
“Es un escenario brutal, eso hace que las patitas se te sacudan un poquito”, reconoció Javier Aguirre en el partido inaugural ante Sudáfrica. Este jueves, en la victoria 1-0 ante Corea, el Estadio Guadalajara causó el mismo temblor a algunos jugadores que no mostraron sus mejores virtudes.
Brian Gutiérrez y Roberto Alvarado parecían turistas en una ciudad que conocen de memoria. Guadalajara, que tantas veces los recibió entre aplausos, esta vez observó cómo les costaba encontrar espacios.
Los más de 40 mil espectadores tardaron poco en detectar el nerviosismo. Cada control defectuoso provocaba un murmullo. Cada pase equivocado generaba ese sonido tan mexicano que mezcla impaciencia y esperanza. Hoy Corea no sufrió como en los clásicos K-dramas.
Edson Álvarez se lució ante los pocos embates coreanos. Hasta le dio tiempo de aventarse una chilena a espaldas de Tala Rangel para salvar en la línea un gol que sería anulado por fuera de lugar.
La jugada provocó los primeros aplausos antes de que sonaran algunos abucheos, ligeros pero notables para los 11 jugadores mexicanos que mantuvieron su ritmo a medio gas.
El regalo coreano que le dio el triunfo a México
Cuando el encuentro estaba más trabado, se registró una jugada digna del ‘Chanfle’. El gol no llegó como consecuencia del dominio mexicano. Llegó disfrazado de accidente.
Un choque entre el arquero Kim Seung-gyu y Kim Moonhwan dejó una postal que seguramente perseguirá durante años a sus protagonistas. Romo simplemente apareció para aceptar el regalo.
Quiñones se sintió incómodo en la ciudad que lo vio bicampeón con Atlas. La defensa del equipo dirigido por Hong Myung-bo neutralizó al hombre nacionalizado mexicano. Al 75′, recordó la magia que muestra en Arabia e hizo una gran jugada para lanzar un pase impecable a Raúl Jiménez, que impactó con potencia para estrellar el esférico en el villano del partido.
Santi Giménez y Chino Huerta debutaron solo para el registro y para ver cómo se replegó el equipo mexicano. Los cambios no le resultaron al Vasco.
Obed y Orbelín se notaron, pero entraron en mal momento. Sin embargo mostraron menos nerviosismo que algunos titulares.
La ventaja no trajo tranquilidad. Al contrario. Conforme avanzaban los minutos, la tensión comenzó a cambiar de dueño. Los aficionados, que habían pasado buena parte del encuentro empujando al equipo, terminaron mirando el reloj. Corea del Sur empezó a creer y México comenzó a retroceder.
Corea del Sur metió presión y la Selección Mexicana se replegó para defender el liderato general y evitar poner en riesgo su permanencia en el Estadio Ciudad de México.
¿Quién extraña a Ochoa? Tala Rangel se luce
“¡Tala, Tala!”. El Estadio Guadalajara se rindió ante Tala Rangel en los minutos finales. Su única intervención fue celebrada como un golazo de un delantero. Los aficionados mexicanos saltaron y gritaron la atajada en la línea del arquero de las Chivas. Un remate de Cho Gue-sung, a menos de un metro de las redes, causó el mayor susto para la Selección Mexicana.
La Selección Mexicana cumplió otra vez. Sacó los tres puntos y los nervios no se sacudieron. El silbatazo llegó y el público guardó los abucheos; explotó en festejos tras los momentos de tensión que El Tri les provocó en los últimos minutos del partido.
“Un partido para olvidar”, sentenció Aguirre al final.