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Existimos porque resistimos

Probablemente todos conocemos las siglas LGTBQ+, cada letra significa una orientación sexual o identidad de género diversa. La “L” se refiere a la orientación lésbica y se pone al inicio del acrónimo para visibilizar a las mujeres cuya orientación sexo-afectiva se dirige a otras mujeres.

Desde que se tienen registros de las prácticas sexuales de la humanidad, se han documentado relaciones entre mujeres; sin ir más lejos, el término lesbiana se debe a que la poeta Safo (630-610 A.C.), de la isla de Lesbos, en la actual Grecia, escribió una obra lírica de gran calidad, relativa al amor entre mujeres.

Sin embargo, las prácticas documentadas no necesariamente significaron una identidad diferente, sino una manera más de relacionarse entre mujeres. Inclusive, a pesar del registro de estas prácticas, para muchas sociedades y culturas la interacción entre mujeres no se reconocía como “sexual”.

Por otro lado, también abundan los registros de mujeres que vestían y vivían circunstancial o definitivamente como hombres, a quienes se consideraba como tales en tanto hubieran demostrado cualidades masculinas que les permitiesen el cambio de estatus, particularmente en el caso de logros caballerescos y militares.

Cuando en Europa Occidental (alrededor del 1250 D.C.) comenzaron a catalogarse las prácticas sexuales permitidas y prohibidas, tanto por la religión como por las leyes, las penalizaciones se enfocaron en las actividades homosexuales masculinas y las relaciones entre mujeres quedaron en un segundo plano, hasta que en Inglaterra a finales del siglo XVIII emergió el concepto de “amistad romántica”, como un eufemismo para referirse a las relaciones de pareja entre mujeres, que sin embargo resultaba muy ambiguo en cuanto al aspecto físico de la relación.

A pesar de haber existido siempre mujeres que aman exclusivamente a otras mujeres e incluso que adoptan roles de género masculinos, la historia silenció o ignoró su existencia hasta que a principios del siglo XX, en el marco de los aires de libertad de la época de entreguerras, surgieron voces en la literatura y la cultura que reivindicaban la identidad lésbica.

Este reconocimiento ha sido toda una batalla durante del siglo XX, pues el patriarcado, siempre obsesionado con la homosexualidad masculina, y dentro de los mismos círculos del activismo gay, ha corrido un velo de invisibilización histórica y social a la identidad lésbica que hasta la epidemia del SIDA, a finales de los años 80 y la década de los 90, fue muy difícil de romper. En esos años, la solidaridad de las lesbianas en el activismo y en la lucha con el movimiento homosexual en Estados Unidos consiguió que la letra “L” precediera a la letra “G” (Gay) en el acrónimo que aglomera al espectro de la diversidad.

El reconocimiento de la identidad lesbiana va mano a mano con el reconocimiento de su derecho a formar una familia: casarse y tener hijos en común; gozar su derecho a la expresión, a la personalidad, a una educación sexual que las incluya, y una vida libre de violencia y discriminación, pero también a tener referentes históricos y culturales propios.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) de 2022, realizada por INEGI, un aproximado de 490 mil mujeres en México se reconocen como lesbianas, aunque estos datos son inciertos, pues muchas mujeres aún podrían estar en el clóset ante el miedo al rechazo social y familiar que todavía persiste en este país, en el que además se han extendido estereotipos muy negativos sobre las lesbianas.

A pesar de ello, y todavía con menor visibilidad que el colectivo gay, en cada junio, mes del orgullo, se puede apreciar que las mujeres lesbianas insisten en ser reconocidas y en que al igual que el resto de las mujeres, su vida personal es política, porque encarna muchas formas de opresión, pero también de resistencia.

Mariana Espeleta Olivera y María de la Concepción Sánchez Domínguez-Guilarte

*Por Mariana Espeleta Olivera y María de la Concepción Sánchez Domínguez-Guilarte, académicas del Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia del ITESO

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