Metrópoli

El desconocimiento del presupuesto participativo mantiene una brecha entre la inconformidad ciudadana y las decisiones públicas en la CDMX

Colonias esperan mejoras, y vecinos no participan: 9 de cada 10 no votan en consulta de Presupuesto Participativo

Colonias que esperan mejoras, y vecinos que no participan: 9 de cada 10 no votan en consulta de Presupuesto Participativo La Consulta presupuesto Participativo "Enchula tu Colonia" tiene casillas en todas alcaldías pero, resularmente, muestran baja afluencia. (Andrea Murcia Monsivais)

Miles de capitalinos expresan inconformidad por el deterioro urbano en sus colonias, pero sólo 4% participa en la elección del presupuesto participativo, el mecanismo que justamente decide obras locales.

Entre desinformación, desconfianza institucional y falta de difusión, autoridades electorales advierten que la ciudadanía reclama cambios sin usar uno de los pocos instrumentos directos para lograrlos.

En la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, en Iztapalapa, las calles muestran baches antiguos, luminarias intermitentes y un parque infantil con juegos oxidados. Para los vecinos, el abandono es parte del paisaje cotidiano, algo ya evidente; lo que no resulta tan claro es que cada año existe una votación para decidir qué obra pública debe realizarse en el lugar.

“Llevamos años pidiendo que arreglen el alumbrado. Ya hasta juntamos firmas. En redes sociales muchos han hecho el llamado a las autoridades”, cuenta Rosa María Hernández, comerciante de 52 años. “Pero nadie nos hace caso. Aquí todo sigue igual”.

Cuando se le pregunta si ha participado en la consulta del presupuesto participativo, duda unos segundos.“No sabía que nosotros podíamos votar eso. Pensé que lo decidía la alcaldía”.La escena se repite en distintos puntos de la capital. En Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Tlalpan o Xochimilco, vecinos entrevistados por Crónica coinciden en diagnósticos similares, que detallan calles deterioradas, falta de mantenimiento o espacios públicos abandonados. Sin embargo, la mayoría desconoce el mecanismo mediante el cual podrían influir directamente en esas decisiones.

“No lo conocía…” dicen en pocas palabras.

El presupuesto participativo permite que habitantes de cada colonia elijan proyectos de mejora urbana mediante votación ciudadana organizada por el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM). Las propuestas pueden incluir desde rehabilitación de parques hasta cámaras de seguridad u obras hidráulicas.

A pesar de ello, la participación sigue siendo mínima.

Instrumento con poca participación

Datos oficiales muestran la dimensión del problema. En la Consulta de Presupuesto Participativo 2025 participaron 295 mil 549 personas, apenas 4% de la lista nominal capitalina, integrada por más de 7.3 millones de ciudadanos.

Es decir, nueve de cada diez habitantes con derecho a opinar no acudieron a decidir cómo gastar recursos públicos destinados específicamente a sus colonias.El ejercicio definía el destino de aproximadamente 2 mil millones de pesos para proyectos comunitarios en toda la ciudad.

Paradójicamente, el número de proyectos registrados sí ha crecido. En 2025 el IECM recibió 22 mil 702 propuestas ciudadanas, la cifra más alta en seis años. Según lo expresado por la mayoría de vecinos, existe interés organizado en algunos sectores, pero no logra convertirse en participación masiva.

“No hemos logrado nosotros superar el 10% de participación. Es muy complejo, siempre ha resultado muy complejo motivar y sí, debo de resaltar que buena parte de ese desaliento o de esa falta de vinculación de la ciudadana tiene que ver con el no cumplimiento de los proyectos que salen seleccionados, porque siempre hay algún argumento para no llevar a cabo los proyectos”, afirma en entrevista Patricia Avendaño, consejera presidenta del IECM.

“El tema es que en estos momentos hay recursos, hay manera de que la ciudadanía, si su proyecto no fue valorado previamente como positivo, puedan acudir a los Tribunales para pedir que se revalore por parte de las alcaldías la ejecución de los proyectos”.

“Nos quejamos, pero no sabemos cómo participar”

En la colonia Santa María la Ribera, Mauricio Reyes, diseñador gráfico de 29 años, reconoce que suele reclamar en redes sociales por la inseguridad y el deterioro urbano.

“Siempre veo publicaciones diciendo que el gobierno no arregla nada. Yo también lo hago”, admite. “Pero sinceramente nunca he votado en eso del presupuesto participativo porque no sé cuándo es ni cómo funciona”.

El desconocimiento aparece como un patrón común. Una encuesta informal realizada durante este reportaje entre 25 vecinos de distintas alcaldías mostró que más de la mitad no sabía que podía votar proyectos para su colonia, mientras que otros creían que se trataba de elecciones partidistas.

El IECM ha reconocido este reto. Consejeros electorales han señalado en diversas sesiones públicas que uno de los principales obstáculos es la falta de información ciudadana sobre mecanismos de democracia directa.Durante los procesos recientes, autoridades electorales insistieron en la necesidad de fortalecer la educación cívica y simplificar la participación digital para ampliar el alcance del instrumento.

El instituto incluso habilitó plataformas en línea para consultar proyectos por colonia y facilitar la votación informada. Sin embargo, la brecha persiste.

La desconfianza también pesa

En la colonia Pedregal de Santo Domingo, en Coyoacán, la percepción, además de ser por desconocimiento, también es escepticismo.

“Una vez votamos para arreglar un parque y nunca vimos nada”, afirma José Luis Martínez, electricista de 61 años. “Entonces la gente deja de creer”.Casos como éste exponen otro problema, que es que la ejecución tardía o poco visible de proyectos puede generar desánimo ciudadano, aun cuando sí existan procesos administrativos en marcha.

El presupuesto participativo representa actualmente alrededor del 4% del presupuesto anual de cada alcaldía, destinado exclusivamente a proyectos vecinales, pero el impacto no siempre es perceptible para todos los habitantes.“La gente necesita ver resultados claros y rápidos; si no, piensa que votar no sirve”, explica la politóloga Laura Sánchez, especialista en participación comunitaria consultada para este reportaje.

La paradoja democrática

El contraste es que, mientras las quejas sobre servicios urbanos abundan en redes sociales, reuniones vecinales y protestas locales, la participación formal permanece baja.

En términos comparativos, el 4% de participación del presupuesto participativo es incluso menor que otros ejercicios ciudadanos considerados de baja afluencia.Para autoridades electorales, esto revela un problema estructural más profundo que la simple apatía.

Funcionarios del IECM han señalado que el desafío consiste en transformar la cultura política tradicional —centrada sólo en elecciones de cargos públicos— hacia una ciudadanía que intervenga también en decisiones cotidianas del entorno urbano.

El propio instituto ha destacado que el presupuesto participativo busca fortalecer la convivencia comunitaria y reconstruir el tejido social mediante decisiones colectivas. Pero esa aspiración enfrenta obstáculos culturales.

Entre la vida diaria y la política local

En San Lorenzo Tezonco, Maribel García, madre trabajadora de 38 años, resume otro factor frecuente: el tiempo.

“Trabajo todo el día y llego cansada. Si no me explican fácil cómo participar, pues no voy”, dice. “No es que no quiera, es que nadie te informa bien”.

Aunque el IECM implementó voto anticipado y modalidades digitales —con más de 16 mil registros en 2025—, la cifra sigue siendo marginal frente al tamaño de la ciudad.

Los consejeros electorales coinciden en que la participación ciudadana suele depender de tres elementos: información clara, confianza institucional y percepción de resultados. Si uno falla, el sistema pierde legitimidad social.

La consecuencia es un ciclo difícil de romper, es decir, vecinos perciben abandono urbano, reclaman a autoridades locales, desconocen mecanismos de decisión directa, no participan y las decisiones quedan en manos de una minoría activa.

Así, proyectos que afectan a miles de personas pueden terminar definidos por unos cuantos cientos de votos en cada colonia.En algunos casos, la diferencia entre proyectos ganadores ha sido de apenas decenas de opiniones, según registros del propio instituto electoral.

Para el IECM, el reto no solo es institucional sino social. Autoridades han insistido en ampliar campañas informativas y fortalecer la educación cívica desde edades tempranas.

El aumento en el número de proyectos presentados demuestra que existe organización vecinal activa, pero aún limitada a sectores específicos de la población.

“Hay participación, pero concentrada”, explica la analista Sánchez. “Quienes conocen el mecanismo lo usan; el resto ni siquiera sabe que existe”.

Herramienta aún subutilizada

En la colonia Guerrero, un grupo de vecinos conversa frente a un parque deteriorado. La conversación gira en torno a la inseguridad y la falta de mantenimiento.

Cuando se menciona que ellos mismos pueden decidir el destino de parte del presupuesto local, surge sorpresa.

“¿De verdad podemos elegir eso?”, pregunta uno de ellos.

La pregunta resume el desafío del presupuesto participativo en la Ciudad de México, no la falta de mecanismos democráticos, sino su escasa apropiación social.

El instrumento existe, los recursos están asignados y los proyectos se registran cada año. Sin embargo, la participación continúa siendo reducida frente al tamaño y complejidad de la capital.

Las quejas vecinales crecen al mismo ritmo que el desconocimiento. La paradoja es que en una ciudad donde millones exigen mejores colonias, solo una minoría decide cómo transformarlas.

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