
A las diez de la noche, cuando los comercios comienzan a cerrar y el flujo de personas disminuye en muchas zonas de la capital, inicia para miles de mujeres una segunda jornada de decisiones. Elegir cómo regresar a casa conlleva calcular riesgos, qué ruta es más segura, qué calle tiene mejor iluminación, en qué vagón conviene viajar o a quién avisar que ya van de camino.
Aunque la ciudad cuenta con una de las redes de transporte público más extensas de América Latina y ha desarrollado políticas específicas para prevenir la violencia contra las mujeres, la percepción de inseguridad continúa influyendo en la forma en que ellas viven y utilizan el espacio público.
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) reportó que las mujeres siguen siendo quienes más perciben inseguridad en las ciudades mexicanas. Mientras 54.6 por ciento de los hombres manifestó sentirse inseguro en su entorno urbano, entre las mujeres la cifra ascendió a 67.2 por ciento. El transporte público y las calles figuran entre los espacios que generan mayor preocupación.
La realidad cotidiana lo confirma, pues para muchas mujeres, caminar unas cuantas cuadras después de las nueve de la noche puede convertirse en una experiencia de alerta constante. La observación del entorno, la revisión frecuente del teléfono celular y la búsqueda de espacios iluminados forman parte de una rutina que pocas veces es visible para quienes no la experimentan.
Todo cambia cuando oscurece
Irene Paola, profesionista de 29 años que trabaja en una empresa de servicios financieros en la zona centro, termina su jornada laboral alrededor de las nueve de la noche. Su trayecto hacia casa incluye Metro, una conexión en Metrobús y una caminata de aproximadamente diez minutos.
Antes de salir de la oficina envía un mensaje a un grupo familiar. Comparte su ubicación en tiempo real y avisa cuál será su ruta. Durante el recorrido evita usar audífonos, procura permanecer cerca de otras mujeres y, cuando el andén está poco concurrido, se coloca cerca del personal de vigilancia.
“Hay días en que no pasa nada, pero una aprende a estar alerta todo el tiempo. No es miedo permanente, es una especie de vigilancia constante. Piensas en qué harías si alguien te sigue, si un vagón viene vacío o si la calle por donde caminas está demasiado sola”, relata.
En cuanto a delitos, la ENSU reportó que 43.7% de la población dejó de llevar objetos de valor por temor al robo, 39.2% modificó rutinas para no dejar salir solas a las y los menores del hogar y 39.1% dejó de caminar de noche en los alrededores de su vivienda.
La violencia sexual, el acoso callejero y las agresiones en el transporte modifican la manera en que las mujeres utilizan la ciudad. Además, afectan la percepción de seguridad, pero también oportunidades laborales, educativas y recreativas.
Diagnósticos elaborados por ONU Mujeres, el Gobierno de la Ciudad de México y El Colegio de México, así como los resultados de la ENDIREH y la ENSU del INEGI, coinciden en que el acoso sexual y otras formas de violencia de género continúan siendo una de las principales preocupaciones de las usuarias del transporte público.
Usuarias han enfrentado alguna forma de hostigamiento, desde comentarios sexuales y miradas intimidantes hasta contacto físico no consentido.
El temor a sufrir agresiones modifica rutas, horarios y decisiones cotidianas de movilidad de las mujeres, especialmente durante la noche.
Además, muchas mujeres rechazan turnos nocturnos, evitan actividades recreativas o pagan más por alternativas de transporte privado para reducir riesgos.
Las apuestas del gobierno capitalino
Las estrategias de autocuidado de las mujeres en la capital ya forman parte de su cotidianidad, tales como compartir la ruta, esperar juntas en una estación, pedir acompañamiento, usar sitios con mayor iluminación, evitar cajeros en la madrugada, cargar poco efectivo y privilegiar puntos donde haya vigilancia o flujo constante de personas.
La administración capitalina ha tratado de responder a ese mapa de riesgos con herramientas centradas en su cuidado. La Secretaría de las Mujeres mantiene los módulos Viaja Segura en Hidalgo, Balderas y Pantitlán, donde abogadas brindan atención jurídica y acompañamiento para denunciar violencia sexual en el transporte o en espacios públicos.
La Secretaría de Movilidad, por su parte, enmarca estas acciones en la Ley de Movilidad, que considera de interés general el acceso de mujeres y niñas a transporte de calidad, seguro y eficiente, y el Metro mantiene medidas de dosificación en andenes y vagones exclusivos para mujeres y niñas menores de 12 años.
A esa red se suma la línea *765, usada como canal de orientación y atención a víctimas, y la campaña “Zona libre de acoso sexual”, que la Semovi incluyó en su informe 2024-2025 para reforzar la denuncia y la prevención en el sistema de movilidad.
En el mismo frente, el gobierno local ha apostado por caminar la ciudad con la luz encendida. Clara Brugada inauguró en diciembre de 2024 el primer Camino de Mujeres Libres y Seguras, en Calzada de Guadalupe, con mil 496 luminarias y el compromiso de construir mil caminos seguros.
A la par, el diagnóstico oficial de Semujeres insiste en que una ciudad segura para las mujeres no se limita a la ausencia de violencia física, sino a entornos urbanos inclusivos, accesibles y equitativos que garanticen movilidad y autonomía.
El giro más visible de la actual administración está en la dimensión territorial. En agosto de 2025, Brugada presentó 15 acciones para fortalecer la Alerta de Género, entre ellas la creación de la Policía de Género, que arrancó con 30 patrullas y 438 elementos de proximidad, además de la promesa de llegar a 73 unidades para diciembre.
El mismo paquete incluyó juzgados mixtos especializados, una futura Defensoría de las Mujeres, reforzamiento de protocolos de investigación y una política de cero tolerancia a la violencia sexual cometida por policías.
En paralelo, la propia Semujeres informó que desde el inicio del gobierno se habían brindado 14 mil 415 atenciones, apoyado a mil 56 mujeres en situación de violencia, identificado a 871 con riesgo feminicida y abierto 10 mil 543 carpetas de investigación a través de 130 abogadas.
Ese despliegue intenta responder a que la ciudad ofrece más dispositivos de protección, pero la percepción de riesgo sigue alta y las mujeres siguen adaptando su vida al reloj de la inseguridad.
El informe “Mujeres habitando la Ciudad de México”, de noviembre de 2025, sintetiza que 52.7% de mujeres contra 45.7% de hombres considera inseguro su entorno; en transporte público, 70.6% de mujeres se siente insegura, y en la calle, 69.8%. El documento añade que muchas situaciones ni siquiera llegan a denuncia por miedo, desconfianza o normalización de la violencia.
Por eso es que mas mujeres entrevistadas por este periódico se preguntan su estas herramientas logran transformar la experiencia real de salir, esperar, abordar y volver de noche.
Irene Paola lo resume con una idea. No quiere dejar de moverse, quiere moverse sin estar calculando el riesgo a cada cuadra.
Mujeres que transitan por la Ciudad de México nocturna dicen esperar que la iluminación no sea solo una promesa, que el transporte no obligue a elegir entre prisa y miedo, y que el autocuidado deje de ser una obligación individual para convertirse en una responsabilidad pública compartida. La noche sigue pesando más sobre ellas; la política pública, por ahora, intenta llegar antes que el miedo.