Cultura

“El arte de la soledad, el gusto por la soledad, aunque existe y podríamos vivirlo libremente, no suele estar tan al alcance”, advierte. Presnete su reciente novela “Lo que podemos saber”

Ian McEwan: “Lo grave de la era digital, es aquello que dejamos de experimentar en el presente”

Novela. El escritor británico Ian McEwan . (efe)

¿Qué tanto podemos conocer realmente de otra persona cuando tenemos acceso a sus cartas, mensajes, correos electrónicos y archivos? Esa es una de las preguntas que Ian McEwan coloca en “Lo que podemos saber”, novela en la que un investigador del año 2119 intenta reconstruir la vida de un poeta y una época desaparecida.

La novela sucede en un futuro distópico, cuando el planeta ha sufrido una transformación radical y Gran Bretaña se ha convertido en un archipiélago. Allí un profesor de literatura investiga nuestra época - entre los años 1990 y 2030- y busca un poema que fue leído una sola vez, en 2014, pero después desapareció.

En la trama, el poema se ha convertido en una especie de símbolo de un mundo que ya no existe y esta premisa literaria encierra una paradoja actual: los investigadores del futuro pueden acceder a una cantidad abrumadora de información sobre nosotros, mensajes, correos electrónicos, búsquedas, archivos digitales.

¿Qué información es esencial para reconstruir una sociedad y a su gente? ¿Qué podemos realmente saber de otra persona, de una vida, de una época? ¿Hasta dónde llegan los hechos y cuándo empiezan las conjeturas o la imaginación? son algunas preguntas que se plantean alrededor.

“Cómo interpretamos el pasado, cómo nos situamos dentro de la historia y cómo la entendemos -lo difícil que es- de ahí hay solo un pequeño paso para darnos cuenta de que incluso es muy, muy difícil entender el presente, deja tú el pasado”, comenta el autor.

A sus 78 años comparte que asiste a bastantes funerales, que antes eran bodas y nacimientos y a menudo descubre cosas nuevas sobre personas que formaron parte de su vida mucho tiempo, por lo que se pregunta ¿hasta qué punto nos entendemos unos a otros en el presente?

PERDEMOS UN JARDÍN

Durante una rueda de prensa internacional con motivo de la próxima presentación de su reciente publicación, editada en español por Anagrama, el escritor británico McEwan aborda las pérdidas que vienen escondidas en la gran capacidad de almacenamiento de información e intercambios digitales de la era en que vivimos. Intuye que se ha perdido algo de nosotros.

En torno al tema de la huella que dejamos en el mundo digital, Ian McEwan relata que entregó todos los correos electrónicos que escribió entre 1996 y 2013 a una biblioteca de Texas.

“La razón por la que no tuve ansiedad al respecto es que no creo haber escrito nada muy significativo en un mail o mensaje y menos aún en un mensaje de texto”, explica y compara nuestra época con la de escritores como Charles Darwin o Napoleón para resaltar una diferencia sustancial.

“Si consideramos, por ejemplo, las cartas de Napoleón, quien en promedio escribía 3 mil palabras al día durante la mayor parte de su vida adulta, o todas las cartas de Charles Darwin, de alguna manera tenemos más conocimiento de los autores de cartas del siglo XIX del que creo que el futuro tendrá de nuestras contribuciones en internet”, señala.

“Creo que solo un tonto compartiría en Internet sus pensamientos más íntimos. Ahora sabemos, de hecho, estamos seguros de que cualquier cosa que escribamos en un correo electrónico puede ser leída fácilmente por otros, incluso el cifrado de extremo a extremo de WhatsApp ahora se puede descifrar fácilmente”, continúa.

Sin embargo, para el escritor, el verdadero problema de la huella digital no es la información que pueda quedar registrada en el futuro, sino aquello que dejamos de experimentar en el presente. La privacidad está amenazada, concede, pero “quizá más importante” es la transformación de la soledad que viene con tanta saturación, ya que hay menos silencio, menos privacidad y menos posibilidades de dejar vagar la mente.

“El arte de la soledad, el gusto por la soledad, aunque existe y podríamos vivirlo libremente, no suele estar tan al alcance”, advierte.

A modo de ejemplo el escritor evoca una escena cotidiana, después de un vuelo, mientras los pasajeros esperan sus maletas prácticamente todos los pasajeros miran sus teléfonos porque durante hora y media se les negó el acceso a ellos.

“En el pasado se quedarían parados viendo el equipaje, soñando despiertos o platicando y creo que esa capacidad, especialmente para un escritor, pero creo que también es cierto para todos, de deambular por la propia mente como si fuera un jardín, es algo que se nos ha escapado”.

Por esto, Ian McEwan opina que podemos divertirnos más como investigador al escribir sobre alguien que escribía cartas con regularidad durante el siglo XIX o XVIII, en lugar de los materiales que tendrán sobre nosotros los escritores del futuro.

“Seremos muy copiosos, para cualquier investigador futuro, siempre y cuando el Internet siga existiendo, pero será a costa de la deuda; ese es mi punto: no veremos las almas desnudas porque ya no hay mucha gente que escriba de persona a persona”, augura.

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