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Trump vende como una victoria el desbloqueo de Ormuz mientras Netanyahu amenaza con seguir la guerra en Líbano

Ganadores y perdedores del acuerdo de paz entre EU e Irán... si no lo revienta antes Israel

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Acuerdo EU-Irán Una mujer iraní camina por una calle de Teherán junto a un poster de una bandera iraní con su escudo modificado para incluir un misil (ABEDIN TAHERKENAREH/EFE)

Ganadores

Irán: El régimen de los ayatolás ha logrado sobrevivir a la guerra que les declararon conjuntamente el 28 de febrero dos de los Ejércitos más poderosos del mundo: el estadounidense y el israelí, con la excusa de que Teherán estaba “a semanas” de conseguir el suficiente uranio enriquecido para fabricar sus primeras bombas atómicas.

En vez de rendirse Irán como máximo “en cinco semanas”, como predijo el Pentágono y cada vez que Trump anunciaba que las tropas del Pentágono habían logrado destruir la capacidad iraní de atacar, la Guardia Revolucionaria respondía con una salva de misiles y drones explosivos contra Israel, contra las bases de EU en Medio Oriente y contra los países árabes del golfo Pérsico aliados de Washington, espantando a los turistas y expatriados de mecas del lujo que se creían intocables, como Dubái, y forzando a los israelíes a correr a los refugios.

Sin embargo, la batalla decisiva que evitó la derrota iraní fue haber logrado cerrar el estrecho de Ormuz y haber resistido los intentos de EU por tomar el control de la estratégica vía por donde antes de la guerra salía diariamente el 20% del petróleo y el gas que consume el mundo.

De esta manera, en poco más de cien días de guerra (la mitad bajo un frágil alto el fuego), los iraníes lograron sentar en una mesa de negociaciones en Pakistán a los estadounidenses y arrancarles un acuerdo de paz, a espaldas de Israel y cuya firma está programada para este viernes en Ginebra (Suiza).

Según los primeros detalles del acuerdo, EU permitirá qe Teherán recupere el acceso a más de 100 mil millones de dólares en activos congelados y el levantamiento parcial de sanciones. Aunque debilitado militarmente, el régimen islámico asegura su supervivencia política y económica, mientras gana tiempo (dos meses) para negociar su programa nuclear.

China: La superpotencia asiática, mayor consumidora de petróleo del golfo Pérsico, logró sustituir en tiempo récord el crudo que dejó de salir de Ormuz, reactivando la compra de petróleo ruso a través del oleoducto Power of Siberia II, firmando nuevas alianzas energéticas con países de Asia Central, especialmente Kazajistán. Otro factor decisivo es que China ha logrado reducir drásticamente la dependencia de los combustibles fósiles gracias a su revolución en energías renovables.

Porr otro lado, el régimen de Xi Jinping evitó un choque diplomático con EU sin abandonar a su aliado persa: condenó los ataques de EU e Israel, pero evitó involucrarse militarmente, lo que le sirvió para sortear el veto estadounidense al petróleo ruso, mientras que volverá a ser el país más beneficiado por contratos preferenciales de petróleo iraní, según los detalles del acuerdo.

Rusia: Con el cierre forzado de Ormuz, Rusia se convirtió en proveedor clave de crudo hacia India y China, reforzando la dependencia energética rusa de los dos países más poblados del mundo, y reponiendo de paso las arcas vacías para seguir financiando la guerra de Putin en Ucrania.

Además, al convencer a los chinos de aceptar compras en rublos (y no sólo en yuanes), Putin contribuye de paso a erosionar la hegemonía del dólar como la moneda de intercambio comercial, mientras felicita calurosamente a Trump por su 80 cumpleaños, para que siga creyendo que tiene a un amigo en el Kremlin.

Perdedores

Israel: El acuerdo

no considera poco no ha logrado fracasó en su objetivo máximo: desmantelar la industria nuclear iraní, confiscar el uranio enriquecido y eliminar la capacidad de fabricar bombas atómicas. Tampoco logró derribar el régimen islamista ni desarmar a Hezbolá, la milicia libanesa proiraní, mientras se dañan las relaciones entre Trump y Netanyahu (con insultlos incluidos del republicano cuando el israelí no le obedece).

Asimismo, Israel consolida su estatus de nación paria, con su imagen hundida en prácticamente todo el mundo, mientras sus tropas siguen matando civiles en Líbano y Gaza y permiten el terrorismo de colonos judíos contra palestinos en Cisjordania.

Estados Unidos: Por mucho que Trump se presente como el presidente que llevó la paz a Medio Oriente y venda el acuerdo como una victoria militar, lo cierto es que su Operación Furia Épica fue cualquier cosa menos épica. La primera guerra bajo su mandato ha sido un fiasco: rompió su promesa de no arrastrar a EU a una guerra ajena y se mostró como marioneta manos de Netanyahu; asimismo su superioridad militar, estratégica y de inteligencia quedó en evidencia al tener que conformarse con una especie de empate con el enemigo, ya que no lo pudo derrotar..

Por otra parte, el costo de esta guerra impopular ascendía a 29 mil millones de dólares hasta el 12 de mayo de 2026, según el contralor del Pentágono. Sin embargo, la propia Casa Blanca admite que el gasto será mucho mayor, por lo que solicitó al Congreso unos 200 mil millones de dólares en fondos de emergencia para reparar las bases dañadas en Medio Oriente y reponer misiles (de 4 millones de dólares cada uno, frente a los drones iraníes Shahed que cuestan apenas 30 mil dólares).

El precio del combustible en EU pasó de 2.98 dólares el galón antes de la guerra a picos de 4.63 dólares, cerrando en 3.99 tras anunciarse el acuerdo.

Líbano: La incapacidad del gobierno libanés para desarmar a Hezbolá —cuya milicia chiita se niega a ponerse bajo las órdenes del Ejército nacional, compuesto por musulmanes suníes, drusos y cristianos— y la decisión de volver a lanzar cohetes conta Israel, en venganza por los bombardeos sobre Irán, dieron al gobierno de Netanyahu la excusa perfecta para volver a invadir el sur de Líbano y prometer convertirlo en una “nueva Gaza”. El saldo: más de 3,700 libaneses muertos, un millón de desplazados internos y la advertencia de que Israel no aceptará la inclusión de Líbano en el acuerdo de paz mientras Hezbolá no se desarme.

El pueblo iraní: Aunque la propaganda oficial difunda imágenes de multitudes —especialmente mujeres con velo islámico negro— festejando la victoria sobre EU, el gran perdedor es el pueblo iraní que guarda silencio y no sale a la calle, anhelando vivir en una democracia normal y no bajo un régimen represivo que ha intensificado aún más la censura y la persecución. También pierden los miles de iraníes en el exilio, que al inicio de la guerra se manifestaron eufóricos creyendo que EU tenía el poder y la voluntad de cambiar el régimen teocrático por uno democrático.

Ninguna de las dos cosas ocurrió.

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