“Hay tantas cosas en las que puedo pensar en este momento y que no hemos podido abordar”, se lamenta, pero agrega una cosa más para la audiencia de la Sala Miguel Covarrubias.
“¿Por qué la gente quiere ver castigada a una persona, que se dedicó a actividades dañinas? ¿Cómo castigar a esa persona de manera represiva va a resolver el problema? Para responder a esa pregunta tenemos que cuestionar las formas en que nuestras emociones a menudo hacen el trabajo del Estado”, concluye.
ADENTRO DE LA SALA
Agosto 26 de 2026: Angela Davis visita por segunda vez la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).Una hora antes de que las internacionalmente reconocidas académicas y activistas suban al escenario a presentar “Abolición, feminismo, ¡ahora!”, el público ya tiene completamente dominada la Sala Miguel Covarrubias y el Centro Cultural Universitario con consignas en torno a la libertad de presos políticos, feminicidios, desapariciones, llamados a romper relaciones con Israel, denuncias de negligencia y violencia paramilitar por parte de la UNAM.
Cuando la voz de las bocinas da la bienvenida al público, suben jóvenes con pancartas al escenario. “Justicia para mi hijo, Carlos Sinuhé Cuevas Mejía”, “La UNAM no es feminista ni abolicionista”, “UNAM criminal y paramilitar”, por ejemplo.Una mujer lee un comunicado que cuestiona la intención de poner al centro el tema del abolicionismo sin revisar a las instituciones presidiarias mexicanas y hace uso de la visibilidad para recordar a la audiencia que aún no hay justicia por las 6 mujeres muertas en la cárcel de Santa Martha Acatitla; así como las condiciones del Cefereso 16 de Morelos y el Penal de Tepepan, entre otros centros penitenciarios femeniles.
Justicia para Rosa, Vanesa, Viridiana, María Elena, Mónica, Valeria y Ana Laura, quienes perdieron la vida en la prisión de Santa Martha Acatitla entre el 12 de marzo y el 12 de junio de este año. Libertad para Arturo Sheveck y atención a los casos de personas violentadas por instituciones, particularmente la UNAM: con estas exigencias comienza la conferencia de Angela Davis y Gina Dent.De pronto, por la izquierda superior del auditorio entra un grupo ondeando banderas palestinas y coreando consignas antisionistas.
Un muchacho se aferra al escenario y, aunque al inicio la audiencia lo secunda con consignas, después de casi 15 minutos cambian de parecer.“Protagonista, ya bájate, queremos escuchar a Ángela”, le gritan.
En el fondo del auditorio algunas personas se levantan de sus asientos y corren al escenario para bajarlo.Samuel Ortiz vuelve a subir al escenario. Insiste, aunque no es alumno, quiere una mesa de trabajo con la UNAM para lograr la libertad de Arturo Lugo Macías, alias “Sheveck”, quien sí fuera alumno de FES Acatlán, antes de ser víctima de agresiones paramilitares dentro de las instalaciones universitarias y llevado a la cárcel por instrucción de autoridades de la máxima casa de estudios.
La coordinadora de Difusión Cultural UNAM, Rosa Beltrán y algunas autoridades discuten con él y con las invitadas. Parece que el protestante se va a bajar del escenario, pero utiliza la presión para hacer valer su causa.“No es tu espacio”, le reiteran desde la audiencia.
Finalmente, una mujer de traje gris dialoga con él en un extremo del escenario y Rosa Beltrán presenta a la invitada más esperada de la 8° Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI).Mientras ella habla, el público interrumpe con consignas y comentarios que dejan en claro que no vinieron al acto protocolario, ni necesitan todo ese preámbulo, quieren escuchar a Angela Davis.
“La última vez que Ángela estuvo en México fue en 1969, cuando el hombre tocó la luna. Un momento histórico, pero eso ocurrió 1 año después del 68, un momento mucho más importante de cambio global en todos los países, en todas las universidades, particularmente en la nuestra.
Fue muy importante que Angela viniera en 1969. Es un privilegio inmenso tenerla, desde entonces hasta ahora, aquí, en este otro momento histórico que estamos viviendo”, ahonda la coordinadora de Difusión UNAM y se escuchan aullidos de emoción, aplausos. Se restablece la expectativa silenciosa.
Después, Rosa Beltrán presenta como “profesora” a la activista y académica Gina Dent, pareja de lucha y vida de Davis, y se escuchan los vítores y aplausos.
“El diálogo vivo entre dos intelectuales que han trabajado tan de la mano, refleja la convicción de que la resistencia y la producción de conocimiento nunca son esfuerzos aislados, sino procesos compartidos”, agrega Rosa Beltrán antes de ceder la palabra a la moderadora y las invitadas antirracistas, defensoras de otras formas de justicia que abolirían el sistema penitenciario.“¿Qué piensas de los libros?“, arranca la entrevistadora, Amneris Chaparro Martínez, directora e investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM.
En el público se siente la incomodidad por el abrupto cambio de tema y tono de la conversación. Angela Davis se toma un momento para responder.Primero, agradece a los asistentes y a los manifestantes. Solo estoy tratando de averiguar cómo podemos hacer la transición, quiero decir que me impresionó muchísimo la energía”, continúa y la audiencia ríe.
“Me encontré deseando que pudiéramos aprovechar esa energía para lograr un cambio real”, dice y la gente recupera el grito de júbilo, “poner fin a las cárceles”, gritos, aplausos, “con el fin de avanzar hacia la evolución del capitalismo”, gritos, aplausos.“terminar con los feminicidios en México”, gritos y aplausos.Luego, señala que no presentaron correctamente a Gina Dent, quien ha sido su compañera de lucha durante los últimos 30 años y cuyo proyecto busca acercar el arte y la música, así como otras formas culturales, a los movimientos de justicia, igualdad y libertad.Sobre los libros y la lectura observa dos cosas: que hay mucha gente en Estados Unidos - “y seguramente en México”- que sólo al ser sentenciados a la cárcel de por vida pueden experimentar la alegría de leer; y que en Palestina (hasta 2024) la tasa de alfabetización es mayor al 90%.
EL QUEHACER DE LA ESPERANZA
Además de opinar que la esperanza es fundamental en la lucha, las activistas e intelectuales afro estadounidenses repasan puntos fundamentales de su libro y teoría abolicionista.“Hay que pensar en las maneras en que la violencia institucional y estatal alienta la violencia íntima.
No podemos pensar en la lucha contra la violencia íntima, sin abolir las formas de violencia institucional”, indica Angela Davis.Gina Dent recuerda que el término interseccional se originó para referirse a ciertos puntos ciegos de la ley.
“La idea de interseccionalidad tenía que ver con lo que la ley podía o no ver y por ende abordar, a causa de las condiciones estructurales. Se ha convertido en una cuestión identitaria, pero esa no era la idea”, señala.
“Para mí en particular, se convirtió también en una manera de describir las intersecciones entre luchas y movimientos, de modo que abordar el abolicionismo y el feminismo en conjunto, en su intersección, es de lo que trata el libro”.Plantea que el encarcelamiento, la policía y el militarismo son estructuras atravesadas por la violencia sexual y de género, por lo que no podemos depender de ellas para impartir justicia.
“Esto nunca ha significado para las feministas abolicionistas ignorar quienes sufren, la violencia o los daños, pero estamos redefiniendo los conceptos de seguridad y protección, eliminando el monopolio de la seguridad que ha creado el Estado policial y carcelario”, ahonda.La arista feminista de esta postura es que se trata de construir y desarrollar para “hacer el mundo de nuevo”, así como preservar y restaurar prácticas que han sido aniquiladas por el racismo, el capitalismo, la colonializacion, la segregación de género y todos esos dispositivos de control y división.
“Hay que redefinir nuestra relación con el poder para desindividualizar y colectivizar”, invita Gina Dent.
ÁREAS DE OPORTUNIDAD
Al día siguiente, las reacciones en redes sociales apuntan que la UNAM debió crear condiciones para un mayor aforo, siendo un evento tan esperado, y critican la interpretación al español durante la transmisión en vivo.“Misterios sin resolver.
Por qué si la UNAM tiene la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción con expertos en el tema falla mucho a la hora de la interpretación en eventos como el de Ángela Davis? Es muy frustrante, en una ocasión, también organizado por la UNAM, me desesperé mucho con la interpretación en una charla que sostuve con Anna Tsing”, publica en una de sus cuentas Yásnaya Aguilar, pero no es la única que comparte esta queja.Puedes consultar la transmisión completa como “Diálogo magistral Abolición, feminismo, ¡ahora!” en el canal de TV UNAM https://www.youtube.com/watch?v=vEi0mwytNVI