Escenario

Diana Sedano protagoniza Póstumo, una película dirigida por Lucía Carreras que explora el regreso a la vida desde el realismo mágico. La actriz habla sobre actuar sin conocer el guion, el cuerpo como memoria y la muerte como punto de partida emocional

Diana Sedano en Póstumo: actuar sin guion para descubrir la vida después de la muerte

Diana Sedano

En Póstumo, Diana Sedano interpreta a Dolores, una mujer que despierta sin saber dónde está, quién es ni por qué no recuerda nada. Lo singular del proyecto no radica únicamente en su premisa, sino en el proceso con el que fue construido: Sedano nunca tuvo acceso al guion completo.

“El casting fue una improvisación”, recuerda la actriz. La directora Lucía Carreras le propuso una situación mínima: despertar en un lugar desconocido y encontrarse con su esquela. Esa escena —que terminó siendo la base del personaje— fue también la puerta de entrada a una forma de trabajo poco convencional. “Lucía necesitaba saber si estábamos dispuestos a trabajar sin conocer el texto”, explica Sedano.

El método no respondía a un capricho, sino a una búsqueda artística precisa. Carreras, también guionista, diseñó una experiencia en la que los actores descubrieran la historia al mismo tiempo que sus personajes, eliminando cualquier anticipación emocional. Sedano sabía únicamente los grandes ejes: la época de Dolores, su vínculo con el cine, su amor por su familia y el dolor que arrastraba. Todo lo demás se revelaría durante el rodaje.

Esta decisión transformó la actuación en un ejercicio de escucha radical. “Tenía que estar muy presente, muy disponible”, señala. Sin el respaldo de un texto previo, cada reacción debía surgir del momento, del cuerpo y de los sentidos. Póstumo no se actuó desde la certeza, sino desde la vulnerabilidad.

Ese riesgo se trasladó también a la puesta en escena. La primera secuencia que filmaron fue, justamente, el despertar de Dolores. Sedano fue llevada al set con los ojos cerrados para no reconocer el espacio antes de tiempo. El desnudo inicial no era gratuito: era una forma de subrayar el desamparo absoluto del personaje, su regreso a un mundo que ya no le pertenece.

Postumo

El cuerpo como archivo: memoria, tiempo y realismo mágico

Dolores despierta creyendo que sigue en los años setenta, pero el mundo que la rodea pertenece a otra época. La película construye ese desplazamiento temporal desde lo íntimo, sin explicaciones inmediatas ni artificios narrativos evidentes. Para Sedano, la clave estuvo en confiar en los sentidos antes que en las ideas.

“Si me ponía a pensar qué significa volver de la muerte, no me ayudaba”, explica. “Lo que ayuda es sentir”. En lugar de racionalizar lo sobrenatural, la actriz decidió darle el mismo peso de realidad que a cualquier experiencia cotidiana. Dolores ve, escucha, huele y toca. Su cuerpo reconoce antes que su mente.

Un ejemplo revelador ocurrió durante el rodaje: en el departamento donde despierta Dolores había una televisión de plasma. Sedano nunca la vio. “Mis ojos no la registraron”, dice. El personaje no tenía herramientas para reconocer ese objeto, y el cuerpo simplemente lo ignoró. La experiencia confirmó algo que la actriz intuyó desde el inicio: la percepción también está condicionada por la memoria.

A lo largo de una sola noche, Dolores descubre su muerte, su pasado y un vínculo familiar inesperado con Luis, el personaje interpretado por Adrián. El encuentro entre ambos solo es posible desde el realismo mágico, pero la película evita el tono fantástico tradicional. Aquí, lo sobrenatural no irrumpe con estruendo: se filtra de manera silenciosa.

Sedano señala que uno de los mayores retos fue sostener los contrastes emocionales. Dolores transita entre el miedo, la confusión, la atracción, el rechazo y la pasión. “No quería que fuera un personaje solemne”, explica. Para ella, los contrastes son lo que mantiene viva a una persona, lo que evita que se vuelva plana o predecible.

La relación con Luis está atravesada por esa ambigüedad. Hay cercanía y distancia, deseo y resistencia. En ese vaivén, la actriz encontró un terreno fértil para explorar el dolor desde múltiples capas, sin reducirlo a una sola emoción dominante.

Lucía Carreras y el arte de escuchar en escena

El proceso de Póstumo estuvo profundamente marcado por la dirección de Lucía Carreras. Sedano la describe como rigurosa y, al mismo tiempo, abierta al accidente creativo. La ausencia de guión exigía una construcción previa muy sólida del personaje, pero también la disposición a dejarse modificar por el otro.

“La escucha era todo”, afirma la actriz. Escuchar al compañero, al espacio, al silencio. Para que eso funcionara, cada actor debía llegar con un trabajo interno muy profundo. Solo así podían reaccionar con verdad a cualquier información inesperada.

Esa lógica se extendió a lo técnico. Aunque las escenas estaban planeadas, Carreras permitía que los impulsos actorales redefinieran la puesta en cámara. “Hubo momentos en que cambiaron todo el emplazamiento por seguir nuestros movimientos”, recuerda Sedano. Esa flexibilidad no es común en el cine, pero fue posible gracias a un equipo reducido y a una confianza absoluta en el proceso.

El resultado es una película donde la forma responde al estado emocional de los personajes, no al revés. La cámara observa, acompaña y se adapta. El espacio se convierte en un personaje más, cargado de tiempo y ausencia.

En el contexto de su trayectoria reciente, Sedano reconoce puntos de diálogo entre Dolores y otros personajes que ha interpretado, como Juana. No desde la similitud, sino desde un núcleo compartido: un dolor profundo y una pasión intensa por aquello que las define. “Los personajes te escogen”, dice, retomando una idea que la ha acompañado desde su formación.

Sobre lo que espera que el público se lleve de Póstumo, la actriz es clara: no busca moralejas. Prefiere pensar la película como una invitación. “Es perturbadora, pero también conmovedora”, afirma. Una historia que se atreve a proponer otras formas de encuentro, otras narrativas posibles para hablar de la muerte, el linaje y el amor.

Póstumo no ofrece respuestas cerradas. Propone, más bien, una experiencia sensible que exige al espectador abrirse a lo inesperado. Como Dolores, quien despierta sin certezas, la película invita a mirar desde otro lugar aquello que creemos conocer.

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