
Desde 1946, año en que fue elegido como primer secretario general de la ONU el noruego Trygve Lie, otros ocho hombres han liderado la organización que nació tras la Segunda Guerra Mundial para afrontar desde entonces las grandes amenazas de la humanidad: la carrera armamentista, los conflictos bélicos, la pobreza, la desigualdad, los ataques a las minorías, las epidemias, el cambio climático, la violencia contra las mujeres…
En estos 80 años, Naciones Unidas nunca ha estado liderada por una mujer. Al diplomático noruego le siguieron Dag Hammarskjöld (Suecia, 1953–1961), U Thant (Myanmar, 1961–1971), Kurt Waldheim (Austria, 1972–1981), Javier Pérez de Cuéllar (Perú, 1982–1991), Boutros Boutros-Ghali (Egipto, 1992–1996), Kofi Annan (Ghana, 1997–2006), Ban Ki-moon (Corea del Sur, 2007–2016) y António Guterres (Portugal, 2017–2026). En total, cuatro europeos, dos africanos, un asiático y un latinoamericano.
Como la regla (no escrita) es que ningún secretario general de la ONU puede ser de uno de los cinco países con sillón permanente y derecho a veto en el Consejo de Seguridad (Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia) y como, de cuatro contendientes, tres proceden de América Latina, la región más infrarrepresentada junto con Asia, la probabilidad de que salga elegido en julio un secretario general de la ONU latinoamericano, 35 años después de que dejara el cargo el peruano Pérez de Cuéllar.
Los candidatos a sustituir el 1 de enero de 2027 al portugués Costa son: la chilena Michelle Bachelet, la costarricense Rebeca Grynspan, el argentino Rafael Grossi y el senegalés Macky Sall. Los cuatro fueron sometidos esta semana a un interrogatorio de tres horas por parte de diplomáticos de los 193 Estados miembros.
Pero, más que el probable regreso de un latinoamericano (por una cuestión de rotación geográfica), lo que realmente marcaría un hito histórico es que, por primera vez, sea una mujer la que lidere la ONU.
La favorita era Bachelet, con Kast ya no
La dos veces expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, era la gran favorita a convertirse en la primera mujer secretaria general de la ONU, especialmente tras haberse convertido en la primera mujer en presidir la agencia ONU Mujer, nombrada por Ban Ki-moon en 2010, y luego alta comisionada para los Derechos Humanos, de 2018 a 2022.
Su candidatura cuenta con el respaldo firme de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y del presidente de Brasil, Lula da Silva, además de su impulsor, Gabriel Boric, cuyo gobierno fue el que envió la carta de nominación en la sede de la ONU en Nueva York, en febrero de este año, cuando todavía era presidente de Chile. A todos ellos les une la misma afinidad ideológica: se consideran progresistas.
Sin embargo, su condición de favorita se cayó el pasado 20 de marzo, cuando el nuevo presidente de Chile, el ultraderechista José Antonio Kast, convocó a Bachelet en el Palacio de La Moneda para comunicarle en persona que su gobierno le retiraba el apoyo. Pesó más el hecho de que Kast sea el primer presidente elegido en las urnas que defiende abiertamente la dictadura de Pinochet que la oportunidad histórica de ser el primer país del mundo que lograse que una mujer liderase la ONU.
Pese al desaire de Kast, la candidatura de Bachelet sigue siendo apoyada por las dos potencias regionales, Brasil y México. Al respecto, Sheinbaum declaró que Bachelet seguía siendo “una opción sólida para América Latina y para las mujeres en el mundo”, por su trayectoria en derechos humanos, equidad de género, apuesta por el multilateralismo y por ser una figura capaz de impulsar reformas en la ONU.
Grynspan, mujer, pero sin apoyos
La exvicepresidenta costarricense, Rebeca Grynspan, cuenta a su favor su cargo actual de secretaria general de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo).
Comparte con Bachelet su experiencia en organismos multilaterales, además de su condición de mujer latinoamericana, pero no está claro si su ideología izquierdista, más moderada que la de la chilena, es un factor que la beneficia o no.
Como factor negativo, no cuenta con el apoyo de ninguna potencia, ni regional ni mundial.
¿Grossi, nuevo favorito?
Pese al anuncio de muchos países de que “ha llegado la hora” de que una mujer sea secretaria general de la ONU y romper así este tabú de 80 años —como ya han logrado la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y Unicef—, quien finalmente podría alzarse con el cargo es el diplomático argentino Rafael Grossi, el actual director general de la AIEA, la Agencia Internacional para la Energía Atómica.
Además del apoyo explícito del presidente argentino, Javier Milei, cuenta con el apoyo implícito de dos de las grandes potencias nucleares, Estados Unidos y Rusia, mientras que mantiene buenas relaciones con las autoridades chinas.
Además de su alabada gestión por su posición neutral en crisis nucleares, como la toma rusa de la central ucraniana de Zaporiyia, Grossi no propone una reforma de la ONU, como sí piden sus competidoras, que buscan así restar el excesivo poder de los cinco permanentes en el Consejo de Seguridad, en aras de un mayor equilibrio de fuerzas, donde tengan más voz y voto África y América Latina.
Y esto es, precisamente, el privilegio que no quieren perder EU, Rusia y China, ya que, entre otras cosas, les sirve para vetar la elección de un secretario general de la ONU que no les convenga.