Cultura

La escritor y académica recibe el 8 de octubre el Premio Crónica. En entrevista, cuenta de su labor en la escritura y de escuchar al otro con respeto, “algo que nos enseña la literatura, el arte y la creatividad”

Cristina Rivera Garza: “Un México sin violencia de género es posible y me gusta pensar que la idea la comparto con muchos”

Dra. Cristina Rivera Garza, ganadora de Premio Crónica en Cultura
Dra. Cristina Rivera Garza, ganadora de Premio Crónica en Cultura

Un México sin violencia de género es posible y me gusta pensar que es una idea que comparto con muchas y muchos en mi país, especialmente con las nuevas generaciones que están menos dispuestas a tolerar la naturalización de múltiples tipos de agresión y están listas para actuar. “Y ahí vamos, ahí voy con ellas”, dice la escritora Cristina Rivera Garza.

La autora de “El mal de la taiga” y “El invencible verano de Liliana” recibirá el 8 de octubre el Premio Crónica en el área de Cultura y en entrevista habla de lo importante de escuchar al otro con respeto, de sus actividades en El Colegio Nacional, de formar comunidades de escuchas, de su escritura y su deseo de tener un México sin violencia de género.

La violencia e impunidad son hechos sin resolver en México, ¿en tu opinión cuales serían las vías para comenzar a solucionar estos problemas que afectan a la mayoría de la población?

La violencia de género es un problema, por desgracia, masivo y mundial, no respeta fronteras, diferencias de clase o raza, geográficas…, es como lo dijo Rita Segato: “el mundo como existe al día de hoy le ha declarado una guerra a las mujeres” y las consecuencias más graves las vemos precisamente en el alto número de feminicidios que se padecen en muchos lugares del mundo, incluido México.

Es una violencia multifactorial cuya erradicación depende de muchos factores, pero creo que hay dos y en definitiva merecen nuestra atención y nuestro continuo cuidado: Uno tiene que ver con la responsabilidad del Estado de fortalecer las fiscalías, las leyes, de proveer presupuestos dignos y de atraer a las personas más eficientes y más capaces para posiciones que impliquen un alto a la impunidad.

Porque la impunidad es altísima en nuestro país y el mensaje que da siempre a los feminicidas es que pueden hacer lo que hacen sin tener ninguna consecuencia. Es una invitación a seguir matando y por eso creo que sí es una responsabilidad del Estado salvaguardar la seguridad de todas y todos.

Por otra parte, creo que como sociedad civil tenemos una gran responsabilidad. Cada que hacemos como si nada pasara, cada que no denunciamos a los amigos, parientes, vecinos o colegas que sabemos cometen actos de violencia, cada que nos hacemos de la vista gorda, cada que optamos por defender a agresores, estamos participando de una cultura que ha desarrollado una gran tolerancia ante el sufrimiento de las mujeres. Creo que como sociedad civil tenemos la responsabilidad de denunciar continuamente, de mantener una conversación activa y abierta sobre este tema tan escurridizo que es la violencia de género.

Porque hay otro factor brutal: con mucha frecuencia se confunden actos de violencia con actos de amor y creo que ese es uno de los puntos cruciales, de las razones por las cuales es tan difícil señalar e identificar la violencia como tal.

Los movimientos feministas de México han avanzado mucho en estas acciones de denuncia y mantienen en la agenda pública la lucha contra la violencia de género. Entonces, hay que ser partícipes de esta ola de conciencia crítica, porque de otra manera será muy difícil identificar la violencia y proteger a mujeres de futuras generaciones.

Esta violencia no debe olvidarse y siempre denunciarse.

Te decía antes que uno de los problemas de la violencia de género es que tiende a confundirse con otro lenguaje igualmente poderoso en nuestra sociedad: el lenguaje del amor romántico. Muchas veces se normalizan actos de violencia porque se creen que son síntomas o manifestaciones de amor, cuando un nuevo lenguaje nos ha dado herramientas para identificar actos de manipulación, por ejemplo, o de acoso, cuando anteriormente se les consideraba como halagos.

Pienso, por ejemplo, en los así llamados piropos públicos, que antes, incluso cuando yo estaba creciendo, se pensaba que eran halagos y un nuevo lenguaje nos ha dejado muy en claro que eso se llama acoso en la vida pública.

Aquí hago mención del Violentómetro, este artefacto que produjo la maestra Marta Tronco desde el Instituto Politécnico Nacional, una especie de regla que va midiendo los crecientes grados de peligrosidad, de actitudes que en el pasado o incluso ahora, se han naturalizado. Hay que destaparles el rostro, desocultarlas, es lo verdaderamente importante.

También hay que participar en la memoria colectiva, mostrar en cualquier instancia lo que muchos hemos perdido por causas de violencia de género. Eso no sólo es un acto de justicia necesaria, sino también una apuesta hacia el futuro, porque no vamos a llegar a ningún lado si no llevamos también a nuestras muertes con nosotros.

Cristina, tu gran trayectoria literaria y académica te hizo tener un gran cuerpo de seguidoras y seguidores, ¿qué te significa escribir, imaginar, desarrollar historias y dar cátedra?

Es escribir, dar clases, firmar libros, dar conferencias, pláticas, forman parte de una misma vitalidad. Todas estas son actividades que se entrelazan y para mí son fundamentales, por esto me tomo muy en serio, por ejemplo, mi pertenencia a El Colegio Nacional en México. Todas las conferencias son muy preparadas, porque creo que hay una apuesta en eso, y es la de crear comunidades de escuchas, comunidades dialógicas.

En el mundo en que vivimos hoy, escuchar al otro con respeto, con atención, participar en conversaciones donde el disenso y el desacuerdo son centrales, es algo que nos enseña la literatura, el arte y la creatividad.

Por eso, es fundamental apostar por la educación pública, apostar por la cultura, mantener un talante crítico por nuestro entorno e insistir en que nuestra participación colectiva puede hacer una diferencia donde vivimos.

¿Cuál sería tu deseo para México?

Hoy vivo actualmente en un país donde para salir tengo que asegurarme de llevar mi pasaporte, porque hace menos de dos meses en el barrio donde está mi casa, en Houston, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, sigla en inglés), esta policía, este comando armado al servicio del poder, asesinó a un trabajador mexicano, y esto impactó la vida de mis alumnos en el Colegio de Artes Liberales y Ciencias Sociales de la Universidad de Houston.​ Muchos de ellos son primera generación en alcanzar el nivel universitario y tras esto, los veo con gran preocupación.

En este contexto, mi visión de México puede ser muy distinta de quienes están en el país a diario. A mí siempre me ha parecido que ese México, que se vive de manera cotidiana en Estados Unidos, ese México que le llaman el de afuera, es un país insistente, que ha sabido hacer de la comunidad un medio de resistencia, de supervivencia y de dignidad. Es un México con un talante crítico incontrovertible.

Y es un México donde la fiesta no sólo implica un desgaste, sino una responsabilidad con los otros, con nuestra manera de estar en el mundo y creo que nuestro país tiene muchas posibilidades de dar lecciones al mundo, por eso con mi país con el tengo una relación estrecha. Tan es así, que no me siento viviendo fuera de México, vivo en el México de afuera, que es distinto.

Por esto, creo que un México sin violencia de género es posible. También creo que un mundo sin esta violencia es posible. Esto sería una partida para tener un mundo igualitario, un mundo justo, un mundo pleno, un mundo donde el aire se pueda respirar, donde podamos imaginar el futuro. De lo contrario, nunca lo vamos a tener si la violencia de género, especialmente el feminicidio, sigue privando entre nosotros.

No creo que sea una tara la violencia de género o algo genético, mucho menos sea sólo de nuestro país o del mundo. Lo que requerimos es el compromiso, la insistencia y el esfuerzo que venga de las instituciones del Estado, pero eso también debe pasar por los cuerpos de cada uno de nosotros, los integrantes de la sociedad civil.

Y por eso me gusta pensar que esta es una idea que comparto con muchos y muchas en mi país, especialmente con las nuevas generaciones, que están menos dispuestas a tolerar la naturalización de múltiples tipos de violencia y están listas, y lo han demostrado, están listas para actuar.

Y ahí vamos, ahí voy con ellas.

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