
Después de que terminara la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1945, el continente Europeo seguía marcado por heridas políticas, sociales y económicas; había fronteras rotas, tensiones entre gobiernos y una necesidad urgente de reconstruir la relación entre países que apenas unos años antes estaban enfrentados en una guerra.
En ese contexto apareció la Unión Europea de Radiodifusión (UER), que a principios de los años cincuenta buscaba una manera de conectar al continente a través de la televisión; una tecnología todavía nueva para millones de personas.
La primera idea del programa que buscaba una unión para Europa no tenía nada que ver con canciones. El proyecto planteaba hacer una gran transmisión en vivo entre varios países del continente con espectáculos de variedades, actos circenses y presentaciones televisivas; pero Italia propuso algo distinto, crear un concurso musical inspirado en el Festival de San Remo.
Así nació en 1956 el Festival de la Canción de Eurovisión.
La apuesta era sencilla, que distintos países compartieran su música, cultura e identidad en una misma transmisión internacional. La idea parecía perfecta para una Europa que intentaba vender una imagen de paz y hermandad después de la guerra, pero que seguían con conflicto silencioso en la Guerra Fría.
Pero con el paso de las décadas, Eurovisión dejó de ser solo un programa musical y se convirtió en un fenómeno cultural gigantesco; el concurso creció, sumó países fuera del continente europeo como: Marruecos e Israel, permitió la entrada de Australia en 2015; pero sobre todo abrió sus puertas a naciones exsoviéticas entre ellas a Rusia y Ucrania por mencionar algunas
Pero mientras el espectáculo se hacía más grande, también comenzó a arrastrar conflictos políticos que nunca pudieron quedarse fuera del escenario.
Porque aunque la UER insiste desde hace años en que “Eurovisión no es político”, la historia del festival dice otra cosa.
Durante décadas, las votaciones entre países ya reflejaban alianzas regionales, tensiones diplomáticas y afinidades culturales. Sin embargo, el caso que terminó por romper la narrativa de neutralidad fue Rusia.
Rusia es expulsado de Eurovisión por conflictos con Ucrania
La salida de Rusia no ocurrió de un día para otro. La tensión venía creciendo desde años antes.
Uno de los primeros choques fuertes ocurrió en 2017, cuando Eurovisión se celebró en Kiev, Ucrania. Rusia eligió como representante a Yulia Samoylova, pero el gobierno ucraniano le prohibió la entrada al país porque había visitado Crimea desde territorio ruso, algo considerado ilegal por las autoridades ucranianas. Ocasionando que Rusia decidiera retirarse de aquella edición.
Pero el punto definitivo llegó el 24 de febrero de 2022, el mismo día en que comenzó la invasión rusa a gran escala sobre Ucrania. La televisión pública ucraniana exigió inmediatamente que Rusia fuera expulsada del festival. Al inicio, la UER respondió que Eurovisión era un evento cultural y no político, por lo que Rusia seguiría participando; respuesta que provocó una rebelión interna.
Televisoras públicas de Finlandia, Suecia, Noruega, Países Bajos y los países bálticos amenazaron con abandonar el concurso si Rusia permanecía dentro. La presión fue tan fuerte que en menos de 24 horas la UER cambió su postura y expulsó oficialmente a Rusia, argumentando que mantenerla dañaría la reputación del certamen.
Poco después, las cadenas estatales rusas abandonaron la organización y fueron suspendidas indefinidamente. Desde entonces, Rusia quedó fuera de Eurovisión.
Israel centro de la polémica de Eurovisión
La situación con Israel tomó un camino completamente distinto; aunque el conflicto palestino-israelí ya había generado tensión antes; el gran punto de quiebre llegó tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y el inicio de la guerra en Gaza.
Desde finales de ese año comenzaron las campañas para exigir que Israel fuera expulsado del festival con el mismo criterio aplicado a Rusia. Miles de músicos, trabajadores culturales y activistas de países como Islandia, Suecia y Finlandia firmaron cartas abiertas reclamando coherencia a la UER.
La pregunta era la misma una y otra vez: si Rusia fue expulsada por la guerra en Ucrania, ¿por qué Israel seguía compitiendo?
La organización mantuvo siempre la misma respuesta. “Eurovisión no es político”; Pero la polémica ya era imposible de frenar.
En 2019 ya había señales de incomodidad cuando el festival se celebró en Tel Aviv. Ese año, el grupo islandés Hatari mostró banderas palestinas frente a las cámaras durante las votaciones. Pero las protestas todavía eran aisladas.
Todo cambió en Malmö 2024. Las calles de la ciudad sueca se llenaron de manifestaciones contra la presencia de Israel. La representante israelí tuvo que moverse con fuertes dispositivos de seguridad y durante las presentaciones hubo abucheos constantes dentro de la arena.
Basilea 2025: Israel queda segundo y explota la controversia
La edición de 2025, celebrada en Basilea, Suiza, terminó de romper la relación entre parte del público y la organización.
Israel participó con la cantante Yuval Raphael y la canción “New Day Will Rise”. Su presencia ya era polémica porque Raphael sobrevivió al ataque de Hamás en el festival Nova del 7 de octubre de 2023.
La letra hablaba de superar el trauma y ver “el amanecer de un nuevo día”, algo que muchos interpretaron como un mensaje político dentro de un concurso que presume neutralidad.
Israel quedó muy abajo en la votación de jurados profesionales, pero arrasó en el televoto con 297 puntos gracias a campañas digitales masivas impulsadas por simpatizantes y cuentas vinculadas al gobierno israelí. Eso llevó al país hasta el segundo lugar general, solo detrás de Austria.
Además, durante la final, dos manifestantes intentaron subir al escenario mientras actuaba Yuval Raphael. Uno incluso lanzó pintura contra elementos de seguridad. La transmisión intentó ocultar los abucheos usando filtros de sonido.
Esa misma noche, mientras Israel lideraba temporalmente el marcador, comenzaron a sonar sirenas de alerta en territorio israelí debido al lanzamiento de un misil desde Yemen.
Todo eso terminó de convertir el festival en una discusión política global.
Eurovisión 2026: año que destruyó lo que ya habían construido
La edición número 70 del festival, celebrada este año en Viena, Austria, llegó completamente dividida.
España, Irlanda, Países Bajos, Islandia y Eslovenia decidieron boicotear el concurso y retirarse en protesta por la participación de Israel y por la negativa de la UER a suspender a la televisora israelí KAN.
La salida de España se convirtió en uno de los golpes más duros para la organización por el peso histórico que RTVE tiene dentro del festival. La tensión aumentó todavía más cuando Martin Green, director de Eurovisión, declaró que “invadir un país no es motivo de expulsión en Eurovisión”, al explicar el caso ruso.
José Pablo López, presidente de RTVE en España, respondió públicamente acusando a la UER de mantener un doble rasero con Israel y aseguró que esas declaraciones dañaban la imagen del festival.
Horas después, RTVE lanzó un mensaje antes de un informativo nocturno: “El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y justicia para Palestina”.
Mientras tanto, en Viena las protestas volvieron a llenar las calles.
El 16 de mayo de 2026, día de la gran final delfestival, miles de personas marcharon cerca del Wiener Stadthalle, sede del concurso. Las protestas estuvieron llenas de banderas palestinas y pancartas con mensajes contra la participación israelí. Uno de los lemas más repetidos fue: “Ningún escenario para el genocidio”.
Incluso el embajador palestino en Austria, Salá Abdel Shafi, participó en la movilización y acusó a Israel de usar el festival como una plataforma de propaganda internacional.
Aunque la policía austríaca reportó que no hubo incidentes graves, la seguridad alrededor del recinto fue enorme durante toda la semana, con apoyo incluso de agentes llegados desde Alemania.
Israel vuelve a quedar segundo en el Festival
A pesar de toda la polémica, Israel volvió a tener un resultado muy fuerte en el televoto y terminó nuevamente en segundo lugar, ahora detrás de Bulgaria.
La ganadora de 2026 fue Dara, representante búlgara, con la canción “Bangaranga”, un tema pop de club que logró convencer tanto al jurado como al público; pero que volvió a colocar a Israel en el centro de la conversación política del certamen.
Además, este año la presencia israelí no solo se notó en el escenario musical. Varias marcas y empresas vinculadas al país participaron dentro de la producción del evento, incluyendo firmas relacionadas con estilismo y peinado de artistas, algo que también generó críticas en redes sociales entre grupos pro palestinos.
Después de un día lleno de protestas; la UER intenta sostener el discurso de neutralidad cultural, pero cada edición demuestra que el festival está profundamente conectado con los conflictos internacionales.
El programa que nació para reconstruir una Europa golpeada por la guerra y para crear un espacio común entre países enemigos, 70 años después, el escenario que prometía unión se ha convertido también en un espejo de las divisiones políticas del mundo.
Y mientras el festival sigue buscando expandirse (incluso con una versión asiática programada para noviembre de 2026 en Bangkok) la gran pregunta sigue siendo la misma:
¿Puede realmente existir un Eurovisión “apolítico” en medio de guerras, boicots y tensiones globales?