1. Donald Trump (2017-2021 y 2025 hasta la fecha)

Aunque los historiadores muestran cautela a la hora de valorar a un presidente que está en activo, la asombrosa acumulación de hechos coincide con lo que anuncian las encuestas de opinión pública: Donald Trump es el peor presidente de la historia de Estados Unidos.
Existe una razón que separa a Trump de cualquiera de sus 44 predecesores y lo sube al podio de la ignominia: ha violado (y lo hace cada vez más descaradamente) la idea fundamental que emana de la Declaración de Independencia que se proclamó hace justo 250 años, la de que “la función del gobierno es servir al pueblo, no el pueblo para servir al gobierno”.
Trump usa su poder presidencial para intimidar y censurar a periodistas, para perseguir a los inmigrantes (especialmente si son de raza hispana o árabe), para levantar calumnias contra sus adversarios, para indultar a delincuentes —desde donantes de su campaña corruptos hasta asaltantes del Capitolio—, para militarizar ciudades solo porque votan demócrata, para tapar sus vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein o, como acaba de hacerse evidente, para convertir la Casa Blanca en una máquina de hacer dólares y disparar la fortuna familiar.
Eso de puertas adentro; de puertas afuera, ha dinamitado el multilateralismo, sacó a EU del Acuerdo de París para la lucha global contra el cambio climático y chantajea al resto del mundo con aranceles comerciales, mientras desvirtúa la esencia del T-MEC, traicionando el propio acuerdo que él impuso en su primer mandato a México y Canadá. Amenaza con anexionarse Groenlandia, Canadá y el canal de Panamá, y amenaza constantemente a México con una intervención militar para destruir los cárteles, sin mover un dedo para evitar el tráfico de armas que los criminales compran libremente en las armerías estadounidenses.
Además, violó su promesa electoral de no arrastrar al país a una guerra sin sentido, como hizo en Irán solo porque se lo dijo el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mientras se pasa por el arco del triunfo (como el que pretende construir en la capital del país para su mayor gloria) el derecho internacional, con sus bombardeos de lanchas en aguas del Caribe y el Pacífico.
La lista de su autoritarismo es mucho más extensa, empezando por ser el único presidente que ha traicionado la transferencia pacífica del poder (cuando denunció sin pruebas que Joe Biden le arrebató la victoria en las elecciones de 2020), pero lo enumerado es suficiente para que millones de estadounidenses hayan salido varias veces a la calle para recordarle que Estados Unidos se fundó para librarse de un rey.
2. James K. Polk (1845–1849)

Para la historia mexicana, Polk es el mandatario estadounidense más dañino debido a que persiguió con agresividad la doctrina del Destino Manifiesto (la creencia de que Estados Unidos estaba destinado por Dios a expandirse de costa a costa).
Polk provocó deliberadamente la Guerra de Intervención Estadounidense (1846-1848). Envió tropas al territorio en disputa entre el río Nueces y el río Bravo para forzar un enfrentamiento con el ejército mexicano. Una vez iniciada la guerra, las tropas estadounidenses invadieron el país y bombardearon Veracruz hasta llegar a la Ciudad de México, ocupando el Zócalo y el Castillo de Chapultepec.
El impacto fue brutal: obligó a México a firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo, mediante el cual el país se vio forzado a ceder el 55% de su territorio (lo que hoy son los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona y partes de Colorado y Wyoming).
3. James Buchanan (1857–1861)

Desde el punto de vista estadounidense, es considerado casi unánimemente como el peor presidente de la historia por una razón monumental: permitió que el país se desintegrara en la Guerra Civil.
Buchanan subestimó por completo la crisis de la esclavitud. Cuando los estados del sur comenzaron a declarar su secesión en 1860, Buchanan sostuvo que era ilegal, pero al mismo tiempo afirmó que no tenía poder para impedirlo. Esta postura dejó al país sin liderazgo en un momento crítico.
Tras ganar las elecciones de 1860 el abolicionista Abraham Lincoln, a Buchanan, al que le quedaban varios meses de presidencia, se quedó paralizado mientras los estados esclavistas del sur comenzaban a independizarse. Declaró que la secesión era ilegal, pero al mismo tiempo afirmó que el gobierno federal no tenía autoridad constitucional para detenerlos. Su inacción precipitó al país a la sangrienta Guerra Civil.
4. Richard Nixon (1969–1974)

El único presidente estadounidense que se ha visto obligado a dimitir (por el espionaje a los demócratas en su sede nacional, en el edificio Watergate) está considerado como el peor para la democracia en Sudamérica.
Durante el auge de la Guerra Fría, Nixon dio mano libre a su poderoso secretario de Estado, Henry Kissinger, para llevar al extremo la doctrina Monroe en su “patio trasero”, llevando el intervencionismo clandestino estadounidense a crímenes de guerra y de lesa humanidad, priorizando el combate al comunismo por encima de los derechos humanos y la democracia.
El caso más emblemático del daño de Nixon fue su asfixia económica planificada al gobierno democrático de Salvador Allende, instruyendo a la CIA a “hacer crujir la economía” chilena. Esto pavimentó el camino para el sangriento golpe militar de Augusto Pinochet, instaurando una dictadura de 17 años.
Bajo su gobierno se creó el siniestro Plan Cóndor, mediante el cual Estados Unidos coordinó, respaldó y financió los esfuerzos de las dictaduras militares del Cono Sur (Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia) en la persecución, tortura y desaparición sistemática de opositores políticos.
A pesar de tener grandes logros en política exterior (como abrir las relaciones diplomáticas con China), la presidencia de Nixon quedó totalmente destruida por su paranoia y abuso de poder.
Fue el cerebro detrás del escándalo de Watergate, un sistema de espionaje político contra sus oponentes demócratas y un posterior encubrimiento masivo utilizando agencias del gobierno (como el FBI y la CIA). Ante la certeza de que el Congreso lo destituiría mediante un juicio político, se convirtió en el único presidente en la historia de EU en renunciar al cargo, quebrando la confianza de los ciudadanos en la institución presidencial para siempre.
5. George W. Bush (2001–2009)

El hasta ahora único presidente de EU cuyo padre lo fue también, George H. Bush, pasará también a la historia como el mandatario que no vio venir el peor atentado ocurrido en suelo estadounidense: el ataque de Al Qaeda del 11 de septiembre de 2001.
Pese a las fallas de inteligencia, su popularidad fue altísima tras su foto entre los escombros de las Torres Gemelas; pero el rumbo que tomó su gobierno en los años siguientes destruyó su legado ante los historiadores.
La decisión de invadir Irak, basada en una mentira —la de que Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva—, provocó una sangrienta guerra civil con centenares de miles de muertos, muchos de ellos tras haber sido torturados en cárceles de la CIA. Causó asimismo el surgimiento del peor grupo terrorista, el Estado Islámico, y ordenó la construcción de la infame cárcel de Guantánamo.
A esto se sumó una pésima gestión ante el desastre humanitario del huracán Katrina en 2005 y, finalmente, el colapso de Wall Street en 2008 que dio origen a la Gran Recesión, la peor crisis económica global desde los años 30, que se extendió por todo el mundo y duró casi una década.