Cultura

“Este argumento de que la inteligencia artificial puede matarnos a todos en menos de una década es un incentivo para los propios desarrolladores de la IA, para regularla a su modo y para eliminar la competencia de nuevas empresas”, dice

Jorge Volpi: La idea de que “la IA puede matarnos a todos” conlleva “un interés comercial”

IA El escritor Jorge Volpi.

El escritor Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968), cuya nueva novela, ‘La República’, imagina un mundo no tan lejano gobernado por los algoritmos, cree que las recientes advertencias sobre los peligros de la IA por parte de las empresas que lideran el sector conllevan “un interés comercial”.

“Este argumento de que la inteligencia artificial puede matarnos a todos en menos de una década es un incentivo para los propios desarrolladores de la IA, para regularla a su modo y para eliminar la competencia de nuevas empresas”, dice en una entrevista con EFE.

Recuerda que tanto Anthropic como OpenAI están “a punto de lanzar sus ofertas públicas iniciales por miles de billones de dólares”.

Profundamente maquiavélica, ‘La República’ (Alfaguara) es una “distopía cercana” y “casi una novela de actualidad o un espejo dislocado del mundo”, según su autor, sobre todo en dos aspectos: la intensificación del autoritarismo de ultraderecha y la irrupción de la IA en nuestras vidas.

Está ambientada en los Estados Unidos de finales de 2026, donde la democracia ha colapsado, Trump está en la cárcel y una pareja formada por un senador y una ingeniera posthumanista tratan de reescribir las reglas del juego con la ayuda de Nick, una IA capaz de anticipar conductas y modelar la realidad.

La IA en la literatura se puede usar, con “criterio y transparencia”

Volpi, que ya se interesó por los orígenes de la IA en ‘No será la tierra’ (2006), dice meterse de lleno en cada novela que escribe, con una profunda investigación. Tanto es así que para ponerse en la piel del narrador de ‘La República’ -una IA llamada Nick- no solo pasó meses probándolas todas, sino que desarrolló su propia aplicación de inteligencia artificial.

“La inteligencia artificial en literatura, como en todo, es una herramienta que se puede utilizar; el problema es hacerlo sin responsabilidad, sin criterio y sin transparencia”, afirma. “Hay muchísimos artistas que las están usando de maneras críticas, responsables, y eso a mí me parece que es un desarrollo natural de la creatividad”.

Sobre el escándalo reciente en Francia, donde el escritor canadiense Thélyson Orélien, autor de una de las novelas más destacadas del otoño, fue excluido de la lista de nominados al premio Goncourt tras ser acusado de usar la IA para escribirla, Volpi insiste en que el problema es “la falta de transparencia”.

“Lo que me parece más peligroso del caso es que los jurados del Goncourt, y quienes afirman que la utilizó, para poder afirmarlo, pudieran haber delegado su juicio en otras inteligencias artificiales”, advierte. “Todos delegamos en la IA y no todo está mal”.

Las redes sociales, la IA y la fragilidad democrática

En la novela, Volpi plantea un escenario donde el Gobierno de Estados Unidos instaura una app de uso obligatorio, que los ciudadanos reciben prácticamente sin resistencias porque resuelve la toma de decisiones y cuestiones de la vida práctica en casi todos sus aspectos. A cambio, les somete a una vigilancia total.

Además de Trump, aparecen en sus páginas otros personajes reales como Peter Thiel, Elon Musk o Sam Altman. “Se trataba de hacer un esfuerzo por entender cómo hemos llegado hasta aquí”, dice Volpi, “a este mundo dominado por una serie de personalidades narcisistas, tramposas, embusteras y sin principios, dispuestas a cualquier cosa para gobernar, sobre todo a falsificar la realidad”.

La manipulación de la opinión pública, subraya el escritor, la estamos viviendo de manera cotidiana. “Las redes sociales han sido el mayor disruptor de la vida política de los últimos años, y ahora se añade la IA a la ecuación; la manera en que la gente se informa y decide quiénes deben ser sus líderes está permanentemente mediada por la polarización, la mentira, la falsificación”.

El escritor considera que vivimos una etapa “de una fragilidad democrática inaudita”, donde las redes sociales provocan emociones reales a partir de hechos falsos y eso hace que “la gente, sin darse cuenta, esté votando en contra de sus propios intereses”.

A su juicio, la regulación es “absolutamente necesaria” y a la vez “casi imposible”, ya que “para ser eficaz tendría que ser global” y ni Estados Unidos ni China, los creadores, parecen estar en la órbita de la UE, que es quien intenta regular.

“Tardamos muchísimo y lo hicimos muy mal para regular las redes sociales y hemos visto los efectos que ha tenido en la vida política de las naciones, que ha sido terrible. Con la inteligencia artificial está pasando lo mismo”.

Tendencias