
Lo ha reconocido con satisfacción este miércoles el propio primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu: “Algo extraordinario está ocurriendo en América Latina”.
Tiene razón: no hay una región en el mundo que se haya entregado tan rápidamente, con tanto fervor e incondicionalmente a Israel, pese a que la propia ONU ha denunciado que el Estado sionista está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino en Gaza, así como crímenes de guerra y de lesa humanidad en Cisjordania.
Es más fácil ver al presidente de Argentina, Javier Milei, o al candidato presidencial brasileño, Flávio Bolsonaro, ondeando una bandera de Israel que una de sus propios países; algo impensable incluso entre aliados cercanos como el presidente Donald Trump, aunque es muy común verla entre sus seguidores en sus mítines.
Vuelco espectacular en Colombia
El último en sumarse al carro de dirigentes latinoamericanos que idolatran al Israel de Netanyahu, sobre quien pesa una orden internacional de búsqueda y captura emitida por la Corte Penal Internacional, es el presidente ultraderechista colombiano Abelardo de la Espriella. Colombia ha pasado en cuestión de meses de tener relaciones diplomáticas rotas a ser el primero de los grandes países latinoamericanos en abrir su embajada en Jerusalén, pese al boicot de la mayoría de naciones tras la anexión ilegal de Jerusalén Este.
El nuevo mandatario colombiano anunció el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén en julio de este año, inmediatamente después de llegar al poder. Su predecesor, el izquierdista Gustavo Petro, las rompió en mayo de 2024 en rechazo a la devastación causada por el Ejército israelí en la Franja de Gaza —con más de 74,000 palestinos muertos— tras los ataques terroristas perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023, que dejaron ese día más de 1,200 muertos.
La inauguración oficial de la embajada de Colombia fue celebrada por el premier israelí como un triunfo más de su política exterior, que no solo niega que esté cometiendo un genocidio contra los palestinos, sino que le niega a este pueblo el derecho a existir como nación soberana, además de llevar a cabo una limpieza étnica tanto en la ocupada Cisjordania (donde los colonos extremistas campan a sus anchas) como en la destruida Franja de Gaza (donde los milicianos de Hamás siguen operando).
“Algo extraordinario ocurre en Latinoamérica. Está regresando para tejer una amistad fantástica con Israel y volviendo a tener una profunda simpatía por nuestro pueblo”, dijo Netanyahu durante una cena de gala ofrecida por la apertura de la nueva sede diplomática colombiana, la primera de uno de los mayores países de la región. Durante su intervención, el mandatario israelí se refirió repetidamente a la transición política que ha experimentado la derecha latinoamericana hacia gobiernos mucho más alineados con Tel Aviv.
Hasta ahora, otros nueve países han abierto sus embajadas en Jerusalén: EE.UU., Guatemala, Honduras, Kosovo, Papúa Nueva Guinea, Paraguay, Fiyi, Nauru y Somalilandia. Asimismo, el canciller Gideon Sa’ar detalló esta mañana que la embajada de la República Democrática del Congo ya está en camino.
Curiosamente, uno de los mayores aliados latinoamericanos de Netanyahu, el presidente argentino Javier Milei, no ha acelerado el traslado de la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén.
Apoyo de Netanyahu a Bolsonaro
“Años atrás ya fui a un gran país llamado Brasil. Fui a la toma de posesión de alguien llamado Jair Bolsonaro. ¡Quién sabe, quizá lo haga de nuevo!”, declaró en relación con el expresidente brasileño, cuyo hijo Flávio Bolsonaro parte como favorito en la segunda vuelta de las elecciones en Brasil el 25 de octubre, luego de vencer en primera vuelta a Lula da Silva.
Al igual que ocurriera con el expresidente Jair Bolsonaro, la ideología de su hijo Flávio converge totalmente con la de la poderosa Iglesia evangélica, no solo en Brasil, sino en toda América Latina, donde los fieles han dejado de levantar cruces para alzar banderas de Israel tanto en oficios religiosos como en manifestaciones y mítines políticos.
Además, dado que la izquierda latinoamericana históricamente ha simpatizado con la causa palestina y el antiimperialismo, la ultraderecha regional adopta la postura diametralmente opuesta por mera polarización identitaria.
Pero, ¿qué tiene que ver Israel y la bandera con la Estrella de David con el debate político local?
Un “supuesto” mandato bíblico
El fenómeno por el cual amplios sectores de la derecha cristiana en América Latina sienten una profunda fascinación por Israel —donde el porcentaje de cristianos es marginal y se concentra en la minoría árabe— se debe fundamentalmente al llamado sionismo cristiano, que predican las iglesias evangélicas neopentecostales.
Para esta corriente, la restauración y prosperidad del Estado de Israel es un mandato bíblico y una señal profética. Según proclaman sus líderes, muchos de los cuales son políticos activos como los Bolsonaro, Dios bendice a las naciones que apoyan al pueblo judío. En este esquema teopolítico, la causa palestina queda automáticamente estigmatizada no solo como un adversario ideológico, sino como un enemigo espiritual.
En consecuencia, las denuncias internacionales por crímenes de guerra y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU no encuentran eco en estos sectores: la fe ciega y el pragmatismo electoral pesan mucho más que el derecho internacional.