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Escenarios ante el mayor desafío al castrismo en 70 años de la revolución socialista que degeneró en dictadura. Tras el bloque petrolero de Trump, se estima que queda combustible hasta marzo

Cuba en caída libre: ¿Resistirá el régimen o dará por fin libertad al pueblo?

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Cuba ante el precipicio El Ocean Mariner arribó el 9 de enero a La Habana con 86,000 barriles de crudo ligero enviado por Pemex desde Coatzacoalcos, Veracruz (EFE)

Periodo Especial 2.0 (escenario actual)

El pasado 5 de febrero, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel anunció a la nación medidas inspiradas en el Período Especial (racionamiento extremo del combustible) que anunció Fidel Castro en los 90, tras el colapso de la URSS, que cortó en seco el envío de petróleo, alimentos y maquinaria.

El anuncio de Díaz-Canel ocurrió tan sólo dos días después del bloqueo petrolero impuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con amenaza incluida de aranceles a los países que se atrevan a desafiar su orden.

El último envío de petróleo a Cuba fue un buque cargado con crudo mexicano. El Ocean Mariner arribó el 9 de enero de 2026 con un cargamento de 86,000 barriles de crudo ligero enviado por Pemex desde el puerto de Coatzacoalcos al de La Habana. Desde entonces no ha llegado un solo barril de petróleo a Cuba.

Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, advirtió que “si para primeros de marzo no vemos un tanquero en el horizonte, Cuba habrá llegado a la hora cero”.

En su discurso, centrado en la retórica del sacrificio y la resistencia, Díaz-Canel apeló a la vieja narrativa del régimen sobre la “fortaleza moral” del pueblo cubano frente a la adversidad.

“Yo sé que la gente dice: otra vez sacrificio. Pero si no nos sacrificamos y no resistimos, ¿qué vamos a hacer? ¿Nos vamos a rendir? Y la rendición no es la opción de Cuba”, expresó el gobernante, en un mensaje que recordó la retórica más dura de Fidel Castro.

El 28 de septiembre de 1990, Castro se dirigió a la nación para anunciar oficialmente el “Período Especial en Tiempos de Paz”, una manera eufemística de decir: el país caribeño no puede seguir viviendo como un parásito de la Unión Soviética y no queda más remedio que vivir en economía de guerra o de supervivencia.

El golpe fue brutal. Los coches de la época de la dictadura de Fulgencio Batista fueron sustituidos por bicicletas; los camiones de carga que traen los pocos alimentos y ganado que produce la isla se sustituyeron por carros tirados por bueyes; empezaron los temidos cortes de luz y las colas interminables en las bodegas para canjear las libretas de racionamiento por productos básicos subsidiados… cuando había.

El período especial duró hasta el año 2000, cuando apareció en escena Hugo Chávez. El presidente socialista venezolano se convirtió en la tabla de salvación del castrismo y el petróleo casi gratis empezó a manar de nuevo a la isla. El régimen cubano dio por concluido el período más oscuro de su historia revolucionaria.

Pero el fin del período especial fue un espejismo. En vez de adelgazar su aparato burocrático y modernizar y hacer eficiente la industria nacional y su sistema de generación eléctrica, el régimen de partido único dejó que se siguiera oxidando, mientras el Estado-parásito era mantenido desde fuera por el régimen chavista. De hecho, el tímido intento de aperturismo y apuesta por atraer inversión extranjera (especialmente en el sector turístico), emprendido por Raúl Castro, acabó en nada con su renuncia y entrega del poder a Miguel Díaz-Canel, más acorde con la cerrazón de los viejos jerarcas comunistas.

Cuando la grave crisis de 2008 y la pandemia redujeron la llegada de petróleo venezolano y el país se cerró al turismo (y a sus divisas), reaparecieron los viejos fantasmas de los apagones y el desabasto, y como consecuencia el descontento social… y la represión.

Pero no fue sino hasta la madrugada del pasado 3 de enero cuando se pasó de una situación de depresión a una de pánico. Trump anunció el arresto de Maduro, impuso un gobierno sumiso encabezado por Delcy Rodríguez y ordenó un chantaje arancelario a aquellos países que enviaron petróleo a Cuba.

Desde entonces, los cubanos se enfrentan al temido “día cero”, cuando se agote el petróleo y se paralice definitivamente el país, algo que podría suceder en cuestión no de meses, sino de semanas.

“Guerra de todo el pueblo” (escenario posible, aunque poco probable y peligroso)

La exitosa operación militar estadounidense en Caracas, recién inaugurado el año, insufló de ardor guerrero a Donald Trump y a su equipo de “halcones”, entre ellos el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y su secretario de Estado, el “cubano” Marco Rubio.

La resurrección de la Doctrina Monroe (rebautizada Donroe) hizo saltar las alarmas en países señalados, como Colombia, México y principalmente Cuba, de donde es originaria la familia anticastrista de Rubio.

Tanto Trump como Rubio han declarado desde entonces que les gustaría ver un cambio de régimen en Cuba, a diferencia de Venezuela, donde mantienen vivo el régimen chavista, aunque domesticado. En consecuencia, el régimen de Díaz-Canel se ha visto en la necesidad de desempolvar y tener a punto, en caso de necesidad, otra medida de contingencia de la época de Fidel Castro: la “Guerra de Todo el Pueblo”.

Este concepto, ideado hace más de 40 años por Fidel ante un potencial enfrentamiento asimétrico con Washington, no buscaba tanto repeler una invasión estadounidense como hacer terriblemente onerosa la factura militar, económica y humana de una ocupación.

“Funcionó mucho siempre el factor disuasivo: si te tiras aquí vas a poner muchos muertos: piénsatelo mucho”, sintetiza para EFE Fabio Fernández, profesor de Historia de la Universidad de La Habana.

La idea, explica, cuajó en los años 80, cuando Castro tuvo la certeza de que la URSS no intervendría en su favor si lel presidente Ronald Reagan ordenaba atacar Cuba.

La isla tendría que defenderse sola, concluyó Castro, y la única opción viable era una “gigantesca movilización ciudadana” en todo el país basada en las experiencias defensivas de Vietnam y Afganistán, señala Fernández.

La doctrina consistía, pues, en la puesta en marcha de “focos de resistencia” basados en “milicias populares” destacadas en cada municipio y en la implicación de “mujeres, mayores, niños y adolescentes” en otras tareas de apoyo y logística desde la retaguardia, en las llamadas “unidades de producción y defensa”.

No obstante, traer a la actualidad una doctrina de hace décadas conlleva serios problemas, apunta Fernández. La isla se encuentra actualmente en “una situación muy distinta”, asegura el experto.

Cuba es a día de hoy una “sociedad envejecida, marcada por flujos migratorios”, con “30 años de crisis” a sus espaldas y con la sensación mayoritaria de que el experimento socialista es represor y ha fracasado. Además, argumenta, en la isla “se ha roto el consenso político en muchísimos aspectos”, la “lógica de permanente movilización militar no existe” y el “liderazgo no es el de antes”.

Transición ordenada y entre cubanos (escenario ideal)

El 13 de febrero, el presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana, Francisco José Hernández, reconoció que la situación crítica en Cuba podría ser un punto de inflexión para abrir el camino a un cambio de régimen. Sin embargo, se mostró cauteloso porque no ve señales de que el régimen esté lanzando mensajes de que vaya a dejar el poder por las buenas.

Hernández, quien participó en la fallida invasión de Bahía Cochinos en 1961 para derrocar al gobierno revolucionario de Castro, tampoco ve en el horizonte una nueva operación militar orquestada por Washington, al estilo de la llevada a cabo en Venezuela (sólo para sacar a Maduro del poder).

Más bien, el líder anticastrista espera que la presión insoportable sobre la economía cubana fuerce al régimen castrista a abrirse a una negociación, pero que no desemboque en una salida falsa a la crisis, como considera que ha ocurrido en Venezuela.

Son los cubanos, dijo, en el exilio o en la isla, los que deben sentarse a negociar una transición que desemboque no sólo en la liberación de los presos políticos y poco más (como está ocurriendo en Venezuela), sino en un verdadero cambio de régimen político y económico, que lleve la isla a la democracia y la saque definitivamente de la parálisis y el estado de coma en el que se encuentra.

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