Cultura

El escenario es el cielo de esta compañía francesa que para Stéphane Girard abordar la relación de la humanidad con la naturaleza y hablar de transformar nuestro carácter de dominación con ella

RoZéO propone salir del mundo monetario y regresar a la sensibilidad natura

Cervantino. Uno de los momentos de la presentación de RoZéO en la Plaza Allende.

Esta nota trata sobre una instalación en el paisaje guanajuatense: tres bailarines ondean sus cuerpos contra el cielo, suspendidos sobre varillas metálicas oscilantes, mientras el aire azota sus cabellos, faldas azules y telas blanquecinas.

El público observa a contraluz, a contraviento, en dirección opuesta al sentido de la gravedad; embelesado con RoZéO de la compañía francesa Gratte Ciel, que ocupa y llena la Plaza Allende.

Al terminar, los espectadores hacen coro y se acercan a los artistas -creadores e intérpretes- como para cerciorarse que son de carne y hueso, sacarse una foto, agradecer la experiencia. Algunos juran que les cambió la vida, que es la mejor propuesta cervantina de este año.

Incluso la gente de prensa está conmovida, hubo lágrimas y Carito de la radio asegura que las notas musicales que acompañaron el final de la danza describen la sensación de ver a alguien morir.

Es el último fin de semana del Festival Internacional Cervantino número 54. La propuesta ya se presentó en Ciudad de México, en Zacatecas y todavía llegará a Irapuato (21 octubre) y a León (23 octubre).

LA MAÑANA PREVIA

“Creo que hay lugares en el planeta donde los seres humanos aún están conectados con la naturaleza, la historia, las energías profundas y lo que llamamos fuerzas invisibles, sin por eso caer en algo espiritual o místico”, expresa la artista urbana e historiadora de arte, Camille Beaumier.

Previo a la presentación, en la “Casa de prensa” del FIC, los coreógrafos y directores de Gratte Ciel, Camille Beaumier y Stéphane Girard comentan que RoZéO ha girado mucho alrededor del mundo y que cada vez descubren cosas que no se esperaban.

Camille se refiere a que en Europa occidental el espectáculo se entiende de una manera diferente que en lugares como México o India, “donde la naturaleza es poderosa y muy fuerte, y donde los seres humanos están conectados con ella, hay una conexión directa con RoZéO”.

Por su parte, Stéphane Girard destaca que la intención principal es abordar la relación de la humanidad con la naturaleza y hablar de transformar nuestro carácter de dominación con ella.

“Hablar de naturaleza era una debilidad. Yo como hombre tenía que estar fuerte. Y estar fuerte no es hablar de naturaleza, es tener una relación de poder con la naturaleza, es ser deportista fuerte, más fuerte que la naturaleza. Y de repente surgió el COVID y paró ese movimiento de locura”, plantea.

Le parece que retomar esta conversación es particularmente importante en el “mundo de locura total” actual. “Estamos hablando de Trumpismo, de guerra potencial en Europa, nosotros en Francia estamos muy preocupados por la derecha extrema”, ahonda.

“Pero esos regímenes no quieren nuestra emoción de mierda, quieren algo eficiente. Entonces, el primer combate es actuar piezas de sensibilidad en el mundo para decir que la sensibilidad, la debilidad, es algo que existe. La fuerza no la queremos, la fuerza es dentro de la mente, se toca en otra parte, debe ser la fuerza del amor, nada más”, manifiesta.

Para este propósito, la calle es fundamental. Mientras que Camille nunca se ha preguntado por la posibilidad de encerrar su trabajo en un recinto y opina que el espacio público es la única opción artística, Stéphane Girard lo mira como una decisión consciente, originada en la rabia de sentir que los grandes teatros excluyen a una parte importante de la población.

“Yo ni sabía lo que estaban haciendo dentro porque los teatros están dentro de paredes, yo estaba afuera de la pared. Entendía que era algo muy importante. ¿Cómo puede ser algo tan importante y yo estoy fuera de eso? Había una rabia increíble. Y entonces años después estoy actuando en la calle y entiendo la importancia política de eso”, comparte.

En ese sentido, el artista recuerda que la sociedad entera está “dentro de la calle”, al igual que la posibilidad de libertad.

“No estamos haciendo revolución, estoy simplemente diciendo cuidado, si no estás en la calle, estás dentro de tu casa y ¿qué haces? Ves el teléfono y los algoritmos, das mucho poder a seres humanos de la parte oscura. La parte viva y luminosa del ser humano está dentro de la olla de la calle. Es importante actuar en la calle”, añade.

SER ARTISTA Y DERRUMBARSE

Con el cielo como escenario, RoZéO se acompaña de música electrónica pregrabada y grabaciones de campo. Luego la partitura se fusiona con interpretación vocal en directo, diversos instrumentos, sonidos y silbidos.

Los acróbatas son Danilo de Campos Pacheco, Amélie Kourim, Claire Chastaing. Cabe mencionar a la compositora, Pauline Frémeau y la vestuarista, Anne Jonathan, cuya labor es fundamental para dar sentido a la pieza.

Asimismo, Stéphane Girard incita a leer “L’effondrement” d’Édouard Louis, (traducido al español como El colapso) como una invitación a salir del mundo económico y regresar a la sensibilidad natural, idea que resuena en la poesía contemporánea con aquella evocación de Martín Rangel: a veces el derrumbe es necesario.

Ahora, para los integrantes de Gratte Ciel la pregunta por el futuro es un vacío de incertidumbre. “Sólo tenemos el título de la próxima obra, sin saber lo que vamos a hacer”, adelanta Stéphane Girard. Se llamará ‘Aire, por favor’, porque “necesitamos respirar, en todos los sentidos”.

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