
Claves:
Se resquebraja el tabú de no llamar dictadura a Cuba
El mayor éxito de la revolución castrista es que casi nadie asocia la palabra Cuba con dictadura, pese a que los cubanos llevan siete décadas bajo un régimen de partido único (desde el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952, apoyado por Estados Unidos).
De hecho, los cubanos que se han atrevido desde entonces a poner la palabra dictadura en su boca o a rebelarse contra el “gobierno revolucionario” están en el exilio o están en la cárcel, ante la indiferencia de la mayoría de gobiernos latinoamericanos, empezando por el mexicano.
Pero, algo ha cambiado en los últimos años. Los presidentes de Argentina, Javier Milei, de Paraguay, Santiago Peña, o de Ecuador, Daniel Noboa, llaman sin tapujos dictadura a lo que ocurre en Cuba. En enero de 2026, el ecuatoriano Daniel Noboa dio un paso más y rompió relaciones diplomáticas con La Habana, y este mismo miércoles, Costa Rica anunció el cierre de su embajada en Cuba.
Pero el verdadero gesto lo hizo el chileno Gabriel Boric, quien rompió el tabú al convertirse en el primer presidente izquierdista de la región que llamó dictadura a Cuba y añadió que está del lado de los “verdaderos revolucionarios”: los cubanos encarcelados por atreverse a pedir democracia en la calle.
El embargo es hipócrita y contraproducente
Un documento desclasificado del Departamento de Estado de EU revela la verdadera naturaleza del embargo que impuso Washington a Cuba en 1962: “Se trata de crear hambre y desesperación en el pueblo para que caiga el régimen, porque se trata de un régimen comunista y enemigo de la democracia".
Además de hipócrita —EU mantiene buenas relaciones comerciales con la comunista Vietnam o con dictaduras represoras como Arabia Saudí (y ahora Venezuela)— es contraproducente, ya que, aunque efectivamente ha ayudado a crear hambre y desesperación, ha reforzado al régimen y su imagen exterior de “David indefenso atacado sin piedad por Goliat”.
Cuando el pasado 30 de enero, Donald Trump impuso un embargo petrolero, lejos de erigirse en el único líder capaz de doblegar al régimen, de momento solo ha conseguido agudizar la agonía del pueblo y confirmar ante la opinión pública internacional (incluida la estadounidense) su condición de personaje cruel con los más débiles.
En este contexto, este miércoles llegó a La Habana el primer buque del Convoy Nuestra América, con 120 activistas de 19 países y cerca de cinco toneladas de suministros médicos. “Hemos llegado a Cuba. ¡Solidaridad internacional frente a las amenazas de (Donald) Trump! Cuba no está sola”, escribió la Internacional Progresista en redes sociales. El jueves está previsto que salga un nuevo barco con ayuda humanitaria de México y está previsto que este mismo miércoles llegue un petrolero ruso con 11 mil toneladas de crudo.
La ecuación régimen castrista igual al pueblo sigue siendo válida, aunque sea falsa, porque falta el factor clave: ¿Cómo sabemos qué quiere el pueblo cubano si no se les pregunta?
El fiasco económico cubano enoja incluso a China
El culpable de que la economía cubana esté en estado de coma no es exclusivamente el embargo, como pretende hacer creer el régimen, sino que es principalmente su desastrosa política de estatización de la economía y su parálisis para realizar reformas urgentes, especialmente desde que dejó de ser un parásito de la URSS, en 1992, tras el colapso del imperio comunista.
La propia China —cuyo modelo de partido único y economía abierta al mundo ha convertido al gigante asiático en una superpotencia que logró sacar a 800 millones de personas de la pobreza— mostró en un informe de febrero su “irritación” con sus aliados caribeños por la “resistencia, lentitud e incluso marcha atrás” del intento de reforma aperturista que impulsó en su día Raúl Castro y que prometió retomar su heredero, Miguel Díaz-Canel, sin éxito alguno. Ni se quitó la gestión de la economía a los militares para que tomaran el mando los tecnócratas del Partido Comunista Cubano, ni se aligeró la burocracia, ni se persiguió la corrupción, ni finalmente se permitió la inversión de la iniciativa privada.
Cuando el gobierno cubano anunció por fin el pasado martes que permitirá al exilio invertir en negocios en la isla, la mayoría de analistas coincidió en que el anuncio a la desesperada llega demasiado tarde para sacar a la isla de la ruina y reparar, por ejemplo, sus obsoletas y oxidadas centrales eléctricas (los apagones casi diarios en Cuba no comenzaron tras el embargo petrolero de Trump, sino que vienen de años años atrás, como el desmantelamiento de la industria azucarera o los edificios que se derrumban en una de las capitales más hermosas de América, por décadas de abandono).

Teniendo en cuenta el contexto cubano bajo estas tres claves, estos serían cinco posibles escenarios:
Escenario venezolano (muy probable):
Según publicó este lunes 16 de marzo The New York Times, basado en cuatro fuentes familiarizadas con las conversaciones entre Washington y La Habana, la administración Trump ha planteado la salida del poder de Miguel Díaz-Canel como un “paso positivo” que allanaría el camino para acuerdos “productivos”. La intención de Trump no es un cambio de régimen dictatorial a uno democrático, sino dar paso a un nuevo líder que facilite cambios económicos estructurales que el actual presidente, a quien consideran un “intransigente” (hard-liner), difícilmente apoyaría.
Se trataría, por tanto, de una repetición del modelo seguido en Venezuela, donde el vacío de poder que dejó el derrocamiento de Nicolás Maduro no fue llenado por un líder elegido democráticamente, sino que fue ocupado por Delcy Rodríguez, la número dos del régimen chavista. La CIA convenció a Trump de que, dado que su prioridad no es la democracia, sino el petróleo venezolano, era mejor un elemento que conocía y podía someter al Ejército bolivariano y al mismo tiempo servir a Washington.
El propio secretario de Estado de EU, Marco Rubio (hijo de padres del exilio cubano en Miami), calificó de mentira lo publicado por el NYT, pero el diario más influyente del mundo no se dejó intimidar esta vez: “Nuestros periodistas se comunicaron con su Departamento de Estado para solicitar comentarios mucho antes de la publicación y no recibieron ninguna discrepancia con la información que estábamos sacando a la luz. Ni usted ni nadie más ha presentado una objeción al reportaje. Nuestro reportaje es real y preciso”.

Escenario iraní (muy improbable):
Con la actual guerra de Irán golpeando duramente la popularidad de Trump en la opinión pública (a ocho meses de las elecciones para renovar el Congreso), la opción de que Estados Unidos abra un segundo frente de guerra en el mundo, incluida la amenaza de una invasión terrestre de la isla es prácticamente imposible, aunque nunca se puede cerrar ninguna puerta, dado el carácter imprevisible del magnate republicano.
Incluso la opción de bombardeos aéreos estaría descartada, ya que el Pentágono sabe que el Ejército cubano lleva muchas décadas de preparación por delante del venezolano. Además, el exilio de Miami, al menos el moderado, no está preparado para ver La Habana bombardeada.
Pero, sobre todo, miles de cubanos (al igual que millones de iraníes), están dispuestos a tomar las armas ante la llegada del invasor, pese a la dura represión del régimen. “Exijo mi (fusil) AKM, si se lanzan”, escribió este miércoles en blog el cantautor Silvio Rodríguez. “Y conste que lo digo muy en serio”, advirtió.
Escenario sirio (muy improbable):
En caso de que Díaz-Canel se niegue a sacrificarse para dar paso a un líder castrista “domesticado” y Trump no se anime a quitarlo de en medio “a lo Maduro”, una tercera vía sería la siria, en la que el bando insurgente que se levantó en armas contra las tropas leales a Bachar al Asad logró derribar al régimen del llamado “tirano de Damasco” de manera sorpresiva y fulminante el 8 de diciembre de 2024. Sin embargo, la posibilidad de que el debilitado pueblo cubano se levante en armas (con o sin ayuda de Washington) y declare la guerra al Ejército castrista es una estrategia suicida, ya que no hay manera de que entren armas clandestinas a una isla rodeada de torres de vigilancia.
Escenario portugués (improbable):
Otra vía sería lo ocurrido en Portugal en 1974, cuando gran parte del Ejército se levantó contra sus propios mandos y contra la dictadura de Salazar, derribando el régimen militar de 48 años sin dar un solo tiro en la llamada Revolución de los Claveles.
El escenario no es imposible, pero es poco probable, ya que la jerarquía castrense cubana tiene atado su destino al régimen y posee un sistema de inteligencia capaz de interceptar cualquier signo de insurrección entre los mandos intermedios o los soldados de base, según reconocen los servicios de inteligencia estadounidenses.
El escenario ideal (casi imposible):
La única vía en la que estarían de acuerdo la gran mayoría de cubanos, tanto dentro como fuera de la isla, es que el régimen actual estuviera dispuesto a cumplir, por fin, la promesa que nunca realizó Fidel Castro: devolver la libertad al pueblo cuando lograran derrocar al dictador Batista (hace ya 67 años). Por su parte, Estados Unidos debería estar dispuesto a levantar de inmediato el embargo y ayudar a la reconstrucción de la isla en una especie de plan Marshall caribeño, como hizo en Europa, sin exigir nada a cambio, más que la restauración de la democracia y que los propios cubanos decidan cómo avanzar hacia un proceso de reconciliación sin interferencias.
Este escenario, no por ser el más justo, es el menos posible, teniendo en cuenta que quienes negocian se han mostrado intransigentes y crueles. Del lado cubano, el régimen ha demostrado que prefiere dejar en penuria al pueblo o encarcelarlo, antes que darle la libertad; del lado de Trump, es inimaginable pensar que el magnate, con su mentalidad depredadora, vaya desinteresadamente a levantar el bloqueo y permitir que el nuevo líder cubano (elegido por el pueblo) no sea una marioneta a su capricho, con el que pueda hacer negocios... y qué mejor candidato que Marco Rubio para convertir a Cuba en su nueva presa dócil, antes de pensar cuál es el siguiente país latinoamericano donde pone sus garras.