
A un par de meses de que la capital del país reciba a millones de visitantes con motivo de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la infraestructura sufre una transformación intensa con obras, reconfiguraciones de rutas y la expectativa —y a veces frustración— de millones de personas que dependen a diario de este sistema para trabajar, estudiar y moverse por la metrópoli.
Entre ciclovías ampliadas, renovaciones en estaciones del Metro y la puesta en marcha de nuevas rutas de transporte, la percepción ciudadana se divide entre quienes ven avances y otros que sienten que el progreso viene acompañado de caos y estrés diario.
La Ciudad de México ha desplegado uno de los programas de movilidad más ambiciosos de su historia reciente, con más de 5 mil 183 millones de pesos destinados a casi 200 kilómetros de nueva o renovada infraestructura —incluyendo Metro, Metrobús, Tren Ligero, Cablebús, Trolebús y carriles para bicicletas— las autoridades aseguran que estas obras, además de estar pensadas para el Mundial, dejan un legado permanente para los 21 millones de habitantes habituales y los cerca de 5 millones que se esperan durante el torneo.
No obstante, la satisfacción de los ciudadanos con estos cambios dista mucho de ser unánime. Para muchos, la experiencia cotidiana de movilidad aún está lejos de ser óptima. En la última semana, en varias estaciones del Metro -sobre todo de la Línea 2- aún se percibe confusión por señalizaciones provisionales, andenes estrechos y tiempos de espera prolongados, resultado de los trabajos en curso que, aunque prometen mejoras, generan estrés diario y que evocan pasillos oscuros, polvo y señalización confusa en zonas de obras.

El Metro y rutas urbanas
En la estación Tasqueña, una de las más transitadas cada mañana, Claudia López, madre de familia y trabajadora de oficina, describe su rutina. “Salgo de Iztapalapa a las 6:30 de la mañana, tomo el Metro, luego tres microbuses. Desde que comenzaron las obras en varios tramos, siento que cada día es una aventura: hay más gente, más retrasos, a veces ni siquiera llego a tiempo al trabajo”. Para ella, el transporte público es fundamental, pero la percepción de caos y de improvisación persiste.
“El Metro y el Metrobús siempre han sido una odisea en horas pico. Ahora con obras, desvíos y cierres parciales, es peor. La CDMX debería haber empezado estos trabajos hace años, no dejar todo para última hora”, opina también un estudiante de la UNAM rumbo a su escuela.
“Hay que entender que modernizar un sistema como el de la Ciudad de México es un proceso complejo”, comenta un conductor de Metrobús que, al ser entrevistado en una estación de Álvaro Obregón, prefiere mantener anonimato. “Pero sí, la gente está más impaciente, los tiempos son más largos y muchos hoy evitan incluso usar autobuses si pueden caminar o usar bicicleta”.
Este enojo por la percepción de un transporte masivo que no responde con agilidad también se escucha en foros y redes sociales, donde muchos residentes describen las unidades de transporte “concesionado” —micros, combis y “peseros”— con imágenes crudas compuestas de unidades viejas, condiciones precarias y choferes sin regulación estricta, un síntoma de la fragmentación que caracteriza al sistema de movilidad urbano.

Obras con promesas gubernamentales
Desde el Gobierno local, la narrativa oficial es otra, pues se enfatiza que las obras son permanentes, que reforzarán la conectividad entre zonas clave y que incluyen desde la ampliación del sistema de bicicletas públicas Ecobici hasta rutas especiales para conectar al Aeropuerto Internacional Benito Juárez con puntos centrales de la ciudad.
Pero hay quienes cuestionan el enfoque y estilo de ejecución. En algunas colonias cercanas al Estadio Ciudad de México, por ejemplo, residentes han señalado que las obras en vialidades como la Calzada de Tlalpan han generado caos vial, problemas ambientales y falta de consulta ciudadana, incrementando el descontento en zonas donde históricamente el transporte y el espacio público ya eran tensos.
Además, aunque los sistemas de alto traslado —como Metro y Metrobús— serán cruciales durante el Mundial, una parte importante de los microbuses urbanos, pieza clave del transporte diario de millones de personas, seguirá operando con unidades que sobrepasan su vida útil. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), alrededor de 6 millones de personas utilizan diariamente microbuses y combis en la capital, cada cuatro viajes en transporte público involucran estas unidades.
La coordinación para eventos masivos, como otros vividos en Europa o el norte de Estados Unidos, se sustenta en años de planeación y pruebas piloto; en cambio, en la CDMX, la presión temporal del Mundial ha comprimido agendas y ha provocado que algunas intervenciones se sientan apresuradas.
“El desafío no sólo es mover a millones de personas durante un periodo de semanas, sino transformar un sistema que durante décadas ha sido fragmentado en su gestión y desigual en su calidad de servicio. Las obras son necesarias, pero deben ir acompañadas de políticas públicas que atiendan la seguridad, la accesibilidad para personas con discapacidad y la experiencia de usuario, no sólo la infraestructura física”, opina Sergio Nájera, académico de la UNAM consultado por Crónica.

¿Qué piensa la ciudadanía?
“Me emociona que nuestra ciudad sea sede, claro”, dice Alberto, taxista desde hace 15 años. “Pero lo que me preocupa es cómo va a estar todo durante los días de partido —mañana, tarde y noche— con miles de turistas y nosotros intentando trabajar con el tráfico y las obras”.
Otros, como transportistas y conductores de servicios alternativos (como plataformas de movilidad digital), ven la alta demanda como una oportunidad económica, pero también reconocen que tiempos de viaje prolongados y congestión continúan siendo un problema tanto para turistas como para residentes habituales.
Hacia el cierre de la jornada, Alberto vuelve a encender el motor de su taxi al tiempo que personas salen de Estadio Azteca y de las avenidas intervenidas en sus alrededores. Dice que, pese al cansancio y la incertidumbre diaria, mantiene la expectativa de que el esfuerzo valga la pena.
“Uno vive de moverse por la ciudad, y si la ciudad se mueve mejor, a todos nos va mejor. Pero ahorita estamos pagando el costo de ese cambio”, resume. Para él, el Mundial es un motivo de orgullo, pero también una prueba de resistencia para quienes trabajan en la calle.
Mientras espera pasaje en una lateral de Calzada de Tlalpan, frente al Metro Xola, comenta que la ciudad está en una etapa de transición que se siente pesada en el día a día.
“Ojalá que después de junio no nos olviden y sigan arreglando lo que falta. Porque el transporte no es solo para los turistas, es para los que vivimos aquí todos los días”.