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Personas atrapadas y calcinadas por fuego explosivo en España, la Torre Eiffel cerrada, peleas por ventiladores. Negar y entorpecer la lucha contra el calentamiento global debería estar penado con cárcel

Tres olas de calor dejan 20 mil muertos en Europa y una pregunta: ¿Está el mundo preparado?

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Cambio climático En junio de 2022, por primera vez un satélite captó una imagen inaudita: Inglaterra sin su característica alfombra verde y en su totalidad color café, debido a la grave ola de calor, consecuencia del calentamiento global

La sierra de los Filabres es un paraje paradisíaco de España, destino de muchos europeos que huyen de las ciudades y de las playas masificadas. Como en prácticamente todo el viejo continente, la sierra en el extremo oriental de Andalucía ha sido golpeada por tres olas de calor extremo consecutivas. Nada hacía anticipar la tragedia porque se cocía, literalmente, bajo tierra en los árboles sometidos a un fuerte estrés hídrico.

El 9 de julio hacía viento en la sierra y, en cuestión de minutos, se produjo lo que los científicos llaman un incendio explosivo (o de sexta generación): un incendio forestal que libera tanta energía que el aire muy caliente (hasta 1,000 grados centígrados) y el humo ascienden a cientos de metros de altura como una chimenea gigantesca, provocando vientos huracanados en todas las direcciones y lanzando a los cuatro vientos trozos de ramas y piñas ardientes.

El paraíso acabó en infierno: los lugareños que conocían el terreno pudieron escapar, pero no así al menos 13 turistas, diez británicos y tres belgas; la última víctima fue una mujer hospitalizada que murió este domingo por graves quemaduras. Otras 23 personas siguen desaparecidas.

Este mismo domingo, las autoridades de París ordenaron el cierre de la Torre Eiffel por segunda vez en la historia y debido al mismo motivo que la primera vez, el pasado 26 de junio: cuando se superaron los 40 grados de temperatura, pero la sensación térmica se dispara hasta 60 grados, debido a que toda la estructura es de hierro. Además, desde el mirador más alto, a 275 metros, la evaporación del sudor es más rápida y el riesgo de deshidratación mucho más peligroso.

Ni en los pronósticos más pesimistas alguien habría imaginado que en la ciudad donde se firmaron los Acuerdos de París, para que la temperatura del planeta no suba más de 2 grados centígrados, los termómetros iban a batir de media, el 23 y el 24 de junio, su récord histórico en junio: 22.7°C, casi cuatro grados más que su normalidad climática, que es de 18.9°. La localidad de Pissos, en la costa atlántica, batió el récord absoluto con 44.3°, mientras que París superó los 40 °C en dos días consecutivos (40.6 °C y 40.1 °C), una rareza sumamente preocupante, alertó Météo-France.

Las consecuencias están siendo dramáticas: 5,210 muertos por golpes de calor en Francia (en su mayoría mayores de 60 años) desde que se instaló en Europa occidental un “domo de calor” a partir del 20 de junio. Otra consecuencia del calor son las muertes por ahogamiento: 139 desde el 19 de junio, un 18% más que en el mismo periodo de 2025, según informó este domingo el ministro del Interior, Laurent Nuñez.

Además, las tres olas de calor consecutivas han provocado importantes pérdidas económicas. Se estiman pérdidas generalizadas en los cultivos de cereales, destacando caídas de hasta el 10% en la producción de trigo francés.

Por su parte, las centrales nucleares en Francia e Italia tuvieron que realizar paradas programadas de producción eléctrica porque el agua de los ríos estaba demasiado caliente para refrigerar los reactores de forma segura, coincidiendo con un pico de demanda por el aire acondicionado.

Francia mantendrá este lunes y durante los próximos dos días 37 del centenar de sus departamentos en alerta roja, el nivel máximo de vigilancia por calor, incluidos París y su región, con temperaturas extremas de hasta 41 grados.

¿Y la alfombra verde de la campiña inglesa? La mítica alfombra verde del paisaje inglés perdió su color, como nunca se había visto, al final del verano de 2022. Por primera vez, las imágenes satelitales mostraron a las islas británicas completamente amarillas o café, en lugar de su verde característico. Tras registrarse por primera vez en la historia temperaturas superiores a los 40 °C, el césped y los campos ingleses entraron en un estado de latencia masiva (retirada de la humedad a la raíz, dejando que lo expuesto a la luz del sol se seque por completo).

Este año, el fenómeno se ha repetido pero de forma mucho más temprana. Tras una severa ola de calor a finales de junio que rozó los 38 °C con una humedad sofocante, el suelo de Inglaterra se secó rápidamente. Para inicios de julio de 2026, las principales compañías de agua (como Thames Water y Southern Water) tuvieron que imponer restricciones en el uso de mangueras y fuentes, dejando los campos y jardines ingleses teñidos de un tono dorado y marrón seco en pleno inicio del verano.

Calor extremo, precoz, letal La ola de calor que ha azotado a Europa entre finales de mayo, junio y principios de julio de 2026 ya está catalogada por los científicos de la organización World Weather Attribution y el servicio Copernicus como uno de los episodios meteorológicos más extremos, precoces y letales en la historia reciente del continente.

La crisis sanitaria no tiene precedentes, con más de 20,000 muertes estimadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de las que 4,300 decesos se concentraron en la semana crítica del 22 al 28 de junio, mientras que Alemania añadió 4,500 víctimas relacionadas con el calor.

Las altas temperaturas aceleraron la pérdida de hielo alpino, provocando que toda la nieve acumulada en el invierno se derritiera por completo antes del 29 de junio.

La polémica ha saltado incluso al Tour de Francia. El cuatro veces ganador, Tadej Pogačar, afirmó este domingo que, si por él fuera, adaptaría por completo el calendario para evitar correr en los lugares más calurosos durante el verano boreal.

El esloveno de 27 años se manifestó en ese sentido al término de la novena etapa de la prestigiosa carrera francesa, en la región central de Corrèze, que fue acortada en unos 30 km debido a una “alerta roja” por una intensa ola de calor.

Cada uno de los nueve días transcurridos desde que comenzase en Barcelona (España) esta 113.ª edición del Tour, el pelotón ha tenido que hacer frente a temperaturas superiores a los 35 grados.

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