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Pekín celebra la visita del canciller donde podrá explicar de primera mano la necesidad de corregir el abultado déficit y del que podría surgir un nuevo marco comercial en el que encajen los intereses de ambos países

Misión en Pekín: Velasco busca frenar la tensión con China sin poner en riesgo el T-MEC

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Relaciones México-China Roberto Velasco, secretario de Relaciones Exteriores de México (SHAWN THEW/EFE)

México y China hacen gestos para evitar una guerra comercial y buscan mostrar cómo se debe negociar un contencioso de esta índole, en vez de caer en el combate a navajazo limpio que está presenciando el mundo entre Estados Unidos y Canadá.

Bajo esta premisa, la visita a China del canciller mexicano, Roberto Velasco, programada para el 7 de septiembre, ha sido muy bien recibida por Pekín, que la considera un gesto de distensión y de voluntad de reconducir la crisis abierta tras la decisión del Gobierno de Claudia Sheinbaum de tratar de proteger el mercado nacional mediante aranceles ante la competencia desleal de las importaciones chinas.

Menos de doce horas después de que la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) hiciera público el viaje, alegando el interés de México de “fortalecer el diálogo político y la agenda de cooperación entre ambos países”, el vocero de la Cancillería china, Guo Jiakun, dio la bienvenida a Velasco, señalando que su visita (que contempla además la apertura de un consulado mexicano en Chongqing) servirá para “seguir aumentando la confianza política mutua, profundizar la cooperación mutuamente beneficiosa y promover un desarrollo estable de las relaciones entre ambos países”. Declaraciones casi idénticas que demuestran el interés mutuo por encarrilar unas relaciones distorsionadas por dos hechos conocidos en el cambio de año.

Déficit histórico y aranceles contra la competencia desleal

El 10 de diciembre de 2025, los datos de la balanza comercial revelaron que, en el periodo acumulado de enero a octubre, el déficit comercial de México con China superó por primera vez en la historia el umbral de los 100,000 millones de dólares.

Las alarmas sonaron en Palacio Nacional: 101,382 millones de dólares de déficit con China equivalen a algo más de la mitad (51.5 %) de las ganancias netas registradas en el comercio con el mercado estadounidense, y eso que 2025 también fue un año récord: 197,000 millones de dólares de superávit comercial con EU.

Ese mismo 10 de diciembre, la Cámara de Diputados aprobó (y minutos después lo ratificó el Senado vía fast track) la reforma a la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación (LIGIE), que avaló imponer aranceles de hasta un 50 % a un paquete de 1,463 categorías de productos de países sin tratado comercial. Entre los rubros gravados por competencia desleal o precios artificialmente bajos (dumping) están el acero, los textiles, el calzado, los autos eléctricos y los electrodomésticos, entre otros.

Aunque no se nombró directamente a ningún país, era evidente que la reforma estaba dirigida principalmente a China, dada la disparidad con los dos siguientes países sin TLC con mayor superávit con México: Corea del Sur (22,000 mdd) y Japón (16,000 mdd).

Con la necesidad urgente de proteger a la industria nacional (se calculó en más de 350 mil puestos de trabajo perdidos por la competencia desleal), el 1 de enero entraron en vigor los nuevos aranceles. Cinco meses después, los resultados son visibles, según informó el pasado domingo el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.

Entre enero y mayo, las importaciones chinas y globales disminuyeron un 23.2 % respecto al mismo periodo de 2025 (-28.4 % las procedentes de China), siendo las del calzado la caída más pronunciada (-59 %), seguidas de automóviles ligeros (-35 %), electrodomésticos (-27 %) y textiles (-13.9 %).

“Están funcionando desde el punto de vista de que estamos reduciendo importaciones en una parte importante”, afirmó Ebrard, quien confía en que esa reducción reactive los sectores industriales mexicanos afectados.

¿Ir a la guerra por el calzado chino o la nuez mexicana?

En marzo de 2026, el Ministerio de Comercio de China concluyó una investigación calificando las medidas mexicanas como “barreras al comercio” y declaró que Pekín se reservaba el derecho de aplicar “las contramedidas correspondientes”.

En agosto, China impuso cuotas antidumping provisionales de hasta el 51.6 % a las exportaciones de nuez pecana provenientes de México, alegando precios artificialmente bajos; sin embargo, desistió de aplicar un paquete de sanciones a decenas de bienes mexicanos, en lo que podría interpretarse como un gesto de las autoridades de Pekín para no ir a una guerra comercial contra México y encauzar las relaciones entre el gigante asiático y su tercer socio comercial en el continente americano.

El factor T-MEC

EAdemás, existe otro factor que no se puede pasar por alto: las negociaciones de México para renovar el T-MEC con Estados Unidos y Canadá, cuya nueva ronda está prevista para este septiembre.

La Administración Trump presiona de manera constante para evitar que México sea utilizado como una “puerta trasera” para la triangulación de mercancías y componentes chinos que terminan ingresando al mercado estadounidense sin pagar aranceles. Por tanto, uno de los desafíos para la diplomacia mexicana es proteger sus lazos económicos con Pekín sin poner en riesgo la revisión del T-MEC.

Imponer sanciones duras a México terminaría por orillar por completo al Gobierno mexicano a alinearse de forma estricta con Washington, cerrando la puerta a una de las metas más ambiciosas que se ha impuesto Ebrard y que posiblemente transmitirá Velasco a su homólogo chino, Wang Yi: buscar el equilibrio en las relaciones comerciales con China (México sigue dependiendo críticamente de insumos chinos, como maquinaria, componentes electrónicos y autopartes), protegiendo a la vez a la industria local de la competencia desleal.

El éxito de esta ecuación no dependerá de mantener la entrada masiva de mercancías chinas, sino de transitar hacia la inversión directa del tipo greenfield (con un alto porcentaje de contenido nacional o regional), para neutralizar la denuncia de Washington respecto a la “puerta trasera” y que lo producido en México no vulnere la integración del mercado norteamericano.

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