
El Likud ya tiene un culpable del fracaso del primer ministro Benjamín Netanyahu al no lograr, junto con sus aliados, los 61 escaños necesarios para formar gobierno: los árabes israelíes, a cuyos partidos acusa de apoyar el terrorismo.
Este miércoles, el partido de extrema derecha exigió a la Policía israelí y al Shin Bet (el servicio de inteligencia interior) que investiguen posibles irregularidades en los colegios electorales de las comunidades árabes, a cuyos partidos acusó de “robar las elecciones” después de que la participación se disparase en esas localidades, hasta lograr la cifra histórica de 19 escaños.
“Las elecciones en el Estado de Israel han sido robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la destrucción del Estado judío. Esto se llevó a cabo mediante graves delitos, que incluyen sobornos, amenazas, violencia, falsificación y el uso de software prohibido para movilizar a los votantes”, afirmó el partido en un comunicado publicado en sus canales.
La formación derechista afirmó haber presentado “cientos de testimonios y pruebas” ante los servicios de seguridad y la Comisión Electoral Central israelí sobre supuestas irregularidades, sin que haya constancia pública de dichas pruebas ni de que hayan sido facilitadas a los medios de comunicación. Entre las irregularidades mencionó “miles de sobres” que, según su versión, contenían “dinero en efectivo junto con papeletas del partido Raam” (formación árabe que obtendría 7 escaños, según los últimos datos del conteo).
Además, el partido de Netanyahu denunció incidentes de “amenazas y violencia” contra el personal de los centros de votación, así como casos de varios votantes que entraron juntos en las cabinas de votación, personas que votaron bajo identidades falsas, discrepancias entre el número de sobres y el de votantes y el uso de software ilícito para la movilización de votantes.
Según el escrutinio de más del 80 % de los votos realizado por la Comisión Electoral y los cálculos de los principales medios nacionales, el bloque liderado por Netanyahu se sitúa en 53 diputados, mientras que los partidos árabes suman hasta 19 escaños. La coalición opositora israelí, encabezada por Gadi Eisenkot, se coloca ahora con 48 diputados.
De esta manera, ambos bloques siguen sin alcanzar la mayoría absoluta necesaria para gobernar (61 escaños), por lo que la formación de gobierno dependería de acuerdos entre partidos de distintos bloques o de una coalición opositora con los partidos árabes.