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La muerte del mexicano Salgado a manos de agentes encapuchados y sin cámara corporal evidencia cómo el sueño americano se transformó en pesadilla y afecta mentalmente a miles de migrantes

“¡Dios mío, hazme invisible!”: los migrantes cambian hábitos de vida ante el “gatillo fácil” del ICE

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Terrorismo del ICE Un inmigrante arrastrado por cuatro agentes del ICE

El testimonio de Adolfo (nombre ficticio) es recurrente, al igual que la negativa de quienes lo dan a revelar sus verdaderas identidades por la sensación de paranoia generada por la cacería antiinmigrante de los agentes del ICE: “Ya no vamos al parque con los niños ni a la iglesia los domingos. El trayecto de la casa al trabajo se hace rezando, mirando de reojo cada camioneta con vidrios ahumados. Si vemos hombres de civil parados en la esquina, nadie sale de la casa ese día, aunque faltemos al empleo y no nos paguen la jornada”.

Lorenzo Salgado no podía permitirse el lujo de dejar de acudir a recoger a su cuadrilla para trabajar en la construcción, o creyó estar a salvo porque no tenía antecedentes penales ni se metió en problemas en sus 35 años viviendo en Estados Unidos (a donde llegó de adolescente cuando tenía 17 años). Su sueño americano se hizo realidad cuando pudo fundar su propio negocio, casarse y sacar adelante a tres hijos, todos de nacionalidad estadounidense. Según relató su primogénito, no tenía residencia legal definitiva, pero estaba en el proceso final para obtener un permiso de trabajo. De alguna manera se sentía a salvo, pero se equivocó: bajo el gobierno de Donald Trump, cualquier persona con aspecto latino es sospechosa de ser un criminal.

El martes 7 de julio, “mi papá y mi mamá despertaron a las 5” de la mañana, cuenta su hijo, Ronaldo Salgado. Lorenzo, nacido en Tlatlaya (Estado de México), tomó el desayuno que le había preparado su esposa y se despidió. Se puso un sombrero y a las 05:50 salió en su van a recoger a su cuadrilla, antes de dirigirse al norte de Houston para terminar la construcción de algunas casas.

“A las 6:55, sin que ninguno de nosotros lo supiera, mi papá había recibido un disparo dentro de su camioneta” por parte de un miembro encapuchado del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que se encontraba con otros agentes en autos sin distintivos.

La excusa dada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) es idéntica a la que dio tras asesinar agentes del ICE a Renee Good.

“El gobierno nos contó la misma historia: un vehículo como arma, un intento de atropellar a un agente y defensa propia. Y luego salió el video y mostró a un agente abrir fuego fuera de la trayectoria del vehículo”, denunció Juan Proaño, director de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), quien lamentó que, en el caso del mexicano, los agentes involucrados ni siquiera llevaran cámaras corporales para evitar, precisamente, ser llevados ante los tribunales.

Bajo el gobierno de Trump, los agentes de inmigración no tienen obligatoriamente que llevar bodycams; en otras palabras, tienen licencia para matar. Por lo tanto, la decisión de organizarse para hacerse invisibles ante los uniformados, incapaces siquiera de dar la cara, es cualquier cosa menos histeria colectiva: es una cuestión de supervivencia y, con la excepción de la vivienda, donde se requiere una orden de registro judicial para irrumpir en ella, ningún lugar es seguro en Estados Unidos para los inmigrantes indocumentados.

De hecho, nada más regresar Trump a la Casa Blanca, a finales de enero de 2025, uno de sus primeros mandatos presidenciales fue anular la política de lugares sensibles de su antecesor, el demócrata Joe Biden. Bajo las nuevas directrices de la administración republicana, los agentes del ICE recibieron autorización explícita para llevar a cabo operativos de detención, arrestos de inmigrantes y vigilancia en áreas que antes estaban estrictamente protegidas, tales como: centros educativos públicos y privados, paradas de autobuses escolares, centros médicos de salud y salas de emergencia, iglesias, templos, mezquitas y sinagogas, comedores públicos, refugios para personas sin hogar y centros de distribución de ayuda social.

La eliminación de este “muro de protección” para los indocumentados en EU es la principal causa detrás de la inmovilidad y el aislamiento extremo de las familias migrantes. La urgencia ya no es proteger a los inmigrantes de las garras de la patrulla fronteriza o de las redadas del ICE, especialmente tras el desplome de cruces en la frontera y el fin de la protección de asilo; la urgencia es proteger a los millones de inmigrantes hispanos, una gran parte llevando décadas viviendo y trabajando en Estados Unidos, donde han formado familias y donde muchos luchaban por regularizar su situación migratoria, creyendo que así estarían seguros.

Es el caso de la guatemalteca Laura, de 60 años, que llegó a Estados Unidos en 1986, el mismo año de la amnistía de Ronald Reagan —cuando todavía los republicanos defendían el conservadurismo compasivo— y concedió la ciudadanía estadounidense a tres millones de inmigrantes. Laura no lo logró por haber llegado ese mismo año, pero, al igual que el mexicano Lorenzo, en estos 40 años pudo sacar adelante a tres hijos, siempre limpiando casas, y con una incertidumbre, la de ser una indocumentada, que tras el regreso al poder de Trump vive con total angustia. El miedo a la deportación se convirtió en paranoia desde aquella vez que vio estacionarse patrullas del ICE desde la ventana de su casa:

“Escuché los carros llegar y los gritos afuera. Me metí en el clóset, apenas respirando. Me abracé las rodillas y lo único que pude hacer fue cerrar los ojos y rezar con todas mis fuerzas: ‘Dios mío, hazme invisible. Por mis hijos, no dejes que me vean’. El corazón me golpeaba tan fuerte en el pecho que pensé que los agentes lo escucharían. Pasaron de largo, pero esa tarde una parte de mí se quedó atrapada en ese clóset. Ya nunca volví a caminar tranquila en la calle”.

Manual de supervivencia al ICE

Ante la intensificación de las redadas masivas, la anulación de las políticas de lugares sensibles (que antes protegían escuelas u hospitales) y el uso de agentes encubiertos, las comunidades migrantes en Estados Unidos han tenido que transformar radicalmente sus rutinas de supervivencia, mediante manuales improvisados por activistas y organizaciones proinmigrantes.

  • Aislamiento preventivo y cambio de rutina: Para reducir la exposición en la vía pública, muchas personas limitan sus salidas estrictamente al trabajo y, a ser posible, de forma individual, no en cuadrilla, ya que llama más la atención, como fue el caso del mexicano asesinado. Por otro lado, se han reducido drásticamente las visitas a supermercados, plazas o eventos comunitarios, delegando estas tareas en familiares o conocidos con estatus legal.
  • Dejar el coche para tomar transporte público: Debido a que los controles de tráfico son una de las vías principales de interceptación para el ICE, muchos migrantes indocumentados han optado por dejar de conducir y utilizar el transporte público. Solo en caso de necesidad o por falta de transporte público, se organizan en viajes compartidos (carpools).
  • Redes comunitarias de alerta temprana: A través de grupos cerrados en aplicaciones como WhatsApp, Telegram o canales locales creados por activistas, las comunidades se alertan al instante sobre la presencia de camionetas del ICE o agentes encubiertos en barrios específicos. En paralelo, organizaciones de derechos civiles capacitan a vecinos para que, de manera legal, filmen los operativos de las agencias federales desde una distancia permitida, sirviendo como testigos y recopilando evidencia ante posibles abusos.
  • Custodia exprés de menores: Ante el riesgo latente de una detención migratoria en el lugar de trabajo o en la calle, los padres indocumentados preparan de antemano cartas notariales de tutoría temporal para que ciudadanos estadounidenses o residentes de confianza puedan hacerse cargo de sus hijos menores de manera inmediata.
  • No abrir la puerta si no hay orden de registro: La consigna es no abrir la puerta al ICE a menos de que los agentes muestren una orden judicial firmada por un juez (las órdenes administrativas del ICE no bastan para entrar a una propiedad privada). Por otra parte, los abogados de inmigración insisten en la estrategia de ejercer el derecho a permanecer en silencio y no entregar documentos falsos, limitándose únicamente a dar el nombre real y solicitar de inmediato la presencia de un abogado de inmigración o el contacto con su consulado.
  • Documentos y ahorros a resguardo: Se recomienda que las familias mantengan carpetas físicas y digitales con sus actas de nacimiento, pasaportes, contratos de renta y ahorros en lugares seguros, listos para ser recuperados por un familiar o alguien de confianza si ocurre una detención.
  • Migración a estados santuario: Para mayor tranquilidad y si existe la posibilidad, algunas familias se están desplazando desde estados con políticas altamente punitivas, como Texas o Florida, hacia “estados santuario”, como California o Nueva York, donde los gobiernos locales han aprobado leyes estrictas que prohíben compartir bases de datos estatales con el ICE.

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