
Le comparto reflexionar sobre una lamentable paradoja:
Los indicadores generalmente aceptados, de la ONU e INEGI que miden la felicidad e infelicidad del pueblo mexicano reportan que, en términos generales, es feliz y está satisfecho con su vida.
Se sustentan en la riqueza de sus vínculos afectivos, redes de convivencia con familiares, amigos, vivir sin estrés para conseguir alimentos y una expectativa de vida con autonomía y tiempo libre.
Esos umbrales de felicidad no guardan relación con su solvencia económica, accesos a educación o servicios públicos, tampoco con altos niveles de violencia o narco gobiernos corruptos.
En cambio, y en ello radica la paradoja, esa felicidad guarda una relación extraña y directa con el uso de pantallas y telefonía móvil, como agentes placebos compensatorios y efímeros, pero relajantes al fin.
En términos prácticos y desde luego, con marcados matices de género, gustos y edades, las inquietudes populares, en gran medida se orientan y satisfacen con pantallas.
Ciertamente, con lucecitas y sonidos que desarrollan sensaciones de felicidad inconsciente efímera y adictiva en una cantidad increíble de cautivos consumidores de cientos de breviarios sucesivos al día que no exigen esfuerzo de reflexionar.
Se trata de estímulos fugaces que por su simplismo e irrelevancia ni siquiera son susceptibles de registrarlos en su memoria; la única condición es que sean brevísimos, sin importar su vacuidad.
SABEN MÁS DE INFLUENCERS
Los mexicanos, hoy saben más de shows televisivos que de su sistema jurídico o civismo, más de “influencers” que de sus servidores públicos o héroes nacionales.
Las pantallas ofrecen la percepción de estar a gusto, sin prisa, evaden tensiones, son fuentes de placer al alcance de la mano, sosiegan ansiedades, permiten mantener vínculos remotos y brevísimos con terceros que cada quien atiende a la hora que quiera, cómodamente y en volumen suficiente para sentir esa felicidad momentánea.
Las pantallas cubren vacíos y aportan felicidad momentánea en solitario, provocan una extraña percepción de realidad que la descontextualiza y progresivamente provoca a aislamientos cómodos incompatibles con las relaciones interpersonales reales que aportan felicidad real duradera y sustentada en vínculos afectivos convivenciales.
El simplismo y vacuidad de esos pasatiempos adictivos han producido sujetos con pérdida de memoria, de vocabulario, incapaces del pensamiento profundo, han destruido hábitos como la lectura que históricamente fue vehículo de superación personal y acceso a la cultura.
El pensamiento influenciado por la adicción a las pantallas, explica en gran medida la apatía ciudadana por los temas políticos y electorales.
SOCIEDADES PROCLIVES A LA MEDIOCRIDAD
Es así como, a pesar de las mediciones de felicidad por vínculos de convivencia, se están produciendo sociedades proclives a la mediocridad y manipulación mediante esos impulsos adictivos imperceptibles inoculados con repeticiones sin escrúpulos mediante pantallas; pasa con campañas de consumo y políticas.
Así son las cosas, ahora, pondere que estas masas votando o con su abstención indiferente, son quienes convalidan los gobiernos, con todo y su desinterés en asuntos públicos; el voto de cada uno de ellos vale idéntico al suyo que puede ser profundamente meditado y a eso le seguimos llamando democracia.
Ellos por su número, definen el destino político con todo y su despreocupación por los asuntos públicos y los fenómenos de corrupción que repudiamos.
La manipulación de masas ha sido un fenómeno político en toda la historia, a veces, con métodos teológicos, económicos o bélicos, pero el uso y manipulación de mentes ha sido secular al homo sapiens y su modo de vida en sociedad.
Irremediablemente, en estos tiempos críticos de la tecnología digital, adormecimiento de masas que se perciben felices, narco estados, violencia, políticos corruptos, márketing subliminal y populismos, los temas electorales y el relevo de políticos, se seguirá llevando a cabo mediante mecanismos turbios, ajenos a la democracia.
¡Esa es la voz de alarma!, la sociedad crítica debe encontrar rumbo a pesar del espejismo de felicidad de las masas y sus placebos.
La sociedad opositora al régimen, deben apostarle a la creatividad y a que en México son más los hombres y mujeres de buena voluntad repelentes a la maldad con todo y sus simplismos y adicciones.
Las voces críticas de México deben encontrar la forma de llegar a las masas indiferentes, su adicción a las pantallas es el vehículo que utiliza el estado.
Ahí están las historias de pueblos que antaño se percibían felices, toleraron gobiernos criminales y un día descubrieron que sus líderes eran sus verdugos.
Un día descubrieron que no eran felices y podían derrocar a sus tiranos.
José Carlos González Blanco.