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La vida es una serie de encuentros, reencuentros y desencuentros

Literatura y Crítica Literaria Primera parte: Antes del curso

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En la década de los años 60 y 70 del siglo pasado, tenían lugar en Guadalajara los Cursos de Verano, cientos de gringas venían a “estudiar” y los jóvenes tapatíos de entonces se alborotaban tanto con ellas, que se rompían noviazgos por aquí y por allá; los mismos que se reanudanban cuando las gringas regresaban a su país y las cosas volvían a su lugar.

En esos tiempos nació el tapatío un millón, era esperado con gran espectativa porque con él, Guadalajara dejaría de ser “El rancho grande”, como la llamaban los capitalinos

En otro de esos veranos, antes o después, se filmó la película Guadalajara en verano, protagonizada por una quinceañera de ese tiempo, que tenía nombre de personaje de cuento infantil. Era hija de una de tres hermanas famosas por su belleza. La chica era su digna heredera. Gracias a que mi mamá y su mamá eran amigas, fuimos invitados a su fiesta de cumpleaños, mi hoy marido y yo.

Su familia era considerada como de “nuevos ricos”, mal vistos por los tapatíos de prosapia por ostentosos. Los de abolengo eran discretos y sabían guardar las apariencias.

Los cursos de verano eran organizados por universidades de Estados Unidos, que contrataban a profesores de aquí para impartir algunas materias o dar una charla. Uno de ellos era el maestro Víctor Cuéllar, de grata memoria.

Fue precisamente él quién me invitó, en la década de los 90, ya convertida en escritora, a dar unas conferencias en los cursos de verano que la Universidad de San Diego organizaba en el ITESO.

El motivo por el que fui requerida, era porque a los americanos les interesaba el hecho histórico de las explosiones de gasolina ocurridas en Guadalajara en 1992 y que yo consigné en mi novela Y apenas era miércoles.

El director de los cursos era el doctor Carl Jubran, que tradujo esa novela al inglés, para que fuera más accesible para los estudiantes americanos. En ese tiempo el maestro Víctor Cuéllar, hacia un libro titulado Praesidium, sobre literatura. Carl Jubran lo tradujo. Fue una edición bilingüe Español/Inglés, al que me invitaron a colaborar con un texto de Crítica Literaria.

En él narro el proceso de la escritura de otra de mis novelas: La mujer del policía, publicada por la editorial Biblioteca de Textos Universitarios, de la Universidad Católica de Salta, Argentina. Así se unieron Guadalajara, San Diego y Salta.

La directora de la editorial, era la maestra Iride Rosi de Fiori, a quién había conocido en el 3° Simposium de Escritoras Latinoaméricanas, organizado por la escritora nicaguarence Milagros Palma, en París, en 1993.

Fui invitada por ella a leer mi novela La Señora Rodríguez y otros mundos, en la sede de la Unesco, en París, en 1992.

Al año siguiente yo organicé el 4° Simposium en Guadalajara, en el que volvió a participar Iride y que culminó en una amistad sólida entre ella y yo.

Esta serie de encuentros y reencuentros vino a mi mente porque hace unos días, mi hermano Luis Mario, me dió varios ejemplares de Praesidium, en el que viene el texto que escribí. Otros autores que están en este libro son Mempo Giardinelli y Patricia Rosas Lopategui.

Así se fueron encadenando encuentros hasta llegar a esta Guadalajara del 2026, en que ya no hay cursos de verano, el maestro Víctor Cuéllar ya falleció, igual que Iride y de Carl Jubran no he vuelto a saber.

En la segunda parte de este ensayo compartiré mi texto titulado: Jugando con el lobo. Genealogía de la novela La mujer del policía, de Martha Cerda.

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