
Con información publicada eeste viernes 2 de octubre por parte de la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), debido a tensiones geopolíticas, como guerras y conflictos entre países, que generan complicaciones en el transporte de los alimentos, así como condiciones climáticas desfavorables que afectan los cultivos.
“La economía no entiende de negacionismos. Las guerras Ucrania e Irán y las sequías están haciendo estragos: el maíz sube un 5,6 %, el azúcar un 6,1 %, y el trigo un 6,3 %. La producción mundial de cereales caerá un 2,1 % este año y el comercio un 3,5 %, con El Niño amenazando además las cosechas de arroz en Asia”. FAO.
Según la información de la FAO, el índice de los precios de los alimentos subió 1.5% en septiembre hasta 135 puntos. 5.8% más a lo registrado hace un año en el mismo mes. El aumento, informan en el mismo comunicado, se ha dado a partir de las disrupciones en el estrecho de Ormuz, el mar Negro y choques térmicos.
Tensiones geopolíticas han ocasionado encarecimiento de los alimentos
Uno de los principales factores detrás del incremento se encuentra en las dificultades que atraviesa el comercio internacional de alimentos e insumos agrícolas. Las tensiones geopolíticas han afectado rutas estratégicas como el Mar Negro y el estrecho de Ormuz, provocando problemas logísticos y aumentando los costos necesarios para transportar mercancías.
El Mar Negro tiene un papel importante como ruta para el transporte dentro del mercado mundial de cereales, en donde exportaciones procedentes de Rusia y Ucrania se han visto afectadas. Debido, precisamente al conflicto entre ambos países, el paso por esta ruta se ha visto paralizado, encadenando efectos hacia el precio del trigo y el maíz, en respuesta a la incertidumbre de disponibilidad y el traslado de los productos internacionalmente.
El estrecho de Ormuz ha sido afectado igualmente debido a las tensiones recientes entre Irán y Estados Unidos, ruta donde no solamente pasan gran parte del comercio mundial de petróleo y gas, sino que también el de fertilizantes. La FAO calcula que aproximadamente una cuarta parte del petróleo transportado por vía marítima y hasta el 30% de los fertilizantes mundiales, pasan por aquí.
Por lo tanto, las dificultades para poder llevar a cabo el proceso de transporte de estos insumos ha ocasionado un aumento en el precio de combustibles, que a su vez encarecen el traslado alimentos. Al igual que lo que sucede con los fertilizantes, que al escasear su disponibilidad, puede elevar los costos que enfrenten los agricultores.
Choques climáticos afectan el alza del precio de los alimentos
El clima representa el segundo gran factor detrás del comportamiento de los precios. Sequías, lluvias excesivas, temperaturas extremas y fenómenos como El Niño pueden reducir los rendimientos de los cultivos o generar incertidumbre sobre las siguientes cosechas.
La FAO ha señalado que las condiciones secas han generado preocupación sobre distintos cultivos en Norteamérica y el sudeste asiático. En el caso del trigo, por ejemplo, el clima seco registrado antes de la siembra de invierno en algunas regiones norteamericanas contribuyó a presionar los precios internacionales.
El fortalecimiento de El Niño también representa un riesgo para las cosechas. Este fenómeno modifica los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta, afectando productos como arroz y azúcar. La FAO estima que, durante episodios de El Niño, los rendimientos mundiales del arroz pueden ubicarse entre 1% y 1.5% por debajo de su tendencia habitual.
Las condiciones meteorológicas también han generado incertidumbre alrededor del azúcar. Las perspectivas de producción se han visto afectadas por lluvias insuficientes en algunos países productores y precipitaciones intensas que dificultan las labores de cosecha en otras regiones.
¿Qué alimentos han subido más en el mundo?
El incremento registrado durante septiembre no fue generalizado. De acuerdo con la FAO, los principales aumentos se concentraron en cereales, azúcar y aceites vegetales, mientras que otras categorías presentaron estabilidad o incluso disminuciones.
- Los cereales aumentaron 5.1% respecto a agosto y 17.2% frente a septiembre de 2025. Dentro de esta categoría, el trigo registró un incremento mensual de 6.3%, mientras que el maíz avanzó 5.6%. Otros granos también registraron aumentos importantes. El sorgo subió 13.7%, la cebada 3.9% y el arroz 1.4% durante septiembre.
- El azúcar aumentó 6.1% en un solo mes, impulsado principalmente por las preocupaciones relacionadas con las condiciones meteorológicas y las perspectivas de producción en algunos de los principales países productores.
- Los aceites vegetales aumentaron 0.9% respecto a agosto y se ubicaron 18.3% por encima del nivel registrado un año antes. El comportamiento estuvo relacionado, entre otros factores, con el aceite de palma, ante una elevada demanda internacional y preocupaciones por las condiciones climáticas en el sudeste asiático.
¿Cómo podría afectar a México el aumento mundial de los alimentos?
Recientemente, México ya enfrentó episodios de variaciones en los precios de alimentos frescos. Productos como jitomate, cebolla, chile, aguacate y otras frutas y verduras han registrado periodos de encarecimiento asociados a sequías, lluvias, temperaturas extremas y cambios en la disponibilidad de las cosechas. Los últimos datos del INEGI muestran que las frutas y verduras presentan una inflación anual de 7.91%, reflejando la sensibilidad de estos productos ante alteraciones climáticas y de oferta.
La principal preocupación se encuentra en la canasta básica, debido a que el encarecimiento internacional de granos, energía y fertilizantes puede extenderse a diferentes cadenas productivas. Mayores precios del maíz y trigo pueden ejercer presión sobre tortilla, harina, pan y pastas, mientras que la soya y el maíz amarillo, utilizados para alimentar ganado y aves, pueden repercutir en los costos del huevo, pollo, carne y leche. Si estas presiones internacionales persisten y coinciden con problemas en las cosechas nacionales, el impacto podría hacerse más evidente en el gasto cotidiano de los hogares mexicanos.