Después de casi un cuarto de siglo dedicada a la enseñanza universitaria, he aprendido a mirar con cautela cada nueva promesa tecnológica aplicada a la educación. He visto pasar plataformas virtuales, cursos masivos en línea, sistemas de evaluación automatizada y entornos de aprendizaje digital que, en su momento, se anunciaron como soluciones estructurales a los problemas educativos. La mayoría terminó siendo herramientas útiles, pero nunca sustitutos del proceso pedagógico. El informe Perspectivas de la Educación Digital de la OCDE 2026 confirma esta premisa al analizar el impacto de la inteligencia artificial generativa (IA generativa o GenAI) en los sistemas educativos europeos, particularmente en los niveles de bachillerato y educación superior.
El estudio de la OCDE se enfoca de manera explícita en Europa y en países miembros con altos niveles de digitalización, capacidades institucionales consolidadas y marcos regulatorios relativamente avanzados. Este énfasis es clave, porque evita generalizaciones apresuradas sobre contextos donde las condiciones estructurales son radicalmente distintas. Aun dentro de Europa, el informe documenta profundas asimetrías entre países, instituciones y grupos de estudiantes, lo que refuerza la idea de que la adopción de la IA generativa no será homogénea ni exenta de tensiones.
Uno de los hallazgos centrales es la velocidad de adopción de estas tecnologías por parte del estudiantado. A nivel global, alrededor del 10 % de la población adulta utiliza herramientas de IA generativa, pero este uso se concentra mayoritariamente en países de altos ingresos, que representan cerca del 60 % del total. En este ecosistema, los agentes interactivos basados en IA (chatbots), dominan la interacción con la IA y ChatGPT concentra aproximadamente el 78% del tráfico mundial. Entre 2023 y 2024, el número de usuarios únicos de esta herramienta creció cerca de 42%, una tasa excepcionalmente alta para una tecnología de uso general.
En el ámbito educativo hay un proceso de franca expansión pues el porcentaje de estudiantes que utilizan IA generativa pasó de niveles cercanos al 30 % en 2023 a alrededor del 68 % en 2025. Algunos países, como Estonia reportan que hasta 90% de los estudiantes del nivel medio superior emplean estas herramientas, mientras que en Suiza y los países nórdicos las cifras se sitúan entre 65 % y 75 %.
La IA generativa se ha integrado de manera casi orgánica en las rutinas de estudio, particularmente en universidades privadas europeas donde el acceso a dispositivos, conectividad y plataformas digitales está prácticamente garantizado. Sin embargo, el informe advierte que la adopción masiva no implica necesariamente un uso pedagógicamente deseable. Por el contrario, existe el riesgo de que la GenAI se convierta en una tecnología de sustitución cognitiva, más que en una herramienta de apoyo al aprendizaje.
Los usos principales que se le dan a la IA generativa a nivel superior, se muestran en la Figura 1. En Europa, 56 % de los estudiantes la utiliza para la búsqueda de información, 42 % para la redacción de ensayos y cerca de 31 % reconoce emplearla para resolver tareas completas. Estas cifras obligan a una reflexión profunda sobre los incentivos que hoy enfrentan los estudiantes y sobre el diseño mismo de las actividades académicas. Cuando las tareas privilegian el producto final por encima del proceso, la IA generativa se vuelve una solución racional desde el punto de vista del estudiante.

El informe de la OCDE plantea que este fenómeno no debe interpretarse únicamente como un problema de integridad académica, sino como una señal de desajuste entre los objetivos formativos y las estrategias de evaluación. Desde una perspectiva económica, podría decirse que la IA generativa reduce de forma drástica el costo marginal de producir ciertos resultados académicos, lo que obliga a replantear qué es lo que realmente queremos medir cuando evaluamos. Si seguimos evaluando únicamente la capacidad de producir textos o resolver ejercicios estandarizados, la tecnología siempre llevará ventaja. La evidencia presentada por la OCDE para el contexto europeo muestra que la adopción de la inteligencia artificial generativa en la educación superior no es una posibilidad futura, sino una realidad ya instalada en las prácticas cotidianas del estudiantado. La rapidez con la que estas herramientas se han incorporado al quehacer académico contrasta, sin embargo, con la lentitud de las transformaciones pedagógicas e institucionales necesarias para conducir su uso hacia aprendizajes significativos. El predominio de aplicaciones orientadas a la eficiencia y al ahorro de tiempo revela una tensión de fondo: mientras la tecnología avanza a gran velocidad, la universidad sigue evaluando, en muchos casos, resultados y no procesos.
Para las universidades europeas —y de manera particular para las instituciones privadas— este escenario obliga a una reflexión profunda sobre el sentido de la formación universitaria. No se trata de prohibir ni de aceptar acríticamente la IA generativa, sino de redefinir qué significa aprender, evaluar y formar profesionales en un entorno donde el acceso al conocimiento es inmediato y mediado por algoritmos. La primera gran lección que deja el informe es clara: sin un rediseño exprofeso de las prácticas docentes y de evaluación, la IA generativa corre el riesgo de convertirse no en una aliada del aprendizaje, sino en un atajo que debilite la formación intelectual que la universidad está llamada a garantizar.
Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericanas, CDMX
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
La autora es profesora-investigadora del Departamento de Economía.