
La campaña electoral para la primera vuelta de las elecciones presidenciales del domingo 4 de octubre en Brasil empieza este domingo con trece candidatos en la lista, pero con un escenario casi idéntico a la contienda de hace cuatro años, con el país partido por la mitad entre seguidores del presidente izquierdista Lula da Silva y seguidores del clan ultraderechista de los Bolsonaro.
La diferencia con las elecciones de 2022 es que no compite el entonces derrotado presidente Jair Bolsonaro, inhabilitado y encarcelado por intentona golpista, sino su hijo, el senador Flávio, quien cuenta con un aliado peligrosamente injerencista: Donald Trump.
Al respecto, Lula lanzó una dura advertencia contra las injerencias de Estados Unidos en el proceso electoral del gigante sudamericano: “Estoy intentando contactar con Trump para decirle que no se meta en los negocios de Brasil, especialmente en las elecciones”, afirmó.
Empatados en las encuestas
De los trece candidatos presidenciales, once apenas llegan al 5% en la intención de voto, según la última encuesta de Quaest, que prevé una segunda vuelta entre Lula y Flávio el domingo 25 de octubre.
En ese hipotético balotaje, Lula aparece con un 43% y Flávio con un 40%; es decir, están empatados técnicamente dentro del margen de error. Un 4% de electores indecisos puede ser crucial para definir la contienda.
Según el politólogo Claudio Couto, profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV), el grupo de indecisos suele estar compuesto por mujeres, electores de clase media e independientes.
Tras ser condenado e inhabilitado, el expresidente ungió como heredero político a su hijo, el senador Flávio, quien cuenta con el apoyo de Trump, que anunció un 50% de araceles a las exportaciones brasileñas para perjudicar la candidatura de su adversario ideológico Lula.
Sin embargo, los analistas también advierten de que la injerencia del líder republicano podría acabar dañando más a Bolsonaro si el electorado empieza a sentir en sus bolsillos el impacto de los aranceles.
Seguir al dinero en el combate al crimen
Lula dio inicio a su campaña en el Estadio Primero de Mayo, en São Bernardo do Campo, el mismo lugar donde se forjó como líder sindical y plantó la semilla del Partido de los Trabajadores, fundado en 1980 en plena dictadura militar en Brasil.
“En mi cuarto mandato quiero terminar con algunos de los dilemas de nuestro país”, afirmó Lula frente a miles de simpatizantes.
A dos meses de las elecciones, el presidente presumió de haber creado 10 millones de empleos formales en tres años y medio, y la ampliación de los programas sociales.
“¿Qué futuro quieres para el pueblo brasileño si no inviertes en salud, educación, vivienda...?“, se preguntó, en referencia a los gobiernos de derecha que lo precedieron.
En cuanto a la seguridad, una de las principales preocupaciones de la población, Lula enfatizó la necesidad de seguir el dinero del crimen.
“Es quitándoles el dinero que vamos acabar con el crimen organizado”, declaró.
Sin nombrar directamente a Trump, Lula hizo una defensa de la soberanía brasileña frente a las presiones de potencias extranjeras.
En ese sentido, reafirmó la importancia de que Brasil sea capaz de extraer y procesar por sí mismo los minerales críticos.“No quiero a EU, ni a Rusia, ni a China, ni a nadie... Nosotros vamos a explotar los minerales críticos en beneficio del pueblo brasileño”, dijo, entre los aplausos de los asistentes.
El Gobierno brasileño interpreta como intentos de injerencia los últimos aranceles de la Administración Trump, las presiones con el nuevo embajador estadounidense y la intención de auditar el sistema de voto electrónico en Brasil.