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Guadalajara, 484 años de historia y un futuro en construcción

Hay ciudades que envejecen con los años y hay otras que, como el buen tequila, parecen mejorar con el tiempo. Guadalajara pertenece sin duda a esta última categoría: una ciudad que no sólo cumple años, sino que se reinventa, se transforma y, sobre todo, se resiste a quedarse quieta.

A sus 484 la capital jalisciense vive un momento peculiar de su historia. La ciudad avanza entre la nostalgia de sus tradiciones y el impulso de la modernidad, entre el sonido del mariachi en sus plazas y el vértigo de sus zonas comerciales que crecen sin tregua. Guadalajara cambia, y en ese cambio encuentra su identidad.

Hoy, bajo la administración de la presidenta municipal Verónica Delgadillo, la ciudad tiene ante sí una enorme oportunidad de evolucionar hacia un modelo urbano más digno, más ordenado y más humano. La visión de una Ciudad que te Cuida no es sólo un lema político: es una apuesta por una administración sensible, transparente y corresponsable, donde el bienestar de los habitantes se vuelve prioridad y donde la calidad de vida deja de ser promesa para convertirse en proyecto.

Guadalajara

El plan contempla la remodelación, restauración y mantenimiento de espacios urbanos, el rescate de unidades deportivas, la mejora de servicios públicos y estrategias para atraer habitantes al corazón de la ciudad mediante vivienda accesible cerca de centros de trabajo. La intención es clara: una Guadalajara más compacta, limpia, segura y habitable. En otras palabras, una ciudad donde vivir bien no sea un lujo sino una posibilidad cotidiana.

Y si algo distingue este periodo es también el liderazgo femenino. No sólo porque Delgadillo es la primera mujer electa como presidenta municipal de Guadalajara, sino porque la historia misma de la ciudad tiene un origen profundamente femenino. Fue Beatriz Hernández quien, con determinación histórica, decidió el asentamiento definitivo en el Valle de Atemajac. Desde entonces, podría decirse que Guadalajara nació con carácter.

Hoy ese protagonismo femenino se refleja en políticas públicas como el programa Fuerza Mujeres, que impulsa a emprendedoras mediante apoyos y créditos; en la participación ciudadana promovida por iniciativas como Cuidamos Guadalajara y Guardianes de la Ciudad; y en una visión de gobierno que reconoce el papel de la comunidad en la construcción del espacio público. Porque una ciudad también se construye con cuidado, y el cuidado, históricamente, ha tenido rostro de mujer.

Pero Guadalajara no es sólo administración y planeación urbana. Es, ante todo, cultura viva. Es cuna de valores profundamente mexicanos: el mariachi que eriza la piel, el tequila que acompaña la celebración, las tradiciones que sobreviven generación tras generación y el orgullo de una identidad que se defiende con alegría.

Basta caminar por sus barrios para entenderlo: el espíritu del Santuario, la identidad de Mexicaltzingo y la tradición de Analco dialogan con la arquitectura colonial, la infraestructura moderna y los corredores urbanos que miran al futuro.

Guadalajara no cancela su pasado: lo integra, lo transforma y lo vuelve contemporáneo.

Lo mismo ocurre con su gastronomía, ese territorio donde la tradición y la modernidad libran una deliciosa batalla. Aquí la torta ahogada —santa patrona del antojo tapatío— convive sin complejos con propuestas de cocina internacional, restaurantes de autor y fusiones culinarias que confirman una verdad incuestionable: en Guadalajara se come bien, se come mucho y se come con identidad. La ciudad alimenta el cuerpo, pero también el alma.

En esta dinámica de transformación aparece otro horizonte que proyecta a la Perla de Occidente hacia el mundo: la cercanía del Copa Mundial de la FIFA 2026. La justa deportiva representa no sólo una vitrina internacional, sino una oportunidad histórica para fortalecer la infraestructura urbana, impulsar el turismo y mostrar al planeta una ciudad orgullosa de su esencia y segura de su futuro.

Guadalajara

Porque Guadalajara es, ante todo, una ciudad en movimiento. Una ciudad que restaura su pasado mientras construye su porvenir. Una ciudad que honra sus raíces sin temer a la innovación. Ahí radica parte de su encanto: en esa capacidad de transformarse sin dejar de ser ella misma. Guadalajara cambia, evoluciona, se proyecta. Y mientras lo hace, sigue recordándonos que las ciudades —como las personas— viven mejor cuando saben de dónde vienen y hacia dónde quieren ir.

Hoy, a más de cuatro siglos de su fundación, la Perla de Occidente sigue latiendo con fuerza, orgullosa de su historia, consciente de sus desafíos y optimista frente a su destino. Y si algo ha demostrado en estos 488 años es que su vocación no es simplemente existir, sino trascender.

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