
Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford utilizó inteligencia artificial para diseñar 16 bacteriófagos que no se encuentran en la naturaleza y que demostraron capacidad para destruir bacterias en pruebas de laboratorio. El hallazgo abre una posible vía para desarrollar tratamientos contra infecciones resistentes a los antibióticos, aunque también ha generado cuestionamientos sobre los riesgos de crear organismos biológicos mediante IA.
Los resultados del estudio fueron publicados en la revista Science. Los organismos diseñados pertenecen al grupo de los bacteriófagos, virus que infectan bacterias y, durante ese proceso, pueden destruirlas.
El proyecto fue encabezado por el ingeniero químico Brian Hie, quien junto con el estudiante de bioingeniería Samuel King utilizó Evo 2, un modelo de inteligencia artificial generativa especializado en secuencias genéticas. La herramienta puede proponer nuevas cadenas de ADN a partir de información biológica existente.
Los investigadores tomaron como punto de partida el bacteriófago FiX174, un virus conocido por infectar Escherichia coli. A partir de una pequeña porción de su material genético, Evo 2 generó propuestas para construir genomas de fagos distintos a los conocidos.
Posible alternativa frente a la resistencia bacteriana
Uno de los principales intereses de este tipo de investigación está relacionado con la creciente resistencia de algunas bacterias a los antibióticos. El uso prolongado de estos medicamentos puede propiciar a la aparición de microorganismos capaces de sobrevivir a tratamientos que anteriormente resultaban efectivos.
Los bacteriófagos proponen una estrategia diferente. En lugar de utilizar un antibiótico que actúa sobre las bacterias mediante mecanismos específicos, se emplean virus capaces de reconocer e infectar determinados microorganismos.
Sin embargo, las bacterias pueden desarrollar mecanismos para resistir a los fagos. Por ello, los investigadores plantean que una posible solución sería combinar varios virus con características genéticas diferentes.
El estudio presenta una prueba de concepto en la que un conjunto de 16 fagos logró superar rápidamente la resistencia desarrollada por una cepa de E. coli frente al FiX174.
El proyecto podría estudiarse en el futuro para combatir otras bacterias de importancia médica, entre ellas Staphylococcus aureus resistente a la meticilina y Pseudomonas aeruginosa, una de las bacterias asociadas con infecciones hospitalarias difíciles de tratar.
El debate sobre los riesgos
El desarrollo de virus mediante inteligencia artificial también provocó advertencias entre especialistas. Michael Mina, inmunólogo de la Universidad de Harvard, cuestionó la posibilidad de que tecnologías capaces de diseñar nuevos organismos puedan utilizarse de manera indebida.
Mina explicó que en un escenario hipotético, un virus creado para atacar bacterias podría representar un problema ambiental si adquiriera la capacidad de propagarse ampliamente y alterar ecosistemas.
El bioquímico y director ejecutivo de APY Therapeutics, Richard H. Ebright, se sumó a las críticas sobre los riesgos asociados con este tipo de herramientas.
Una de las preocupaciones está relacionada con el acceso a Evo 2. El modelo fue puesto a disposición de manera gratuita y como una herramienta de código abierto, por lo que otros investigadores pueden utilizarlo para generar nuevas secuencias genéticas.
Hie admite que esta característica deja interrogantes de seguridad y que una persona con malas intenciones podría intentar modificar la herramienta para otros fines. No obstante, argumentó que mantenerla abierta permite acelerar la investigación y crear aplicaciones que puedan responder a amenazas biológicas.
El investigador hizo énfasis que los bacteriófagos diseñados hasta ahora presentan una alta especificidad y están dirigidos contra bacterias concretas, lo cual equivalen a virus capaces de propagarse indiscriminadamente entre organismos.
Actualmente, la investigación constituye una prueba de concepto realizada en laboratorio. Aunque los resultados apuntan a una posible aplicación de la inteligencia artificial en el desarrollo de terapias contra bacterias resistentes, todavía se requiere investigación adicional antes de considerar estos fagos como tratamientos médicos.
La Crónica de Hoy 2026