Opinión

El estado de ánimo en mis colegas americanos

Hace algunos días fui al congreso americano de fisiología en la ciudad de Baltimore, en Maryland. Esta reunión de investigadores y profesores interesados en la investigación experimental en fisiología ocurrió durante muchos años como parte del “Experimental Biology”, que es una federación que conjunta a diversas asociaciones de investigación, conocida como FASEB (Federation of the American Societies of Experimental Biology). La primera vez que asistí fue en el año 2000 y desde entonces lo he hecho cada año. Con el tiempo, estas sociedades crecieron y sus congresos ahora son por separado. La de fisiología decidió hacerlo a partir del 2023.

Nunca había presenciado el nivel tan bajo de ánimo como el que me encontré en esta ocasión. La gran mayoría de los colegas investigadores que son parte de esta sociedad dependen de una u otra forma del presupuesto para la investigación científica en biomedicina del National Institute of Health (NIH) que ahora está ante una amenaza terrible, junto con muchos otros fondos del gobierno de ese país que se han puesto en pausa y enfrentan la posibilidad de grandes recortes o, inclusive, de desaparecer.

El NIH es uno de los inventos más importantes que generó el gobierno de los Estados Unidos después de las guerras mundiales, que le dieron a ese país una hegemonía en la investigación biomédica y, por lo tanto, en el avance de la medicina que es, por razones obvias, uno de los aspectos más importantes en la vida de todas las personas. El presupuesto del NIH financia no solo la investigación que se lleva a cabo en múltiples universidades y hospitales de nuestro vecino país, sino el salario del cual dependen millones de personas que directamente hacen la investigación (investigadores, técnicos, fellows) y de otros tantos, indirectamente relacionados, como, por ejemplo, toda la industria que genera los insumos para investigación.

Gracias a la inversión hecha por el NIH, es enorme el número de enfermedades que dejaron de ser mortales. Desde una simple neumonía adquirida en la comunidad, pasando por infecciones como la sífilis o por el virus de inmunodeficiencia humana, así como diversidad de cánceres. Así mismo, la mejora en la esperanza y calidad de vida en enfermedades crónicas no transmisibles para las que ahora existen diversidad de tratamientos.

La amenaza ante la que está en este momento el sistema médico y de investigación en los Estados Unidos tendrá un efecto negativo no solo en nosotros, sino también en las generaciones venideras. Lo que más preocupa es que miles de personas pierdan el interés por la ciencia y decidan dedicarse a otra disciplina, lo que traerá como consecuencia una brecha en la enseñanza de la ciencia. Muchos laboratorios podrían dejar de existir y mentes brillantes que estaban destinadas a hacer descubrimientos que afectarían el curso de diversas enfermedades, quizá decidan cambiar de rumbo.

Está en juego la salud no solo de los que ya estamos en el planeta, sino la de muchos que aún están por venir y que, cuando ya estén aquí y se enfermen, la cura que debía de haber existido para su enfermedad no va a estar todavía disponible. Por ejemplo, los xenotrasplantes son una promesa, pero se requiere de mucha investigación para que se conviertan en realidad cotidiana.

Mis colegas americanos cuestionaban: ¿cómo es posible que algo tan importante y con tan grandes consecuencias dependa de los caprichos de una sola persona? A lo que yo solo les podía responder: que te puedo yo contar.

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