
Cuando el pasado 22 de marzo se inauguró la Utopía Mixhuca —primera fuera de Iztapalapa y parte de una red de centros comunitarios que prometen cultura, deporte, cuidados y servicios gratuitos— miles de familias de otras alcaldías celebraron la llegada de ese equipamiento social integral.
Sin embargo, para muchos habitantes de zonas como Gustavo A. Madero, Iztacalco, Tláhuac, Milpa Alta y Álvaro Obregón, esa inauguración fue también motivo de frustración. Argumentan que la Utopía les queda lejos, los accesos de transporte son precarios y, sobre todo, sienten que su colonia también merece uno de esos centros que hoy ven como espacios de bienestar y oportunidad.
Las “Utopías”, conocidas oficialmente como Unidades de Transformación y Organización para la Inclusión y la Armonía Social, son infraestructuras diseñadas para ofrecer servicios deportivos, culturales, recreativos, educativos y sociales sin costo para la población.
Cada espacio incluye albercas semiolímpicas, gimnasios, auditorios, talleres, centros de cuidado infantil, espacios de convivencia comunitaria y programas especializados para adultos mayores y jóvenes. El gobierno capitalino ha dicho que planea al menos 16 Utopías, una por alcaldía, como parte de una primera etapa de implantación.
Pero aunque la promesa oficial es que estas instalaciones estén a menos de 15 minutos de distancia de los hogares de la mayoría de los capitalinos, en varios sectores eso aún no se siente.
Y la demanda por acercar estos servicios se ha vuelto un reclamo fuerte por parte de ciudadanos que ven en las Utopías como una oportunidad de enfrentar problemas cotidianos que hoy parecen crónicos: falta de espacios seguros para los jóvenes, ausencia de servicios de salud accesibles y muy pocas opciones de actividades culturales o recreativas cerca de casa.
Falta de cobertura
En la colonia Lindavista, ubicada en la alcaldía Gustavo A. Madero, residentes se organizan para exigir que una Utopía se construya dentro de su territorio o en sus inmediaciones.
“Aquí tenemos violencia, calles sin arbolado suficiente y cuando queremos llevar a nuestros hijos a actividades deportivas o talleres culturales tenemos que cruzar la ciudad”, dice Ana María López, vecina de 54 años.
“La Utopía de Hermosillo Galeana está muy bien, pero queda al otro lado de la alcaldía y para nosotros es viable solo dos días”, agrega. Su preocupación principal es el transporte. En transporte público, el traslado desde Lindavista hasta otros centros comunitarios puede superar los 50 minutos, dependiendo de las conexiones.
Una situación similar se vive en San Andrés Tetepilco, en Iztacalco, donde grupos de madres y padres han convocado reuniones abiertas para reclamar que los proyectos de Utopías que la administración capitalina presentó como próximos en su demarcación —como la del Deportivo Xochimilco o la de Azcapotzalco— son inaccesibles para gran parte de su población.
“La mayor parte de las Utopías anunciadas quedan a más de una hora de aquí, con varias combinaciones de transporte. No es práctico para nosotros”, comparte Carlos Hernández, padre de dos adolescentes y miembro de la mesa vecinal para el urbanismo.
“Queremos que se construya en espacios como el Deportivo Xalostoc o en el Deportivo Iztacalco, lugares que están más cerca de nuestra comunidad”, subraya.
Lo que las autoridades han explicado es que las Utopías se ubicarán en parques y deportivos existentes o en terrenos públicos de cada alcaldía, con base en capacidades de terreno y criterios técnicos para servir a la mayor población posible.
No obstante, este criterio no siempre coincide con las prioridades expresadas por los habitantes de cada colonia, especialmente en áreas periféricas que han sufrido años de abandono de infraestructura pública.
Para muchos vecinos la estrategia oficial no ha tenido la cercanía ni la participación ciudadana que ellos esperaban.
“Si nos hubieran preguntado desde el principio dónde nos hace más falta una Utopía, habríamos dado zonas como San Felipe de Jesús, Ejército Constitucionalista o Héroes de Aragón.
Estas áreas viven con pocos espacios públicos de calidad y muchos jóvenes no tienen alternativas sanas para ocupar su tiempo libre. Creemos que sí puede ser un gran proyecto, pero queremos ser parte de la planeación, no solo recibir algo que nos queda lejos”, afirma Andrea Torres, portavoz de una agrupación vecinal de la alcaldía.
“Oportunidad de transformación social”
No todos los habitantes de las zonas sin Utopías ven el proyecto con recelo. Para algunos, representa una oportunidad de transformación social real en comunidades que históricamente han sido marginadas.
En San Miguel Topilejo, en Tlalpan, donde se ha hablado de una futura Utopía del Maíz, muchos vecinos ven la posible construcción como una forma de acercar educación, salud y deporte a lugares que carecen sistemáticamente de esos servicios básicos en la colonia.
“Aquí no tenemos una alberca, no hay talleres culturales accesibles y los adultos mayores no cuentan con espacios de reunión dignos. Si llega una Utopía aquí, sería una diferencia enorme para nuestra comunidad”, explica José Ramírez, artesano y organizador comunitario.
La percepción de oportunidad no es exclusiva de Tlalpan. En Milpa Alta, donde el plan contempla un centro en el Deportivo Tecómitl, vecinos han señalado que la llegada de una infraestructura de este tipo les permitiría ofrecer actividades para jóvenes que de otra forma se verían obligados a salir de la zona para encontrar opciones recreativas o educativas.“Nuestros hijos deben viajar hasta el centro de Coyoacán o Xochimilco para tomar clases de danza, música o deportes. Eso genera gastos y tiempo que muchas familias no pueden costear”, dice María Elena Pérez, vecina. “Una Utopía aquí no solo sería un espacio físico, sería un puente para vínculos que hoy no existen”, agrega.
Además de los aspectos recreativos, los vecinos recuerdan que estos centros también podrían fortalecer la cohesión social, el acceso a servicios de salud y cuidado comunitario, y ofrecer plataformas para capacitación laboral o actividades culturales que de otra forma no estarían a su alcance.
Ese potencial es parte de lo que ha generado tanta expectativa en áreas que han visto diferencias claras entre colonias que hoy sí cuentan con Utopías y aquellas que aún esperan una.
Las cifras anunciadas por las autoridades indican que el proyecto de Utopías busca beneficiar a casi 900 mil personas en su primera etapa y cubrir 105 hectáreas de espacio público con instalaciones de diversos tipos.
Aunque esos números significan una apuesta ambiciosa, la percepción de desigualdad en la cobertura ha generado quejas en comunidades que consideran que su inclusión en una etapa prioritaria es urgente.
Un tema en la exigencia vecinal es que los proyectos se ejecuten con participación ciudadana real, donde se definan juntos los lugares ideales para las obras, se escuchen las prioridades de cada colonia y se atiendan los problemas particulares de cada barrio.
La consulta pública para algunos proyectos ha sido insuficiente o percibida como simbólica, advierten distintas organizaciones de vecinos.
Más allá de la distancia, la urgencia de servicios básicos
Para muchas de las comunidades que hoy reclaman una Utopía, la demanda no nace de una preferencia estética ni de un capricho urbano, se crea a partir de deficiencias muy claras en la provisión de servicios básicos y espacios públicos.
En zonas como Milpa Alta, Tláhuac o Gustavo A. Madero, la carencia de espacio público de calidad, la falta de canchas, áreas verdes seguras para niñas y niños, y la ausencia de programas culturales accesibles son problemas que se han agudizado con el crecimiento urbano y la falta de inversión histórica.
Ese contexto hace que la exigencia vecinal sea una cuestión de proximidad geográfica y de equidad urbana.
“No se pide nada extraordinario, solo que se nos tome en cuenta como a cualquier otra colonia de la ciudad. Queremos oportunidades para nuestros hijos, opciones de empleo que nazcan aquí, actividades culturales que nos acerquen y no que nos obliguen a desplazarnos horas arriba del transporte público”, señala Luis García, vocero de un grupo juvenil en Iztacalco.
“No queremos que nos regalen algo, queremos que lo construyamos juntos, que se nos escuche y que llegue aquí porque hace falta de verdad”, concluye.