
En el municipio de Santa María Chilchotla, en el corazón de la Sierra Mazateca en Oaxaca, se mantiene viva una de las tradiciones más vibrantes del estado: el mítico regreso de los Huehuentones, la gran festividad del Día de Muertos.
Mediante una ceremonia en los cementerios y un ritual previo, las personas que viven en la región de la Cañada se congregan para invocar a los muertos a través de bailes, y al compás del violín, el tambor y la vihuela. Hombres, mujeres y niños ataviados con ropa de manta, máscaras de madera y sombreros de bejuco inician el primer recorrido hacia el panteón comunitario, punto de partida al que acuden a pedir permiso y recoger a las ánimas para guiarlas de vuelta al mundo de los vivos, posteriormente son recibidos por las familias para bailar, compartir y convivir fraternalmente.
Prestar el cuerpo para el reencuentro
En la cosmovisión mazateca, encarnar a un Huehuentón implica un acto de entrega espiritual: las personas que se caracterizan prestan sus cuerpos físicos para que los espíritus de las personas fallecidas puedan volver a este mundo, abrazar a sus familias y celebrar la vida una vez más.
Mientras tanto, en cada hogar las familias preparan con esmero ofrendas llenas de flores, frutas, platillos tradicionales y bebidas para agasajar a sus visitantes ilustres y a los invitados del pueblo.
Más que una festividad, la S’ui K’ien (Día de Muertos) es memoria y una demostración viva de que los lazos de afecto con quienes ya no están trascienden los límites del tiempo que se siguen trasmitiendo de generación en generación.

Origen y significado
A los Huehuentones se les llama ch’a so h’o en mazateco (la gente del ombligo) y su nombre común proviene del náhuatl huehue (viejito), ya que representan las almas de los ancestros difuntos.
La fiesta de los muertos
Esta celebración se desarrolla durante 10 días a partir del 27 de octubre.