
Las mujeres en la Ciudad de México se han visto obligadas a involucrase en actividades de identificación forense y servicios periciales. En el marco del ocho de marzo, el Día Internacional de la Mujer, integrantes del sexo femenino en la metrópoli se han convertido en líderes de causas, luchas y colectivos y en un medio para la exposición del dolor que los problemas sociales las han alcanzado, pero no destruido.
Algunas mujeres dejaron atrás sus labores de cuidados y maternidad para convertirse en peritos y buscadoras de restos humanos en la tierra.
Lejos de una felicitación para conmemorar el ocho de marzo, las mujeres toman las calles en una concentración multitudinaria para exigir que se detengan los crímenes de odio y que se reconozca que dedican la mayor parte de su vida a realizar el trabajo que las autoridades no pudieron hacer y al mismo tiempo, pelear contra la burocracia que entorpece procesos de procuración de justicia.
Jaqueline Palmeros, líder en sistema de cuidados de buscadoras
Una de las activistas más reconocidas es la madre buscadora Jaqueline Palmeros, quien tras la desaparición de su hija Jael Monserrat Uribe, fundó el colectivo “Una Luz en el Camino” y cumplió la promesa de encontrar a la persona que le arrebataron. Sin embargo, en distintos espacios ha externado que realizar el trabajo de investigación que las autoridades no están dispuestas a hacer, ha provocado un descuido en su estructura familiar, así como en sus labores de cuidados.
De manera inédita, la activista halló los restos de su hija en la zona del Ajusco, en la alcaldía Tlalpan, en diciembre del 2024. Estas mujeres pusieron en pausa su vida, dejaron de ser amas de casa, empleadas, empresarias o cualquier profesión para dedicar su vida a excavar México “hasta encontrarlos”.
Aún con duros golpes como la liberación de los presuntos secuestradores de Monse y la anulación de datos de prueba importantes (como la geolocalización de los teléfonos celulares y el extravió de los audios de las indagatorias que ya estaban en posesión de la Fiscalía), las buscadoras limpian sus lágrimas y caminan para hacer un trabajo que parece ser pericial.
Ella ha transformado su vida, no dejó el colectivo luego de encontrar a Monse, al contrario, arropa a otras madres que todavía no localizan a sus hijos. Siempre decidida y con actitud de liderazgo, en la última “Búsqueda por Patrones” subió a una motocicleta y repartía la comida a través de las empinadas veredas.
“Falta muchísimo esfuerzo de las instituciones, es muy triste porque esto no es más que una réplica de lo que desde hace muchos años se ha hecho con esfuerzo de las familias. La coordinación institucional sigue siendo precaria y lo más lamentable es la falta de recursos humanos y materiales, nos quedamos sin alimentos, ni hidratación, fue proporcionada por nosotras”.
“El proyecto que tenían desde el Gabinete de Búsqueda siempre ha sido muy ambicioso y no hemos abarcando ni una parte de lo que nos presentaron. Las familias siempre tenemos que sacar la casta y nos deja un muy mal sabor de boca”.
“Siempre se les ha puesto sobre la mesa que caminen de la mano de las familias, las búsquedas en campo vienen desde hace décadas. Es difícil que en campo caminen sin la expertiz que tiene una familia de larga data, el exhorto es que no se les olvide que las compañeras son las que tienen la experiencia. Conforme van pasando los años, pasamos administraciones y lo lamentable es que esto es repetitivo, todavía no tenemos garantías de no repetición”, declaró Palmeros a Crónica.
Las buscadoras ya no platican de sus aficiones, maternidad, tampoco de viajes o empleos, sus conversaciones sólo tienen que ver con carpetas de investigación mal integradas, malos tratos en los Ministerios Públicos, corrupción en las Fiscalías y que probablemente no les alcance la vida para hallar a sus hijos.
Algunas son expertas en dictámenes periciales, recabación de datos de prueba y procesos penales en los tribunales, se aconsejan para evitar indagatorias trabadas hablan en términos jurídicos y sofisticados “pide la sábana de llamadas por el dato ICEM; solicita comparecencia”, se escucha en sus pláticas.
También saben de la ubicación de los grupos delictivos que acechan la capital y otras zonas de México, conocen sus alias, parentesco con otros criminales, rupturas, alianzas y qué sujetos se llevaron a sus hijos.
En las búsquedas, entre lágrimas y bordado de telas, entre descansos comparten sus tristezas y vivencias. Los lugares que concurren son la Fiscalía, el juzgado o el Instituto de Ciencias Forenses. Para ellas la navidad y los cumpleaños no existen, sus vidas están en pausa, como las de sus hijos. Igualmente conversan acerca a cuántos años de cárcel fueron sentenciados los agresores de sus hijos, aunque eso no es satisfacción para ellas, ya que décadas en prisión no regresará la presencia de sus seres queridos.
Para aliviar su dolor se aconsejan en adquirir plantas y nombrarlas como sus hijos, a veces ríen porque “sólo nosotras nos entendemos”, dicen. Cuando rompen en llanto, se abrazan, repudian la insolencia de Ministerios Públicos que las agreden cuando les niegan el acceso a las carpetas, se las rompen o las insultan por exigir sus derechos e intimidarlas por denunciar violaciones a sus Derechos Humanos.
Elizabeth Mancha, sin acompañamiento de Derechos Humanos
Elizabeth Mancha, quien busca a su hijo Axel Mauricio, joven que fue visto por última vez en el 2022 en Tampico, Tamaulipas, relató el nulo acompañamiento de la CNDH, al ignorarlas desde el momento en que son violentadas en su intento por levantar una denuncia en las Fiscalías, la correcta integración de las carpetas de investigación con datos de prueba sólidos, hasta el rechazo de la Comisión de Búsqueda por calendarizar exploraciones donde posiblemente se encuentren restos humanos bajo la tierra. Aunque esos abusos son denunciados hacia la CNDH, afirman que la titular, Rosario Piedra y su institución prefiere guardar silencio.
“El abandono de las autoridades es absoluto, no he tenido una búsqueda en el sitio donde desapareció mi hijo y su celular se apagó. En el predio ya hay casas, la tierra fue removida, si había indicios de él en ese lugar, ya se perdieron. En las búsquedas nos dan un área poligonal enorme que tenemos que excavar entre cuatro personas en máximo dos días; no llevamos servicios de limpia porque nadie nos dijo que tenemos derecho a eso. Les respondemos que llevamos 20 personas para que seamos más ojos y manos, y nos dicen que no hay vehículos para trasladarlos, cuando les digo que llevo mi automóvil, su contestación es que no puedo llevar un vehículo que no sea oficial”, relató a Crónica.
“Nos dicen que no tienen personal, jamás hemos tenido el acompañamiento del comisionado, nunca se nos mencionó que tenemos el derecho a servicios primarios, no hay información a las víctimas. Al personal se le debería de capacitar en el tema humano, nos convertimos en un número de una carpeta, en el incremento en una estadística, que además miente. Si tienen un proyecto, deben de prepararse, con programas, porque lo sentimos como una burla, es un engaño y no estamos para que nadie juegue con nuestro dolor. Cuando me han negado lo que les pido, les respondo que únicamente les exijo que cumplan con sus funciones, porque se postularon para estar en ese puesto y a mí nadie me preguntó si quería ser víctima”.
“Si tuviéramos buenos elementos, los colectivos de buscadoras no existirían, pero la grave situación que vivimos nos obliga a introducirnos en este mundo tan doloroso. En el momento en que dejas de trabajar, las autoridades se olvidan que existes y no nos queda que seguir la lucha nosotros. Nunca soñamos en hacer senderismo o rappel; es un riesgo introducirse a zonas de difícil acceso y le perdemos el miedo, abandonas tu vida, la familia te deja y te quedas sola. No tendrían que existir los desaparecidos, ni una Fiscalía especializada en desaparición de personas o la Comisión de Búsqueda”.