
(Primera parte)
De repente, saltan a la vista y se multiplican, en especial en zonas petroleras: mecheros ardientes, abrasadores. Más visibles desde las alturas y de noche, aunque su fuego tampoco cesa de día. ¿Quién, en un sobrevuelo o aterrizaje próximo, no los ha visto reproducirse, lo mismo por mar y por tierra?...
Son quemas de gas asociado al petróleo: en términos coloquiales, el desperdicio de este combustible fósil, con un impacto no sólo industrial y económico, sino también en la salud ambiental, social y humana. Se trata de una práctica -también conocida como flaring- desatendida por las autoridades del país, pero más usual de lo imaginado.
Según el último informe sobre esta problemática en el mundo, publicado por el Banco Mundial apenas en julio del año pasado, en 2024 México fue el país con mayor aumento en la quema de gas en relación al año inmediato anterior, y considerando a la vez su declive en la producción petrolera: un crecimiento del 10 por ciento.
“En 2024, los volúmenes de quema de gas en México aumentaron más de 4 por ciento, mientras que la producción de petróleo disminuyó más de 5 por ciento, lo que combinado resultó en un incremento del 10 por ciento en la intensidad de quema. Este fue el mayor crecimiento anual entre los países con más incidencia”, señaló el reporte.
Nuestro país se ha mantenido en los últimos años en los lugares ocho o nueve en la lista de naciones con mayor quema, sólo superado por Rusia, Irán, Irak, Estados Unidos, Venezuela, Argelia, Nigeria y Libia. Estos países, en conjunto, son responsables del 76 por ciento de este desecho catastrófico, aunque sumados sólo producen el 47 por ciento del petróleo extraído en todo el orbe.
“Cuando perforas el subsuelo hay petróleo mezclado con lo que se llama gas asociado, los debes separar, pero como en México no tenemos cómo comprimirlo y mandarlo al sistema de transporte de gas, todo se está quemando”, explicó Marco Antonio de la Peña, quien fue abogado general de Pemex y hoy coordina la Comisión de Energía del Colegio de Abogados de México.
“Se debe quemar porque si no revienta, por sus características flamables; es desaprovechar los recursos, cuando en muchos países se conduce hacia ductos y se utiliza junto con vapor para producir energía eléctrica, pero se requiere planeación e inversión”.
QUIMERAS. El tema resurgió tras la declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum en la mañanera del pasado 18 de febrero, cuando reveló la dependencia mexicana al gas producido en Estados Unidos, en específico en Texas: el 75 por ciento de nuestro consumo proviene de allá, dijo.
“¿Qué hacemos con el gas? Se está trabajando en dos áreas: la primera es el gas convencional, de los pozos normales. ¿Cómo extraemos más?, ¿dónde hay? Y la otra es un grupo de trabajo de expertos para ver si es factible el gas no convencional con reciclaje de agua, el uso de otros químicos, otras formas que no tengan los impactos ambientales que hoy tiene la fractura hidráulica”, apuntó, dejando la puerta entreabierta al llamado “fracking”, técnica mediante la cual, para perforar pozos y fracturar las formaciones rocosas con petróleo y gas, debe inyectarse a presión una gran cantidad de agua, cuya combinación con diversas sustancias químicas deriva en contaminación y derroche a gran escala del líquido vital.
“Todo el gas que importamos de Texas viene de fractura hidráulica -prosiguió la mandataria-. Y hay una cosa muy importante: la soberanía. ¿Cómo hacemos para producir más gas en nuestro país al mismo tiempo que aumentamos las fuentes renovables?”.
CONTRADICCIÓN. ¿Por qué en un país con gran demanda de gas y dependencia de las importaciones se queman altos niveles de este combustible, en perjuicio del medio ambiente y las comunidades?...
En 2015 el propio Banco Mundial lanzó la iniciativa “Cero quema rutinaria de gas para 2030” (ZRF, por sus siglas en inglés), a la cual México se sumó un año después. Sin embargo, en medio de la indiferencia y burocracia eternas, la carta formal de adhesión fue firmada por Pemex hasta abril de 2025. El proyecto busca reducir las emisiones de metano y gases de efecto invernadero, así como eliminar esta práctica a más tardar en 2030.
De acuerdo con el último informe de la ZRF, elaborado en julio de 2025 con base en los datos proporcionados por los propios gobiernos suscritos y mediciones satelitales, México ha quemado por lo menos 40 mil millones de metros cúbicos de gas asociado entre 2016 y 2024, un promedio de 4 mil 500 al año, lo cual ha representado entre el 8 y el 12 por ciento de su creciente e imparable importación.
Un ejemplo: en 2024, último año con estadísticas registradas, nuestro país importó 66 mil 479 millones de metros cúbicos de gas y quemó 5 mil 725 millones, casi 9 por ciento de lo comprado en el extranjero.
La cifra podría ser aún mayor, porque en ese 2024 México no reportó de manera oficial su volumen de quema, el cual se calculó con base en datos satelitales de La Asociación Global para la Reducción de Quema de Gas y Metano (GFMR, por sus siglas en inglés, y operadora de la ZRF), la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos y el Instituto Payne, un centro de investigación de la Escuela de Minas de Colorado.
El informe 2025 del Banco Mundial ya referido atribuye el repunte de la quema en México a “interrupciones en los procesos y continuos trabajos de mantenimiento” en los campos petroleros marítimos de Cantarell, en la Sonda de Campeche, y en los campos terrestres de Ixachi (Veracruz), Quesqui y Costero (ambos en Tabasco).
Aunque México, señala el documento, se ha comprometido de palabra a la reducción de la quema, “no cuenta con objetivos específicos ni ha desarrollado hojas de ruta claras. Su falta de mediciones precisas y transparentes genera lagunas de datos que dificultan el plan de mitigación, el acceso a financiamiento y aplicación de la normativa”.
“Sus volúmenes de quema a menudo se siguen estimando de forma inadecuada. Sin información clara de dónde y cuánto gas se quema, los esfuerzos son insuficientes. Estos vacíos limitan el acceso a concesiones y financiamiento comercial y climático, que depende de referencias verificables. Una medición adecuada facilitaría la aplicación de normas y permitiría al gobierno imponer impuestos o sanciones sobre el número real de gas quemado”.
NECESIDADES. Conforme a datos de la Academia de Derecho Energético (AMDE), sólo se logra recuperar menos del 20 por ciento del gas asociado al petróleo.
“Estamos importando 75 u 80 por ciento del gas natural que necesitamos, pero hay épocas críticas de consumo en las cuales sobrepasamos el 90 por ciento, y es porque Pemex no se ha reconfigurado y en los pozos de explotación carece de la capacidad para captar el petrolífero, entonces se está quemando o venteando, que es peor, porque el gas se envía directamente a la atmósfera”, describe Carlos Martínez Sámano, consultor en el ramo y vicepresidente de la AMDE.
-¿Qué se requeriría para aprovecharlo? -se le cuestionó.
-Contar con la infraestructura necesaria para captarlo en los campos de producción, limpiarlo, usar odorizante (compuesto químico) para detectarlo y meterlo a los ductos, sólo así podría almacenarse o llevarlo a las redes de transporte o distribución, porque estamos perdiendo mucho gas.
Y hay una combinación todavía más letal y devastadora: el golpe a la salud y las balas…
EL DATO
La proporción de quema total de gas en los nueve países con mayor incidencia, entre ellos México, ha aumentado 65 por ciento de 2012 a 2024, mientras en otros 70 países monitoreados disminuyó en promedio 11 por ciento en el mismo lapso.
MAYORES AUMENTOS DE QUEMA DE 2023 A 2024
México: 10%
Nigeria: 8%
Rusia: 4%
Estados Unidos: 4%
Argelia: 2%
Fuente: Banco Mundial, con datos de NOAA e Instituto Payne, de EU.
AUMENTO EN LAS IMPORTACIONES DE GAS
2025: 286 millones de metros cúbicos diarios
2024: 182 millones de metros cúbicos diarios
2023: 170 millones de metros cúbicos diarios
2022: 160.9 millones de metros cúbicos diarios
Fuente: Administración de Información Energética (EIA) de EU