
Hablar del debut discográfico de Diego Mena implica hablar de desplazamiento, de identidad y de una búsqueda constante por no encasillarse. Rompiendo Fronteras, álbum que verá la luz en marzo de 2026, no nace como un ejercicio de estilo ni como una estrategia de mercado, sino como una declaración personal: la música como espacio donde las raíces viajan contigo, incluso cuando el territorio cambia.
Aunque actualmente reside en Houston, Texas, Diego Mena nació en la Ciudad de México y creció rodeado de música. Su vínculo con el rock en español no es fortuito: viene directamente de casa. Su padre formó parte de una banda durante los años ochenta, y ese sonido —marcado por guitarras, melodías melancólicas y una lírica directa— se convirtió en una presencia constante desde la infancia. A ese universo se sumaron el classic rock anglosajón, el pop latinoamericano y, de manera inevitable, el regional mexicano que forma parte del paisaje sonoro cotidiano de muchas familias.
Lejos de jerarquizar géneros, Mena los entiende como lenguajes complementarios. Su álbum debut estará conformado por diez canciones que transitan entre el pop rock, el urbano, el regional y matices indie, sin pedir permiso ni buscar una pureza estilística. El hilo conductor no es el ritmo ni la instrumentación, sino una idea más profunda: la posibilidad de conectar sin barreras.
Houston, ciudad donde conviven comunidades venezolanas, colombianas, puertorriqueñas, mexicanas y europeas, terminó de moldear esa visión. Vivir ahí implicó escuchar nuevas músicas, compartir escenarios con artistas de distintos orígenes y entender que la identidad cultural no es una línea recta, sino un mapa en constante expansión. En ese cruce de acentos y tradiciones, Mena encontró el impulso definitivo para un proyecto que se niega a ser monocromático.

Memoria, migración y escenario: lo que dejó la carretera
Antes de consolidar su carrera solista, Diego Mena lideró la banda The Urbans, con la que recorrió diversas ciudades de Estados Unidos. Esa etapa fue clave no solo en términos técnicos, sino emocionales. La experiencia del escenario, el contacto directo con el público y el rigor del show en vivo moldearon su forma de componer y de entender la música como acto colectivo.
Cantar en vivo, explica, es un ejercicio de honestidad absoluta. No hay filtros ni correcciones posibles. La voz, el cuerpo y la energía revelan de inmediato si hay verdad en lo que se está interpretando. Ese aprendizaje lo acompañó al momento de construir su identidad como solista, permitiéndole reconocer sus límites, pero también su sonido propio.
Esa misma honestidad atraviesa la narrativa lírica del álbum. Para Mena, la letra es el centro de la experiencia musical. Es ahí donde ocurre la conexión emocional, donde el público puede reconocerse, aunque el contexto sea distinto. Cada canción funciona como una historia que se sostiene tanto por el sentimiento como por la melodía.
En ese sentido, Rompiendo Fronteras dialoga directamente con la experiencia migrante. No desde la nostalgia pasiva, sino desde la exploración. El álbum no intenta “recuperar” una identidad perdida, porque, como el propio artista señala, las raíces no se rompen. Lo que propone es salir de la zona de confort, asumir el cambio como parte del crecimiento y permitir que nuevas influencias convivan con las de siempre.
Este enfoque también se refleja en la construcción sonora del disco. Trabajar con productores como Jorge Pelú, Oli Aguilar, Brun OG y Raúl Sotomayor abrió un abanico de posibilidades creativas. Cada colaboración aportó una perspectiva distinta, ayudando a definir un universo sonoro más amplio, sin diluir la esencia del proyecto. Más que imponer un molde, el equipo creativo funcionó como catalizador de una nueva etapa artística.

Identidad latinoamericana, posicionamiento político y una “alma vieja”
Aunque su historia personal está profundamente ligada a México y Estados Unidos, Diego Mena se asume como parte de una identidad latinoamericana más amplia, algo que se refleja tanto en su música como en su posicionamiento frente a los contextos sociales y políticos de la región. En particular, su cercanía con comunidades venezolanas en Houston ha marcado su sensibilidad ante lo que ocurre en ese país.
En la conversación, Diego Mena no evade el contexto político y social que rodea hoy a las comunidades migrantes en Estados Unidos. Al referirse a las recientes acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) —particularmente tras los hechos ocurridos en Minnesota—, el músico señala con claridad que se trata de una situación dolorosa y deshumanizante, donde la persecución migratoria termina por romper familias y cancelar proyectos de vida. Para Mena, el endurecimiento del discurso y de las operaciones migratorias contradice la lógica básica de quienes cruzan fronteras buscando bienestar y estabilidad para los suyos. Sin recurrir a consignas, su postura se coloca desde un lugar empático: el de quien entiende la migración como un acto de supervivencia y no como un delito, y expresa su deseo de que, eventualmente, “la gente pueda ver un poco de la luz al otro lado del túnel”, tanto desde lo político como desde lo humano.
En paralelo, el álbum dialoga con una estética que remite a otras épocas. Diego Mena se define a sí mismo como alguien con “alma vieja”, influenciado por el espíritu creativo de los años setenta y ochenta. No se trata únicamente de nostalgia, sino de una forma de entender la música como territorio de experimentación. Aquellas décadas, marcadas por la ruptura de moldes y la apertura de nuevos caminos sonoros, funcionan como referencia para una propuesta contemporánea que busca dialogar con nuevas audiencias.
El resurgimiento de estéticas vintage, tanto en la moda como en la música, ha facilitado ese puente generacional. Para Mena, la música no tiene edad ni un timeline específico: una buena canción puede atravesar décadas sin perder vigencia. Esa idea se convierte en uno de los pilares conceptuales del álbum.
Al final, lo que Diego Mena espera que el público descubra al escuchar Rompiendo Fronteras no es solo un ejercicio de diversidad musical, sino una declaración de principios. Explorar distintos géneros no como estrategia, sino como necesidad vital. Abrir puertas, probar caminos nuevos y permitir que la música sea el motor que guíe cada decisión creativa.
Con este debut, Mena no busca definir un destino final, sino dejar claro que su proyecto está en movimiento. Y en ese trayecto, romper fronteras no es un gesto simbólico, sino una forma concreta de existir dentro y fuera del escenario.