Guadalajara

¿Perder la identidad es perder la existencia?

Spiritual urgente: Sobre el verdadero peligro de perderse y/o Mínimo tratado de la no existencia

Es fácil afirmar que algo no existe cuando no se ha sido capaz de respirar aquello como un perfume y fue necesario llevarse como una piedra en el pecho en lugar de un ramo de flores blancas en ese mismo lugar que no es físico pero lo es de manera profunda, porque somos seres duales (múltiples en más de un sentido), seres tan extraños que, algunos meditan, aunque sea una fracción de segundo, sobre la posibilidad de considerar como experiencia vital deseable el tener comportamientos de Gran Danés o Bulldog al mismo tiempo que se tiene cuerpo de ser humano, ¿se puede tomar en serio esta conducta? ¿Será que de las posibles respuestas a esa pregunta, que parece ociosa, nace la literatura?, vemos luego cómo se abre una cantidad ingente de caminos hechos de palabras como las ramas de un árbol y de ellas nacen otras preguntas: ¿Literatura con mayúscula?, ¿apenas pasquines que sólo merecen una lectura rápida y distraída?

Es curioso, cada palabra puede ser como una esfera que da vueltas interminablemente y en ese movimiento muestra su polisemia y esta misma palabra fija un significado de manera permanente, como un mástil desde el cual elevar la bandera de la Serendipia y de ese modo todo es juego, un sumergirse en las cálidas aguas del azar.

Aquí un ejemplo: Amsterdam no existe, pero es: un aeropuerto grande y bello; una mujer llorando mientras el que mira, desde su monolingüismo empedernido no es capaz de ofrecerle ni un abrazo; es un correr y correr pero a la vez una mirada fija aunque frenética frente a un par de minúsculos zuecos de madera; una extraña conciencia del cuerpo, del golpeteo del propio corazón; un dibujo en azul marino y blanco; un lugar donde ocurre la vida, como sólo pueden ser los sitios donde perderse significa ser otro para siempre: sin lenguaje, sin patria, apenas un extraño signo perdido en el paisaje (pero quien así piensa, lo hace porque carece de la imaginación necesaria para afrontar la pérdida de su identidad, mínima pero propia, y se pregunta en medio de un profundo suspiro: ¿perder la identidad es perder la existencia?).

Guadalupe Ángeles. Crédito fotografía: Isabel Jazmín Ángeles

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