
El códice Azcatitlan es uno de los más de 100 documentos que integran un acervo particular de la Biblioteca Nacional de Francia, y es el único que regresa por primera vez a México desde que saliera del país hace 186 años.
“Todos los códices en sí mismos son patrimonio mexicano. Todos los documentos, de acuerdo a la ley, son monumentos históricos, hasta 1900, porque después son monumentos artísticos. Tienen más de 100 códices en Francia, tuve oportunidad de ver 5 la vez pasada que fui”, comenta Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) y coordinador nacional de Archivos del INAH.
Durante la inauguración de la exposición temporal “El códice Azcatitlan. México-Francia 200 años de amistad”, que se puede visitar en el MNA hasta el mes de diciembre, el funcionario señala que los documentos resguardados en la Biblioteca Nacional de Francia son muy relevantes para la historia de los pueblos mexicanos: por ejemplo, la historia de Texcoco, de Nezahualcóyotl y de todo su linaje.
Además de ahondar en las posibilidades que surgen con la visita del documento patrimonial en territorio nacional, Baltazar Brito Guadarrama pinta un panorama del proceso de devolución en curso.
Por un lado, esta exposición del Códice de Azcatitlan es puramente divulgativa, ya que no se presta para cuestiones académicas o de investigación.
“No, en este momento no. Tal vez más adelante todavía, este es el inicio de una serie de trabajos conjuntos, todavía nos faltan muchas cosas más de intercambios”, asegura.
“No están considerados todavía estudios específicos a un documento, pero seguramente será una opción”, añade.
Lo que sí tienen previsto es una página web, “donde todos los códices estén conjuntos e iremos invitando a otros países que también tienen patrimonio de este tipo para que en un solo lugar exista la colección más grande de códices y que se puedan bajar sin ningún problema y consultar sin ningún costo, por supuesto, para que estén disponibles y se puedan hacer más estudios”.
- ¿En cuántos países están actualmente?
“Tenemos en Inglaterra, en Escocia, en Estados Unidos, en Italia, en España. Con todos ellos estamos teniendo acercamientos, con la finalidad de que nos brinden las imágenes en alta resolución, para ponerlas en una página especial y ahí puedan ser consultadas sin ningún costo y sin ningún problema en muy buena resolución”, reitera.
Actualmente, la BNAH tiene todos sus códices digitalizados y se hizo un convenio con el gobierno mexicano para que se puedan consultar más de mil documentos, que se suman a los de “muchas comunidades” que han permitido la digitalización de sus acervos documentales.
“Lógicamente, los documentos siguen siendo de las comunidades, no son del instituto, nada más tenemos material para que se puedan hacer estudios y analizar, pero si alguien lo quisiera publicar, por ejemplo, tendría que pedir el permiso a la comunidad”, detalla.
Por otro lado, al respecto de la devolución de documentos patrimoniales, Baltazar Brito Guadarrama concede que la idea eventual es que estos códices vuelvan acá y, a la par que en el MNA se exhibe el códice de Azcatitlan, en Francia se exhibe el Códice Boturini, como un “primer paso” para traerlo definitivamente de vuelta.
“Por supuesto, nuestro interés sería que el patrimonio mexicano esté en México porque es aquí donde adquiere mayor significación, no nada más para los pueblos indígenas, que son los que lo concibieron originalmente, sino para todos los mexicanos, aunque hay que recordar que todos los códices son ahora patrimonio de la humanidad”, expresa.
Aunque advierte que no conoce a profundidad la parte jurídica, el director de la BNAH sabe que el gobierno francés ha hecho ajustes en sus leyes con la finalidad, entre otros aspectos, de restituir algunos artefactos históricos que fueron sustraídos de sus lugares de origen durante la época colonialista.
“Hasta el momento ellos ya hicieron una de las leyes, nos han visitado tanto diputados franceses como senadores, hemos tenido charlas y se ha ido llevando a cabo un trabajo interesante, pero no tenemos todavía, hasta este momento, algo en concreto y estamos trabajando en ello”, aclara.
En cuanto al Códice Borbónico, envuelto en polémicas de repatriación desde hace unos años, el funcionario explica que no pertenece a la Biblioteca Nacional de Francia, sino a la Asamblea Legislativa de Francia, “y eso es otra cosa”.
“Tendríamos que haber hecho otro tipo de acuerdo”, señala sobre por qué no se pudo traer al país en esta ocasión.
Por su parte, Jean-Charles Bédague, director de Colecciones y director general adjunto de la Biblioteca Nacional de Francia (desde el pasado 1 de julio de 2026) reconoce que la institución “conserva un conjunto excepcional de manuscritos mexicanos, en torno a los cuales trabajan investigadores de nuestros dos países”.
“Su estudio requiere cruzar el entrecruzamiento de las disciplinas, las lenguas, y las tradiciones científicas. Exige también confrontar las miradas. Ninguna institución, por más rica que sea, puede pretender agotar sola el sentido de las colecciones que resguarda”, ahonda.
Indica que cerca de un millar de documentos provenientes de las colecciones de la Biblioteca Nacional de Francia y relativos a la historia y a la cultura de México han sido rendidos accesibles en Memórica, plataforma digital del gobierno mexicano.
PATRIMONIO DE VISITA
La exposición temporal “El códice Azcatitlan. México-Francia 200 años de amistad” se puede visitar gratuitamente hasta el 31 de diciembre, en el Museo Nacional de Antropología (MNA).
Aunque el único documento original es el Códice Azcatitlan, el recorrido ofrece una perspectiva a través de otros códices y contextualiza con piezas arqueológicas reales. Se divide en seis secciones.
Al fondo, con iluminación especial se encuentra abierto el Códice encuadernado. No se pueden mostrar todas las páginas al mismo tiempo, así que en las paredes se exhiben también las reproducciones e imágenes de cada lámina.
El texto curatorial pone énfasis en la fecha 1 pedernal, donde se representa el inicio de una peregrinación sagrada, así como la fundación de una memoria colectiva que los pueblos mesoamericanos consiguieron transmitir por generaciones y que, “en parte, se conserva hasta nuestros días”.
Para profundizar en el tema, en paralelo a esta muestra, se realizará el Simposio Internacional de Códices Mesoamericanos, del 22 al 25 de septiembre. Participarán especialistas de ambos países para conmemorar el bicentenario de sus relaciones diplomáticas y abrir un espacio de debate científico y cultural sobre el estudio, la preservación y el complejo origen de estos inestimables documentos pictográficos.
¿DE QUÉ TRATA EL CÓDICE AZCATITLAN?
Este documento en particular es importante para la comprensión de la historia nacional y la conformación actual de la nación porque narra la salida del pueblo mexica desde Aztlán hacia la tierra prometida, y su peregrinaje hasta la fundación de México-Tenochtitlan, la sucesión de tlatoanis y la llegada de los españoles a la capital tenochca.
Si bien en esta ocasión no se trabajará con el documento, el director de la BNAH, Baltazar Brito Guadarrama reconoce que sobre este Códice existe una sola publicación y “sería muy bueno hacer otra”.
“Nos hace falta mucho, afortunadamente siguen saliendo códices como el Tetepilco que está aquí, que se descubrió hace unos años y que ya está aquí en la Biblioteca junto con otros dos, pero afortunadamente siguen saliendo documentos, acabamos de descubrir otro lugar donde hay dos códices de amate también muy interesantes, pero eso es un proceso paulatino, entonces es interesante en ese sentido”, apunta.
¿CÓMO SALIÓ DE MÉXICO?
Aparentemente, el primer propietario del Códice Azcatitlan habría sido un tal Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, político e historiador descendiente de Nezahualcóyotl, quien al morir heredó sus documentos a Carlos de Sigüenza y Góngora. Éste, a su vez, heredó su biblioteca a la Compañía de Jesús.
Luego, en 1737, Lorenzo Boturini adquirió de los fondos jesuitas una compilación de manuscritos de tradición/origen indígena. Fue deportado a Europa en 1743 y su colección fue confiscada por la Secretaría de Cámara del Virreinato, donde se dispersó.
En 1830, el francés Joseph Marius Alexis Aubin se interesó en adquirir los documentos reunidos originalmente por Boturini y, después de 10 años en México, en 1889, Aubin regresa a Francia con la colección de documentos, que luego vendió al francomexicano Eugène Goupil. Este último coleccionista murió en 1896 y su viuda, Augustine Élie donó la colección a la Biblioteca Nacional de Francia.