
Un patio trasero “limpio de comunistas”. Esta es la ambición del presidente de Estados Unidos, Donald Trump… y lo está logrando, con la llegada de líderes ultraderechistas, afines ideológicamente al magnate republicano. Primero fue El Salvador, luego Argentina, Paraguay, Panamá, Honduras, Ecuador, Chile y ahora Colombia y Brasil, que celebran este año elecciones presidenciales.
No pasaron ni 48 horas desde el triunfo por sorpresa del ultraderechista Abelardo de la Espriella en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, celebradas el domingo, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que le daba su “firme y total apoyo” de cara a la segunda vuelta, que se celebrará el 21 de junio.
Este miércoles, De la Espriella agradeció el apoyo de Trump con el siguiente mensaje: “Existe una plena identidad en nuestras políticas de seguridad: el narcoterrorismo es el cáncer que carcome nuestras sociedades y lo vamos a combatir sin tregua, con mano de hierro y sin complejos”.
“Estados Unidos y Colombia son naciones hermanas, unidas por la sangre de héroes y por el destino común de defender la civilización occidental en estas tierras de las Américas. Juntos somos indestructibles y formamos un frente común contra el comunismo”, agregó De la Espriella.
En paralelo al apoyo al candidato ultraderechista colombiano, Trump publicó otro mensaje en su red Truth Social una foto en la que aparece sonriente junto a Flavio Bolsonaro, a quien recibió en la Casa Blanca el fin de semana para mostrarle su apoyo de cara a las elecciones presidenciales de octubre en Brasil
“Fue un placer tener a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval de la Casa Blanca. ¡Un joven inteligente que ama mucho a su país, Brasil!”, escribió Trump, una semana después del regreso a Brasil del hijo del expresidente Jair Bolsonaro, encarcelado por conspirar para echar del poder mediante un golpe de Estado a Lula da Silva, incluso se planeó su asesinato, en caso de que ofreciera resistencia.
El senador Bolsonaro, de 45 años, llegó rodeado de multitudes y eufórico con el regalo que trajo en su maleta: la declaración como grupos terroristas de las dos grandes bandas criminales del país: Comando Vermelho y PCC (Primeiro Comando da Capital).
Con el mismo argumento de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, Lula criticó esta designación por considerar que podría abrir la puerta a una intervención militar estadounidense en territorio brasileño.
El asunto no quedó ahí. El martes, Trump le envió otro regalo, pero este puede estar envenenado y salirle el tiro por la culata.
Chantaje injerencista, con México por medio
Cuando la guerra comercial entre Estados Unidos y Brasil parecía haber quedado atrás, luego del encuentro entre Trump y Lula en la Casa Blanca, el pasado 7 de mayo, el Departamento del Tesoro anunció este martes aranceles del 25% a las importaciones brasileñas, luego de acusar al gobierno izquierdista de firmar acuerdos comerciales bilaterales con India y con México, los cuales, según asegura la Casa Blanca, “dañan al comercio de EU”.
La justificación es tan arbitraria e injusta (la Organización Mundial del Comercio considera esta medida coercitiva una clara violación de sus principios, aunque poco puede hacer) que hizo que estallara de ira el presidente brasileño, quien acuso a Flávio Bolsonaro de ser un “cobarde” y un “traidor” a la patria, a sabiendas del daño que hará a la economía nacional.
El objetivo de Trump con esta doble injerencia en las contiendas en Colombia y Brasil es evidente: acabar con el “comunismo” en los dos países más poblados de Sudamérica e influir en el voto de sus respectivos ciudadanos para que apuesten por gobernantes sumisos a su autoridad, que le ayuden a aplicar la nueva Doctrina Monroe (o Donroe).
¿En qué consiste la Doctrina Donroe y su Escudo de las Américas?
Básicamente, que toda la región vuelva a ser el patio trasero y exclusivo de Estados Unidos, es decir, sin rastro de influencia china o reducida a la mínima expresión, como ya logró imponer al presidente panameño, José Raúl Mulino, quien se vio obligado a retirar el control de sus dos mayores puertos, uno en el Pacífico y otro en el Atlántico, a la compañía china Hutchinson, con sede en Hong Kong, o de lo contrario, EU iba a volver a tomar el control del canal de Panamá.
El otro pilar estratégico es que los países latinoamericanos se sumen sin rechistar a su guerra contra el narcotráfico, aunque ello implique intervenciones militares estadounidenses sobre el terreno. Con esta idea, Trump convocó en marzo en uno de sus hoteles en Miami a doce presidentes latinoamericanos, a los que convocó a unirse a su polémico “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas).
Los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Chile, José Antonio Kast (en ese momento presidente electo); Costa Rica, Rodrigo Chávez; República Dominicana, Luis Abinader; Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Irfaan Ali; Honduras, Nasry Afura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña; y Trinidad y Tobago, KamlaPersad Binnesar, firmaron un inédito tratado de seguridad y cooperación militar entre EU y los firmantes latinoamericanos, mediante el cual se comprometen a usar la fuerza militar “letal” y permitir la ayuda de cualquier otro país (básicamente EU) para “destruir a los carteles y redes terroristas”.
Los únicos líderes que no fueron invitados por Trump a unirse a su “Escudo de las Américas” por no comulgar con su ideología intervencionista son, además de Sheinbaum, Lula y Petro, el presidente uruguayo Yamandú Orsi, discípulo del fallecido José Mujica, y el socialdemócrata guatemalteco Bernardo Arévalo, aunque recientemente envió una carta al Pentágono con una ambigua petición de ayuda estadounidense para combatir el narcotráfico, aunque sin aclarar si incluye una autorización para una intervención militar.
Tampoco fueron invitados, por razones obvias, los dictadores antiyanquis de la región, el cubano Miguel Díaz-Canel y el nicaragüense Daniel Ortega, así como la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien, pese a que se ha puesto a las órdenes de Trump y le permite extraer petróleo, luego de ver el destino de Nicolás Maduro y su mujer en una cárcel de Nueva York, su visita a Miami, donde vive el grueso del exilio antichavista en EU, habría sido demasiado escandaloso.
A la espera de que a la cuarta sea la vencida para Keiko
Finalmente, el otro país que no fue invitado a la cumbre de Miami es Perú, tras ser expulsada la presidenta Dina Boluarte, que habría acudido encantada, luego de alinearse con el sector más radical del autoritarismo que le gusta a Trump.
Este 7 de junio, dos domingos antes que en Colombia, los peruanos acuden a segunda vuelta para elegir su presidente y, como en el país vecino, lo hará entre dos modelos radicalmente diferentes: la derecha de Keiko Fujimori y la izquierda indigenista de Roberto Sánchez, quien ya ha anunciado que seguirá el escrutinio desde la cárcel, junto al expresidente Pedro Castillo, condenado por golpista y defendido férreamente por Sheinbaum, como antes los fue por Andrés Manuel López Obrador.
Según las encuestas en Perú, Colombia y Brasil, los tres candidatos que apoya Trump parten con ventaja para convertirse en presidente. De lograrlo, el presidente de EU podría presumir de su mayor logro en la escena internacional, dado sus sonoros fracasos en Países Bajos y Hungría, donde no logró que ganaran los candidatos ultras: Geert Wilders y Viktor Orban, respectivamente; o su fiasco en la guerra de Irán o para imponer la paz en Medio Oriente y en Ucrania.
Sólo faltaría la guinda del pastel para sentirse satisfecho en lo que concierne a América Latina: someter a Sheinbaum y acabar con los dos sexenios morenistas, para dar paso a una nueva era de intervencionismo estadounidense en México.