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A un mes para el 4 de julio, el presidente planea los festejos en un homenaje a sí mismo y no a la Constitución, nacida precisamente para limitar el poder personal

Trump quiere convertir el 250 aniversario de EU en un culto al líder; lo opuesto al espíritu de los padres fundadores

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Culto a la personalidad Pancartas enormes de Trump cuelgan en los edificios federales de Washington, en algunas junto a Lincoln en una suerte de propaganda descarada como han denunciado los demócratas

El próximo 4 de julio, Estados Unidos celebra el 250 aniversario de la separación de 13 colonias del imperio británico. Ese día se firmó la Declaración de Independencia —redactada por Thomas Jefferson (tercer presidente de EU), John Adams (segundo presidente de EU), Benjamin Franklin, Roger Sherman y Robert R. Livingston—, en la que se proclamaba que el nuevo Estado tendría separación de poderes y un gobierno y parlamento surgidos del pueblo y removidos por el pueblo, en caso de corrupción o autoritarismo por parte de los representantes electos, empezando por el presidente.

El ADN fundacional está claro: la legitimidad política proviene de la voluntad del pueblo y no de la herencia monárquica ni de un dictador. De hecho, el primer presidente de Estados Unidos, George Washington (elegido por haber sido el comandante en jefe que derrotó a las tropas británicas), se negó a perpetuarse en el poder e impuso la limitación a dos mandatos, que más tarde se convirtió en ley con la Enmienda XXII.

Washington representaba el ideal de los Padres Fundadores: un líder que servía a la nación y luego se retiraba, evitando el culto a la personalidad y reforzando la primacía de las instituciones. Su decisión de no perpetuarse en el poder fue clave para consolidar la nueva república, que con el tiempo se convirtió en la primera potencia planetaria.

Pues bien, dos siglos y medio después, Estados Unidos está en manos de Donald Trump, el presidente más imperialista de su historia, respaldado por un movimiento sectario ultraderechista —MAGA—, con un Congreso controlado por un sumiso Partido Republicano y una Corte Suprema controlada por una mayoría afín a su pensamiento ultraconservador.

Si el presidente Washington levantara la cabeza, se volvería a meter en la tumba de la pena, luego de escuchar a Trump decir que le gustaría ser dictador “aunque fuera un día”, sin ser consciente de que, lejos de devolver la grandeza a EU, está arrastrando al país a una era de aislamiento y decadencia.

En sus delirios de grandeza, Trump planea levantar un gigantesco arco de triunfo, al estilo del que el autoproclamado emperador Napoléon ordenó levantar en París, solo que este mayor y rematado por estatuas doradas gigantescas.

Presiona también para que se emitan monedas conmemorativas por el 250 aniversario y billetes de 250 dólares con su rostro, algo inaudito que rompería la regla vigente desde 1866 que prohíbe incluir a personas vivas en el papel moneda.

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Megalomanía Trump quiere que su cara aparezca en un nuevo billete de 250 dólares

Washington, patas arriba

A un mes para el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, la capital está patas arriba, con un tercio de la Casa Blanca en escombros por la multimillonaria remodelación del ala este para la construcción de un gigantesco salón de baile, estilo Sissi emperatriz, o como él prefiere decir: “el monumento más majestuoso que se habrá hecho nunca en Estados Unidos, más grande y hermoso que el Palacio del Pueblo de Pekín”.

“¿Por qué la gente se pelea conmigo por tener algo aún mejor? ¡Los demócratas están locos!”, añadió tras enfurecerse porque un juez paralizó parcialmente la obra, tras aceptar la demanda de una asociación para la conservación de monumentos en Washington, que consideró que el presidente estadounidense no tiene autoridad para seguir adelante con la construcción sin una autorización específica del Congreso.

Otro juez también ordenó retirar el nombre que Trump hizo poner en el emblemático Centro Kennedy de Artes Escénicas de Washington. La reacción furibunda del republicano no se hizo esperar, con insultos al juez y amenazas de cerrar definitivamente uno de los símbolos culturales de la capital.

Lo que sí estará a tiempo para los festejos es la reinauguración del estanque reflectante del National Mall, a los pies del Monumento a Lincoln.

Este jueves volvió a llenarse de agua tras las obras de remodelación impulsadas por Trump, quien, tras considerar que la lámina de agua, de más de 600 metros de longitud, no debe ser de color “negro sucio”, sino “azul patriota”, por lo que ordenó el secado y repintado, haciendo caso omiso a las críticas de los expertos de que el color negro hace precisamente que se vean reflejados los monumentos alrededor, principalmente el obelisco dedicado a George Washington. Además, el costo de las obras inicial era de 1.8 millones de dólares, pero finalmente se disparó a 13.1 millones de dólares, como denunció The New York Times.

Trump, cuyo rostro apareció de repente en mantas en muchos edificios públicos, anunció que encabezará, el 24 de junio en Washington, un gran mitin para inaugurar las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia del país, tras la cancelación masiva de varios artistas previstos para el evento.

El magnate populista dijo que será “el mayor mitin de todos los tiempos” y estará acompañado por el tenor Christopher Dennis con un repertorio de canciones religiosas, al que Trump comparó con Luciano Pavarotti.

Pan y circo en la Casa Blanca

También estará listo para su 80 cumpleaños, el 14 de junio, otra obra polémica levantada en los jardines de la Casa Blanca: el octógono de la UFC (Ultimate Fighting Championship), la mayor organización de artes marciales mixtas del mundo.

Este jueves, Trump bromeó con la idea de dejar para siempre la estructura metálica en forma de arco gigante, que sobresale por encima de la Casa Blanca. En un nuevo video publicado en TikTok, Trump comparó la estructura que se está construyendo en la Casa Blanca con la Torre Eiffel y opinó que podría convertirse en un “magnífico destino turístico”.

“Se suponía que la Torre Eiffel se desmontaría inmediatamente después de la Exposición Universal. Pero luego dijeron: ‘Saben, nos gusta. Dejémosla un poco más’”, escribió, sin importarle las críticas por querer convertir el edificio más emblemático del país, junto con el Capitolio, en un coliseo al estilo Nerón en Roma: “Washington DC debería llamarse Washington PC: Pan y Circo”, escribió un comentarista, espantado con la idea.

Y mientras se acerca la señalada fecha, la impresión de que el 250 aniversario va ser una gigantesca demostración de culto a un líder negacionista. El último ejemplo, la decisión de la compañía Union Pacific de bautizar su mayor tren de carga no con el número 250 por el aniversario de la independencia, sino 4547, por ser Trump el presidente 45 y 47 del país.

Por cierto, mientras la locomotora 4547 todavía funciona a diesel y no pasa de los 60 kilómetros por hora, China ensaya su nuevo tren magnético Maglev para alcance los 600 kilómetros por hora. El dato debería quitar el sueño a Trump, pero su negacionismo está retrasando la transición a energías limpias y a las nuevas tecnologías. Ayer mismo, anunció la inversión en dos nuevas centrales de electricidad alimentadas por “el bonito y limpio carbón”.

A este ritmo, el 275 aniversario de EU podría ser ya el de los festejos de un país irreconocible y que perdió su condición de potencia hegemónica global.

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