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La brutal riada que arrasó el país de los Himalayas es el segundo gran zarpazo del calentamiento global y una dura advertencia para dos mil millones de personas en cinco países del sur de Asia

Tragedia en Nepal: el cambio climático se ensaña con el Techo del Mundo

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Catástrofe climática Rescate de una anciana cubierta de lodo que escapó de ser arrastrada por la riada en Nepal (NARENDRA SHRESTHA/EFE)

Imaginen diez estadios Azteca llenos de agua hasta el techo y colocados uno encima de otro; imaginen que se abren de golpe las compuertas y se descarga toda el agua por valles montañosos muy estrechos y con pendientes muy pronunciadas, arrastrando a su paso el equivalente a 500 mil camiones de volteo (en fila india, la distancia entre la CDMX y Bogotá), cargados de lodo, rocas, troncos y escombros.

Este es el tamaño de la tragedia en Nepal: una brutal riada relámpago de 19 millones de metros cúbicos de agua y 4 millones de metros cúbicos de materiales sólidos, desplazándose a 19 metros por segundo, arrastrando y destruyendo todo a su paso.

Videos caseros han dado la vuelta al mundo mostrando imágenes apocalípticas de gente corriendo para salvar sus vidas, pero que acaban siendo engullidas por la riada relámpago (flash flood).

Tragedia global

El balance provisional del parte de este jueves es de 502 muertes confirmadas (469 en suelo nepalí y 33 en la comarca tibetana de Gyirong, China), mientras que permanecen desaparecidas al menos 1,468 personas (910 en Nepal y 558 en el Tíbet ocupado por China), de una treintena de nacionalidades, entre los que no figura ningún mexicano.

En el epicentro de la tragedia, los valles centrales del norte de Nepal, las autoridades desconocen la suerte de 517 turistas internacionales principalmente senderistas y peregrinos hindúes que se dirigían al monte Kailash, en su mayoría de India (288), EU (90), Ucrania (55), Malasia (55), Reino Unido (33), Australia (25) y Canadá.

En cuanto al Tíbet, hay al menos 260 extranjeros desaparecidos, principalmente senderistas que realizaban rutas transfronterizas.

¿Qué provocó la riada y por qué fue tan brutal?

La magnitud del desastre natural se debe a una combinación de factores desencadenantes y a la geografía extrema del Himalaya. Las imágenes satelitales confirman que no fue un terremoto el que causó la rotura de un embalse, natural o artificial, sino un gigantesco desprendimiento de glaciar, causado por dos factores relacionados con el cambio climático: el deshielo anormal, que genera peligrosos aludes, y lluvias atípicas y torrenciales.

Todo sucedió en cuestión de pocas horas. A las 8:37 de la mañana (hora local) del miércoles, los sismógrafos detectaron una fuerte señal en el Himalaya. En un primer momento, el Servicio Geológico de Estados Unidos la identificó como un terremoto de magnitud 4.4 grados, pero rectificó poco después: no fue una liberación de energía causada por un movimiento tectónico, sino por el impacto del colapso de un glaciar, y la magnitud final fue mayor: 5.2 grados.

El desprendimiento de millones de toneladas de roca y hielo formó un tapón en el estrecho corredor montañoso de Gyirong, fronterizo entre Nepal y Tíbet, bloqueando el cauce del río Trishuli, sobrecargado de agua por las lluvias torrenciales. Sin que nadie lo advirtiera, de inmediato se formó una presa natural y en media hora, según los primeros informes, el embalse alcanzó los 9 metros de altura. El peso de tanta agua hizo que a su vez colapsara el dique de rocas y hielo, liberando de golpe 19 millones de metros cúbicos de agua y 4 millones de metros cúbicos de materiales sólidos. Todo esto ocurrió a 5,200 metros de altitud.

La riada corrió río abajo hacia el valle de Langtang, destruyendo en su totalidad Kyanjin Gompa, la aldea turística cerca del glaciar Langtang, y destruyendo parcialmente zonas pobladas como de Syabrubesi y Nuwakot, donde los residentes de las zonas altas filmaron la destrucción de los barrios junto al río y el puente principal.

La tragedia se desplazó también hacia el Tíbet, ya que el río Trishuli se dirige hacia el norte y cruza la frontera con China hacia un valle tibetano.

Todo sucedió tan rápido que los sistemas de alerta temprana no avisaron a tiempo a la población, mucha de ella asentada en viviendas precarias en las riberas del río.

A falta de que se asienten los lodos y se retiren millones de toneladas de escombros en busca de desaparecidos y para dar comienzo a la reconstrucción, la lección urgente que deja lo sucedido en Nepal y Tíbet es que los eventos climáticos catastróficos que los científicos pronosticaron si el calentamiento global cruzaba el umbral de no retorno (2 °C más sobre niveles preindustriales) han llegado antes de tiempo. La humanidad no está preparada, empezando por la que vive a los pies de los Himalayas y en los valles de sus ríos hasta la misma desembocadura en el mar.

La venganza del Techo del Mundo

Si en las cumbres de los Himalayas está el «tercer polo» del planeta por la cantidad de agua congelada que suma la región, en la ladera sur del muro montañoso de más de dos mil kilómetros de largo por ocho de alto están los valles formados por los ríos que bajan de las montañas más altas del mundo. Allí se concentra un tercio de la humanidad: dos mil millones de personas repartidas entre cinco países: Pakistán, India, Nepal, Bután y Bangladés, con megalópolis como Karachi, Lahore, Nueva Delhi, Calcuta y Dacca.

Durante milenios, los ríos del valle del Indo, en Pakistán, pasando por el valle del Ganges, que atraviesa el norte de la India, hasta su desembocadura en Bangladés, atravesada a su vez por los ríos Brahmaputra y Meghna, han fertilizado extensiones de tierra tan grandes como Europa Occidental, y también han sufrido periodos de sequía y de inundaciones monzónicas graves. Pero nunca con la intensidad de lo ocurrido con la riada en Nepal, víctima de la combinación de la temporada de monzones y del principio físico de Clausius-Clapeyron, que alerta que cada 1 °C que aumenta la temperatura de la Tierra equivale a un incremento del 7 % en la capacidad de la atmósfera para retener humedad.

Sin embargo, la tragedia de Nepal no ha sido el primer evento catastrófico relacionado directamente con el calentamiento global en la región.

En la primavera de 2022, Pakistán sufrió olas de calor extremas con temperaturas que superaron los 50 °C. Esto provocó un deshielo acelerado y masivo de los glaciares del Himalaya. La fusión glaciar llenó los cauces y provocó el colapso de lagos glaciares, lo que, sumado a un monzón sin precedentes, provocó el desbordamiento histórico de la cuenca del río Indo.

Un tercio del territorio de Pakistán quedó anegado por las aguas del Indo o empantanado, afectando a más de 33 millones de personas y dejando un saldo de más de 1,700 fallecidos. El agua anegó más de 4 millones de hectáreas de cultivos. Se destruyó el 80 % de la cosecha de arroz y la muerte de más de 1.2 millones de cabezas de ganado. El gobierno de Islamabad tuvo que pedir ayuda humanitaria internacional para evitar la hambruna.

Si Nepal y Pakistán están en la primera línea de los países vulnerables al cambio climático, nada es comparable a la situación crítica de Bangladés.

Bangladés, con el tamaño de Coahuila y 178 millones de habitantes (46 millones más que México), es uno de los países con mayor densidad de población y más vulnerables del mundo, ya que un tercio de su territorio está a menos de 5 metros sobre el nivel del mar.

El país, considerado la «gran esponja» de desagüe del Himalaya oriental, sufre del llamado «efecto tenaza»: el agua del deshielo de tres grandes ríos (Ganges, Brahmaputra y Meghna) desemboca masivamente en el país al mismo tiempo que el nivel del mar aumenta en la costa del golfo de Bengala, provocando un colapso por saturación hídrica.

El acelerado derretimiento glacial aumenta dramáticamente el caudal de los ríos durante los meses de verano. Al sumarse a las lluvias torrenciales, provoca megainundaciones periódicas que sumergen hasta un 30 % o 50 % del territorio nacional, destruyendo cultivos y asentamientos urbanos.

Las estimaciones de Naciones Unidas sugieren que el aumento acumulado del nivel del mar, combinado con el desbordamiento de los ríos, desplazará a 1 de cada 7 habitantes en Bangladés en las próximas décadas, convirtiéndolo en uno de los puntos más críticos de migración climática de todo el planeta.

Si Donald Trump sigue negando la evidencia científica y es incapaz de enfrentar la amenaza existencial que enfrenta ya el mundo, como acabamos de ver en Nepal, estaría gestando su peor pesadilla: otra riada más gigantesca aún, la de millones de desplazados climáticos colándose en Estados Unidos, sin muro que lo aguante.

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