CDMX — La ‘cuesta de enero’ se prolongará por semanas o meses para quienes desde la víspera de Navidad y durante los primeros días del año han sido despedidos de sus trabajos en el gobierno federal, sin goce de ningún derecho laboral ni social, por pertenecer al “abusivo régimen” del Capítulo 3000 o Servicios generales o servicios profesionales: se les paga por honorarios y de manera mensual, como a Arturo Zubieta, de 43 años, que por seis años impulsó proyectos artísticos desde el Museo Nacional de Arte (Munal) al alcance de grupos sociales marginados de la cultura, y lo mismo se vive en la Biblioteca Vasconcelos.
De diciembre pasado a la fecha, un número indeterminados de mexicanos se han quedado sin ingresos, y los más vulnerables al desempleo apunta a al sector cultural, derivado de la reducción del presupuesto para 2026 por “impacto de la inflación” de 2025.
A fines del año pasado, la Cámara de Diputados aprobó un gasto público de 13 mil 97 millones de pesos al sector cultura (Ramo 48). Esto significa una disminución real de alrededor de 20 por ciento para las actividades culturales que se financian con los impuestos de los mexicanos. Al Instituto Nacional de Antropología (INAH) se le asignaron sólo 938 millones de pesos. Y los más castigados fueron el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) -al que pertenece el Munal-, con 800 millones de pesos, y 65 millones para el Imcine.
La mayoría legislativa de Morena y sus aliados del PT y PVEM le dieron luz verde al presupuesto.
Los efectos negativos se manifestaron de inmediato. Surgieron protestas de empleados por honorarios del ‘Capítulo 3000’ vinculados con la cultura, y que prestaban servicios sin derecho a ningún tipo de prestaciones, y peor aún, sin derecho a vacaciones, víctimas de maltrato laboral y muchas veces al servicio del personal de base, cuyos descansos, asuetos, permisos, incapacidades y coberturas de sus ausencias lo deben subsanar “los de honorarios”, a quienes se revictimiza con amenazas de despido si se niegan.
Y en carne propia lo sabe Arturo Zubieta, quien narra en entrevista con Crónica que no sólo fue despedido la víspera de Navidad del Munal, tras seis años con el mismo salario de 13, 500 pesos mensuales, sino que fue bloqueado presuntamente por la dirección del recinto para obtener un nuevo empleo en un museo de la iniciativa privada.
Zubieta tiene curso estudios profesionales en informática administrativa, artes escénicas y actualmente se especializa en gestión cultural.
Al acumular experiencia en la investigación social y con la creación de talleres culturales con un enfoque educativo desde la sociedad civil, tuvo la oportunidad de trabajar en el Museo Papalote como gerente de comunidad. de donde se fue en 2019 por el cierre de su sede en la alcaldía Iztapalapa. Y vino la segunda oportunidad al conocer a Patricia Torres, quien lo invitó a trabajar en el Munal, cuyo sueldo lo cobraría por honorarios.
En 2022, con el golpe de la pandemia, Arturo Zubieta informó a las autoridades del museo que tomaría días de vacaciones, ‘error craso’, porque hacer uso de su derecho al descanso lo arrojó a tres años de hostigamiento laboral. Y constantemente le pedían la renuncia.
HACER EL TRABAJO DE LOS DE BASE
“Entré el 19 mayo de 2019 al Munal, casi todo el sexenio pasado y el cachito de la actual administración del gobierno federal. Me desempeñé como personal de servicios profesionales, en el ‘Capítulo 3000’. Y para los museos, para las autoridades de esos lugares, somos gente de otra categoría, ¿sabes? Nos agarran de mano de obra y nos hacen trabajar en condiciones muy, muy terribles. Los empleados de base se pelean por cubrir horas extras u horarios de fin de semana, y con eso sacan más. Incluso negocian no trabajar en el horario habitual cuando se monta una exposición, y trabajan cuando el museo no abre, y así se la llevan. Y en el Munal además quisieron obligarme a jornadas que distaban de la atención al público, incluso a capacitar a los custodios en temas de diversidad. Ellos también viven condiciones deplorables. Yo llegué al Área de Educación, Munal+Educa. Me encargaba de dar visitas guiadas, de ofrecer talleres, de conectar al público con las obras que se exhibían en el museo. Y dado el perfil que yo tenía, que te comento, porque hice investigación social, Patricia Torres me asignó como tarea también acercar la culturas a grupos vulnerables.a
En pandemia Arturo trabajó casi todos los días de la semana, situación que se extendió por más de un año y medio. Y cuando desciende la emergencia sanitaria, él y todo el personal de ‘Capítulo 3000’ fueron los primeros en regresar de manera presencial al Munal, con horario reducido, de 11 de la mañana a 5 de la tarde.
Había cumplido tres años continuos de trabajo. Era necesario descansar y buscar un ingreso extra.
“Tengo ya tres años aquí en el museo, y necesito tomar unos días de vacaciones. Pero mi jefa y luego la administración del museo fueron tajantes: ‘no tienes derecho a vacaciones, tu sistema de contratación no te lo permite, aunque si quieres un fin de semana largo o si necesitas entrar unos días un poco más tarde, pues no hay ningún problema. Esa es la opción, pero tú no te puedes ir de vacaciones. Y yo insistí en que necesitaba días y hacer otras cosas. Me las negaron, y empecé a vivir el acoso laboral, un ambiente muy hostil y de maltrato por parte de la jefatura de Educación, de Munal+Educa”.
Por la necesidad económica, de tener un ingreso para pagar la renta -la mitad de su salario-, aunque fuera en esas condiciones, y por el amor a las actividades artísticas en las que se desempeñaba, Arturo Zubieta dice que no podía dejar el empleo.
El acoso se agudizó incluso con el cambio de dos administraciones del Munal, con Carmen Gaitán y Héctor Palhares, que querían que se fuera.
En 2025, con la llegada de Mireida Velázquez como directora general por designación de la secretaria de Cultura del gobierno federal, Arturo vivió momentos que se tornaron hasta violentos, cuando se le pone en frente su renuncia. Señala que Velázquez se apoyó en, Nora Otero, administradora del recinto, y en la subdirectora técnica, Paola Gallardo, para ejercer la presión laboral.
“Yo les decía que necesitaba hacer otras cosas y generar dinero en otros proyectos, y por ello necesitaba días libre”, narra Arturo.
Admite que no fue sólo ese su reclamo. Les encaró que no tenía una tarjeta checadora, un bono de puntualidad o algo por el estilo que le significaran beneficios.
El acoso laboral se extendió al grado de que Mireida Velázquez, ‘una mujer de mano dura’, ordenó a Nora Otero llevarle su renuncia, pese a que había un contrato anual, el de 2025, que le dijeron que sí lo iba a firmar.
“Para despedirme sin justificación, Mireida me dice que me ‘tiene que dejar ir’, porque no conoce mi trabajo ni mi trayectoria. Eso fue en febrero del año pasado, y se confiesa como una persona ‘buena onda’. Me aresalta que me dará chance de trabajar un mes más. En marzo firmo el contrato para continuar con mi trabajo, pero no debía hacerme ilusiones, porque el fin era que se asegurara ese presupuesto de mi salario dentro del ‘Capítulo 3000’, y una vez que yo me fuera ese dinero sería para alguien más.
Se le insistió en que se fuera, incluso se asentaba en la renuncia que le pusieron frente a sus ojos que ya le habían pagado los meses anteriores, lo que era falso, porque cuando se firma en marzo, se cobra hasta abril, y el nunca recibió sueldo en esos meses.
Derivado de todo esto, Arturo Zubieta presentó el 10 de marzo una solicitud de audiencia en la Oficina de Atención Ciudadana de la Presidencia de la República por el intento de despido.
De ahí le pidieron que se dirigiera a la Procuraduría da la Defensa de los Trabajadores (Profedet). El 19 de mayo se celebró una audiencia conciliatoria con el Jurídico del Munal. Le dijeron a Arturo que no estaba despedido. Pero el acoso no cesó, y el trabajador volvió a pedir audiencia en Palacio Nacional, quería exponer que era víctima de acoso laboral y discriminación.
“Esta solicitud fue respondida por el Órgano Interno de Control de la Secretaría de Cultura tras enviar la documentación que comprobaba sus dichos.
En medio de ese escenario, seguro de que lo iban a despedir, Arturo se entrevistó en agosto de ese año con el Museo Kaluz, con su director, Miguel Fernández Félix, quien le expresó que el último requisito para tomar la decisión de contratarlo era pedir referencias con su jefa directa, Mireida Velázquez, de quien dijo que la “conocía muy bien”, y después le llamaría.
La llamada del Museo Kaluz nunca llegó, y el considera que en eso pudo haber tráfico de influencias. Las semanas pasaron bajo acoso. Arturo solicitó que se le entregara un documento en el que se le explicara el motivo de su despido, de su calidad como trabajador. Tampoco se lo dieron.
En su paso por el Munal, Arturo Zubieta creó los proyectos ‘Maletas didácticas’, del ‘Barrio al Museo’, ‘Postales sonoras’, la ‘Comiteca’, que le valió el reconocimiento del escritor mexicano Bernardo Fernández ‘BEF’ por la variedad de cómics al alcance del público, videoblogs, visitas virtuales y muchas actividades más para acercar a la ciudadanía con el museo.
A casi un mes de quedarse sin empleo, Arturo Zubieta sigue buscando trabajo, sin un quinto y sin seguridad social.
México es parte de los Estados firmantes de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que en su artículo 25, numeral 1, dice que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios. Tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”.
DISCRIMINACIÓN
El acoso se agudizó incluso con el cambio de dos administraciones del Munal, dependiente del Inbal, con Carmen Gaitán y Héctor Palhares, que querían que se fuera.
En 2025, con la llegada de Mireida Velázquez como directora general por designación de la secretaria de Cultura del gobierno federal, Arturo vivió momentos que se tornaron hasta violentos, cuando se le pone en frente su renuncia. Señala que Velázquez se apoyó en, Nora Otero, administradora del recinto, y en la subdirectora técnica, Paola Gallardo, para ejercer la presión laboral.
“Yo les decía que necesitaba hacer otras cosas y generar dinero en otros proyectos, y por ello necesitaba días libre”, narra Arturo.
Admite que no fue sólo ese su reclamo. Les encaró que no tenía una tarjeta checadora, un bono de puntualidad o algo por el estilo que le significaran beneficios.
El acoso laboral se extendió al grado de que Mireida Velázquez, ‘una mujer de mano dura’, ordenó a Nora Otero llevarle su renuncia, pese a que había un contrato anual, el de 2025, que le dijeron que sí lo iba a firmar.
“Para despedirme sin justificación, Mireida me dice que me ‘tiene que dejar ir’, porque no conoce mi trabajo ni mi trayectoria. Eso fue en febrero del año pasado, y se confiesa como una persona ‘buena onda’. Me resalta que me dará chance de trabajar un mes más. En marzo firmo el contrato para continuar con mi trabajo, pero no debía hacerme ilusiones, porque el fin era que se asegurara ese presupuesto de mi salario dentro del ‘Capítulo 3000’, y una vez que yo me fuera ese dinero sería para alguien más.
Se le insistió en que se fuera, incluso se asentaba en la renuncia que le pusieron frente a sus oajos que ya le habían pagado los meses anteriores, lo que era falso, porque cuando se firma en marzo, se cobra hasta abril, y el nunca recibió sueldo en esos meses.
Derivado de todo esto, Arturo Zubieta presentó el 10 de marzo una solicitud de audiencia en la Oficina de Atención Ciudadana de la Presidencia de la República por el intento de despido.
De ahí le pidieron que se dirigiera a la Procuraduría da la Defensa de los Trabajadores (Profedet). El 19 de mayo se celebró una audiencia conciliatoria con el Jurídico del Munal. Le dijeron a Arturo que no estaba despedido. Pero el acoso no cesó, y el trabajador volvió a pedir audiencia en Palacio Nacional, quería exponer que era víctima de acoso laboral y discriminación, porque borraron sus créditos de los proyectos creados por él.
“Esta solicitud fue respondida por el Órgano Interno de Control de la Secretaría de Cultura tras enviar la documentación que comprobaba sus dichos.
En medio de ese escenario, seguro de que lo iban a despedir, Arturo se entrevistó en agosto de ese año con el Museo Kaluz, con su director, Miguel Fernández Félix, quien le expresó que el último requisito para tomar la decisión de contratarlo era pedir referencias con su jefa directa, Mireida Velázquez, de quien dijo que la “conocía muy bien”, y después le llamaría.
La llamada del Museo Kaluz nunca llegó, y el considera que en eso pudo haber tráfico de influencias. Las semanas pasaron bajo acoso. Arturo solicitó que se le entregara un documento en el que se le explicara el motivo de su despido, de su calidad como trabajador. Tampoco se lo dieron.
En su paso por el Munal, Arturo Zubieta creó los proyectos ‘Maletas didácticas’, del ‘Barrio al Museo’, ‘Postales sonoras’, la ‘Comiteca’, que le valió el reconocimiento del escritor mexicano Bernardo Fernández ‘BEF’ por la variedad de cómics al alcance del público, videoblogs, visitas virtuales y muchas actividades más para acercar a la ciudadanía con el museo.
A casi un mes de quedarse sin empleo, Arturo Zubieta sigue buscando trabajo, sin un quinto y sin seguridad social.
México es parte de los Estados firmantes de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que en su artículo 25, numeral 1, dice que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios. Tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”.
